La constitución, el Dalai-Lama y la diversidad cultural

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Que la moral es un elemento en claro retroceso dentro de los valores sociales capitalistas es un hecho que no admite la menor discusión. Que el sentido común es, cada vez más, el menos común de los sentidos, lamentablemente es algo también irrefutable. Triste pero cierto.

Para desgracia de la humanidad en su conjunto, en la civilización occidental actual los gobiernos son meros elementos decorativos al servicio de los intereses político-económicos de un estado cualquiera, y no del pueblo al que dicen representar, ni de la diversidad cultural que están obligados a garantizar.

La reciente quinta visita del Dalai-lama a nuestro país, puso una vez más de manifiesto todas estas penosas actitudes contemporáneas.

El Dalai-lama (hombre respetable, respetuoso y admirable donde los haya), se encontró en su llegada a territorio español, la “agradable” sorpresa de no ser recibido por ninguna autoridad oficial, debiéndose conformar con el caluroso recibimiento que le dispensaron sus fieles seguidores. Las presiones recibidas en el gobierno por parte de la embajada china, consiguieron su objetivo y finalmente no hubo ningún tipo de acto que oficializara la visita de tan grandioso señor a nuestro estado.

El Dalai-lama, al margen de ser la principal autoridad religiosa del budismo tibetano(doctrina que cuenta con gran cantidad de seguidores en nuestro país), es la cabeza visible del gobierno tibetano en el exilio, y como tal defiende a través de la no violencia, el derecho del Tibet a decidir libremente su futuro allá por donde quiera que vaya. Esto incomoda sobremanera al gobierno de Pekín, que trata por todos los medios de poner cerco a la influencia que el “Buda viviente” pueda tener en las conciencias políticas de los diversos estados existentes, presionando incluso para que le sea vetada su presencia en el territorio nacional en cuestión.

Pero aunque la actitud en materia política del gobierno ante la visita de tan grandioso personaje es discutible, al fin y al cabo el Dalai-Lama no deja de ser el representante diplomático de un pueblo que al día de hoy carece de estado propio, y por tanto no existe ninguna obligación democrático-constitucional que exija a nuestro gobierno otorgarle un recibimiento oficial como si de un jefe de estado se tratase. El problema constitucional surge cuando enfocamos el tema desde una perspectiva meramente religiosa. Como ya he dicho, el Dalai-Lama es considerado por el budismo tibetano como la cabeza visible de su iglesia, y por tanto como la máxima representación religiosa de su dogma. Según lo expuesto en la carta constitucional española, el estado español se declara abiertamente como un estado aconfesional y laico. Esto quiere decir, que ante los ojos de la ley el total de doctrinas religiosas procesadas en el conjunto de los territorios nacionales han de tener los mismos derechos, sin establecer diferenciación alguna entre ellas, y mucho menos sin otorgar un trato beneficioso para alguna de ellas, por muy mayoritaria que esta pueda ser.

Recientemente ya pudimos asistir a una reforma en la enseñanza que otorga a la asignatura de religión católica una importancia desmesurada en el expediente académico del alumno. Pues bien, si hacemos una comparación entre el trato dispensado por el gobierno español a la visita a nuestro país de la máxima representación de la iglesia católica (el papa), y el dispensado ante la mencionada visita del Dalai-Lama (máxima autoridad religiosa del budismo tibetano), cuando menos podemos vislumbrar serias dudas en el cumplimiento real de la a confesionalidad y laicidad constitucional del estado. Mientras que el Papa fue recibido con todos los honores, el Dalai-Lama fue relegado al olvido y el desprecio por parte de las autoridades. Probablemente la justificación oficial a este echo discriminatorio, venga dada de la mano del status que el papa tiene en el ámbito internacional como jefe de estado del Vaticano. Pero aún así, esto no justifica la falta de respeto que el gobierno español ha tenido para con los fieles de la religión budista que residen en nuestro país. Considero que si realmente aspiramos a construir un verdadero estado de derecho, sujeto a la legalidad constitucional, la tolerancia y el respeto de la diversidad cultural y religiosa, actitudes como estas no deberían de tener cabida entre nuestros dirigentes políticos. Con esto no estamos si no demostrando la influencia que al día de hoy la iglesia católica sigue teniendo en los círculos de poder nacionales, un echo que no por ser de sobra conocido, debe ser permitido y tolerado por nuestro sistema judicial, y fundamentalmente por nuestra mentalidad socio-constitucional.

Si de verdad queremos llegar a ser algún día un estado multicultural, es necesario comenzar por el respeto del derecho que tienen todas y cada una de las culturas y religiones que coexisten de punta a punta del territorio nacional, a ser tratadas en igualdad gubernamental. De lo contrario solo estaremos fomentando la intolerancia y la confrontación cultural.

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