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- 18. Noviembre 2008: Diálogo con un borracho popular
- 1. Noviembre 2008: El cuento de la lechera
- 21. Octubre 2008: Análisis dialéctico del consumismo-capitalismo en tanto que causante de crisis de sentido y otros males espirituales en los individuos de la sociedad actual
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- 5. Octubre 2008: ¿Democracia es igual a Capitalismo? El papel de los Medios de comunicación de masas
- 5. Octubre 2008: Hacia una República Socialista (del siglo XXI) en Andalucía
- 5. Octubre 2008: Chávez quebranta la lucha por los Desechos Humanos
- 5. Octubre 2008: Medios manipuladores, periodistas indignos
- 5. Octubre 2008: Sistema de enseñanza y familia: Dos caminos paralelos para la perpetuación del sagrado sistema consumista-capitalista
- 5. Octubre 2008: La diferencia entre viajar en avión o hacerlo en cayuco hacia Canarias y otros puntos del estado español
Diálogo con un borracho popular
18. Noviembre 2008 por admin.
Nunca olvidaré la mirada de aquel hombre, de cara avinagrada y sonrisa codiciosa, que un buen día me crucé en la calle, por una de esas extrañas jugadas del destino. ¡Mírame a los ojos, te aseguro que en Iraq hay armas de destrucción masiva!, me dijo. Aquella frase me dejó profundamente intrigado, tanto que no dudé en sentarme a conversar un rato con él, pues era evidente que un oscuro mundo psicótico se escondía tras aquel rostro de viejo borracho. Un mundo en el cual tal vez mereciera la pena entrar, aunque sólo fuese para comprender hasta que punto la mente humana puede llegar degenerarse cuando la frontera entre la realidad y la ficción autogenerada acaba completamente por derrumbarse.
Le creo, le creo, le contesté, y, agradado por la confianza que le estaba mostrando, aquel borracho no dudó en abrirse ante mí, al punto de que comenzó a contarme algunas de sus viejas batallas vitales. Cuesta saber cuáles eran fruto de la verdad, y cuáles fruto de su acentuada esquizofrenia, pero sin duda valía la pena malgastar algunos minutos de mi valioso tiempo para escuchar las cosas que aquel hombre completamente ebrio quería relatarme.
Me contó que había nacido en una familia acomodada allá por los años 50, y que de pequeño había sido educado en un colegio religioso sólo apto para unas pocas élites de la época. Al parecer, ya desde muy joven comenzó a sentir cierta inclinación por la política, tanto que a los 16 años había publicado un artículo en no se qué revista auto-declarándose falangista. También me dijo que en alguna ocasión había asistido vestido con su camisa de falangista al colegio en el cual tomaba sus clases. Sinceramente, todo aquello me aburría sobremanera, así que decidí apretarle un poco las tuercas para ver si aquella conversación podía dar un poco más de sí. ¿Y qué opina usted de España? Le pregunté.
¡Ah España! Es un país corrompido por los rojos y el separatismo, es un país que continuamente corre riesgos de desintegración y balcanización, riesgos de volver históricamente a las andadas, no es un país actualmente para gente culta e instruida como yo, me contestó.
Lo sorprendente es que, una vez me decía estas cosas, su acento denotaba un extraño tono que resultaba bastante curioso, un tono como el que suelen emplear aquellos extranjeros de habla inglesa que comienzan a chapurrear algunas palabras del castellano. Aquel hombre, que me había confirmado ser español de nacimiento, me hablaba en su propia lengua con el acento de un guiri cualquiera de la playa de Benidorm. ¡Será cosa del alcohol!, pensé. Y el caso es que segundos antes había sido él mismo quien se había presentado como políglota.
Acto seguido comenzó a explicarme algunas anécdotas de la historia de España. Es muy interesante ver que mucha gente en el mundo islámico reclama que el Papa pida perdón por haber acusado al Islam de ser una religión violenta, pero no oigo a ningún musulmán que me pida perdón por conquistar España y estar aquí ocho siglos, me dijo. Y no pienses que esto que te cuento es un tema baladí, no pienses que todo esto no tiene ninguna repercusión en la actualidad, porque sí la tiene, y mucha, prosiguió. El problema con Al Qaeda en España, por ejemplo, no empezó con la crisis iraquí, sino que viene desde que España rechazó ser un trozo más del mundo islámico cuando fue conquistada por los moros. ¡Es por eso que España está y estará siempre en el punto de mira de los terroristas islámicos! Claro, que esto hace que luego ocurran cosas, por ejemplo, como que los de la ETA cometan el atentado más grande la historia de España, y los españoles van y se empeñan en culpar a Al Qaeda de la matanza, pero ya le digo yo que los que realizaron el 11-M no están en desiertos remotos, ni en montañas lejanas. Pero, a pesar de esto que le digo, no nos dejemos engañar, no hay peor amenaza que los islamistas. El terrorismo islamista es una amenaza existencial, y con esta gentuza el apaciguamiento nunca funciona, hay que tener mano dura, hay que llamar a las cosas por su nombre: los islamistas son el mayor peligro del mundo.
Y así fue soltando, una tras otra, toda una serie de apreciaciones que sin duda alguna dejaban ver que aquel hombre no sentía por el mundo islámico un amor profundo precisamente. El tema me interesaba, y no podía dejar pasar la oportunidad de investigar un poco más en todo aquello.
Veo que los musulmanes no parecen ser muy de su agrado, le espeté, esperando que con aquel comentario el viejo borracho se soltase definitivamente la coleta y me hablase sin tapujos del tema.
¿Los musulmanes?, ¿y cómo me van a agradar los moros? Ya le digo que aún no nos han pedido perdón por haber invadido durante 8 siglos mi querida España. ¿Pero qué se puede esperar de una raza que no es capaz de apreciar las bondades del vino?, me preguntaba irónicamente mientras reía a carcajadas. Además, supongo que no hace falta que le diga que la civilización occidental ha demostrado sobradamente ser superior a cualquiera de las otras habidas y por haber. Yo creo en Occidente, nuestra civilización, que es mejor que las otras y estoy dispuesto a defenderla, ¡Hemos de recuperar los valores cristianos!Supongo entonces que no estará usted a favor de la alianza de civilizaciones, ¿no? Volví a preguntarle para ver hasta que punto el viejo borracho estaba convencido de lo que hablaba.
¿Alianza de civilizaciones? ¡Pero qué cuento es ese!, respondió. El multiculturalismo divide y debilita a las sociedades, no favorece la tolerancia ni la integración y es probablemente el problema más complicado de España y de Europa en la actualidad. Yo no creo en la alianza de civilizaciones, no puedo creer en milongas de ese tipo que la historia ha demostrado que no sirven para nada, yo creo en la superioridad moral de la civilización occidental, creo, por tanto, en la alianza de los civilizados. En eso creo.
Tras decir esto, el hombre volvió a dar un trago a su cartón de vino, y mirándome fijamente a los ojos volvió a decirme: ¡Créame, en Iraq hay armas de destrucción masiva! Ahí ya comprendí que era precisamente ese uno de los temas que más le perturbaban la consciencia.
Ya le digo que le creo, le creo, aunque todas las evidencias e investigaciones posteriores a la invasión no han sido capaces de demostrarlo, pero yo lo creo. Le contesté nuevamente por miedo a perder su confianza y que aquel hombre dejase de hablarme.
¡Perdone, no me haga caso, hay veces en que digo cosas que no pienso realmente, me sale de dentro!, me dijo entonces con cierto tono de arrepentimiento.
Evidentemente eran claras manifestaciones de su esquizofrenia, pero yo quise pasar por alto el asunto y continuar con la charla. ¿Y qué opina usted de Iraq entonces?, agregué acto seguido para tratar de aprovechar aquel pequeño momento de lucidez que parecía haber tenido.
¡Pues que le voy a decir, lo que todo el mundo sabe!, Que la situación en Iraq es muy positiva. Es cierto que no todos los problemas están resueltos, pero la vida de los iraquís es más fácil que con Sadam. Pueden participar en elecciones, hablar libremente. Existe libertad, la posibilidad de establecer una democracia, mayor seguridad, ¿qué más quieren? La intervención era necesaria, había razones fundadas que demostraban que Iraq era una amenaza para la paz y la seguridad internacional, no quedaba más remedio, por el bien de la humanidad, que realizar aquella invasión. Y aunque algunos trataron de hacernos creer lo contrario, el tiempo se ha encargado de demostrar que aquello era necesario. Pero en fin, para que usted vea como son las cosas, también hoy en día hay quienes dicen que el calentamiento global y el cambio climático son consecuencia de la acción del hombre, y no por eso les hacemos caso ¿no? Créame, no podemos hacer caso de las majaderías que se le ocurran a cualquier chiflado.
Ah bien, por lo que veo, entonces, es usted de la opinión del señor Bush de que la guerra de Iraq es justa, noble y necesaria, volví a preguntarle. En ese momento pude observar como aquellos ojos empapados de alcohol se iluminaban como estrellas fugaces.
¡Por supuesto, por supuesto!, ¿cómo no voy a estar yo de acuerdo con las palabras de ese gran hombre? Bush ha sido el mejor líder que ha dado la humanidad desde que Pinochet dejase el cargo de presidente, y uno de los mejores de toda la historia política de la humanidad. Desde que él llegó al poder en los Estados Unidos vivimos en un mundo mucho más libre, su política ha sido todo un acierto, él ha contribuido intensamente en defensa de la causa de la libertad, su visión y su determinación han sido fundamentales, ahora se puede votar en países en los que antes era imposible, hay menos dictadores y menos gobiernos que colaboran con los terroristas . Y no debemos olvidar que nuestra seguridad, nuestra democracia y nuestra prosperidad dependen de Estados Unidos . Eso sí, con la buena forma física que tengo yo, dudo mucho que el señor Bush pudiera ganarme en una carrera, acabó por decir entre intensas carcajadas mientras daba el último trago a su moribundo cartón de vino.
En este momento me salió la vena más izquierdista que llevo dentro y ya no pude aguantar más. Enfadado a más no poder me levanté de un salto y le dije: si tan libre es el mundo de hoy, ¿por qué no coge usted a su familia y se va a vivir a uno de esos maravillosos paraísos de la libertad y la democracia que nos ha dejado el señor Bush para la posteridad? Automáticamente el hombre cambio su rostro y su enfado se hizo patente. Pero ya no pude contenerme. ¡Hágame el favor señor mío, coja usted a su mujer e hijos y váyase de una vez a vivir a uno de esos maravillosos lugares!, pero, eso sí, ¡no se vaya usted sin sus pastillas, que le hará falta tomárselas!
Para mi sorpresa aquello último que le dije fue lo que más le ofendió de todo, mucho más incluso que mi invitación a marcharse a vivir a tierras afganas o iraquís.
¡Oiga, yo no sé quién se ha creído que es usted!, ¡pero a mí nadie me dice que es lo que tengo o no tengo que hacer!, ¡yo soy un liberal y hago lo que me dé la gana!, terminó por decirme mientras se marchaba dando tumbos de un lado para otro de la calle.
Y aquí terminó nuestra charla, yo me fui convencido de que haber escuchado a aquel hombre me había servido para reconocer cuales son los peligros de beber demasiado vino en horas de trabajo, pero estoy seguro de que a él todo aquello no le había causado el menor impacto, no siendo más que una de las muchas conversaciones que su evidente esquizofrenia paranoide le hacían tener, de cuando en cuando, con cualquiera que se acerque a su lado. Una más entre muchas.
Ah, por cierto, me he olvidado comentar que este hombre también me dijo que tiempo atrás llegó a ser presidente del gobierno, pero, sinceramente, aquello me costó mucho trabajo creerlo. Todos sabemos de buena tinta que el sistema sanitario español no tiene entre sus prioridades el cuidado de la salud mental de sus ciudadanos, pero de ahí a creer que millones de personas pudieran haber votado a un personaje de semejante calaña, va un trecho. Aunque supongo que eso ustedes mismos ya lo habrían dado por supuesto. ¿O no?
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El cuento de la lechera
1. Noviembre 2008 por admin.
Se acordarán ustedes de aquella fábula que nos contaban de pequeños nuestras madres, y que tantas veces habremos recordado después en diversas circunstancias de la vida cotidiana de cada cual. Aquel cuento que empezaba así: “Iba alegre la lechera camino del mercado. Con paso vivo, sencilla y graciosa, sostenía sobre su cabeza un cántaro lleno de leche…”, y que, tras una serie de especulaciones mentales de ventas y reventas de diversos productos, conseguidos los unos tras los otros por obra y gracia del valor añadido que la avispada lechera sumaba a su cuenta de beneficios con cada nueva transacción, acababa de la siguiente manera: “Al dar el salto, cayó de su cabeza el cántaro que se rompió en mil pedazos. La pobre lechera miró desolada cómo la tierra tragaba el blanco líquido. Ya no había leche, ni habría pollos, ni cerdo, ni vaca, ni ternero. Todas sus ilusiones se habían perdido para siempre, junto con el cántaro roto y la leche derramada en el camino.”
Digo que se acordarán de la fábula porque, hoy más que nunca, el cuento parece que ha comenzado a hacerse realidad. A ver si ustedes lo comprenden mejor así: “Iba alegre el capitalismo camino del libre mercado. Con paso vivo, sencillo y gracioso, sostenía sobre su cabeza un sistema financiero y monetario lleno de créditos…”.
Efectivamente, ya lo han adivinado, si algo se ha puesto de manifiesto con la actual crisis económico-financiera en la que viven abocados la práctica totalidad de los países capitalistas del mundo (especialmente aquellos que se creían más invulnerables), es precisamente eso: que el capitalismo es el cuento de la lechera, y que, dentro de tal cuento, el crédito, las deudas, son como la leche que llena el tarro originario, y que, a base de ventas y reventas de los productos monetarios y financieros generados a partir de ello, van engordando especulativamente el sistema económico en su conjunto, hasta que el tarro se rompe, la leche se derrama, y los sueños del sistema se comienzan a esfumar a pasos agigantados.
Ya decía Marx hace más de 100 años aquello de: “los capitalistas harán todo lo posible para ganar dinero sin necesidad de tener que pasar por el turbulento proceso de la producción”. Como en tantas y tantas cosas, hoy, casi siglo y medio después, se demuestra cuan razón tenía este hombre. Ya no sólo fue capaz de predecir las famosas crisis periódicas del capitalismo sino que, incluso, fue capaz de predecir los motivos económicos-financieros por los cuales se iban a producir tales crisis.
La clave de todo esto es, en pocas palabras, la dependencia absoluta que todo el sistema financiero y monetario capitalista tiene del crédito. Es el crédito, y sólo el crédito, lo que hace funcionar la economía monetaria y financiera capitalista, sin crédito no hay nada, ni dinero, ni finanzas, ni nada. Es el crédito lo que fundamenta tanto la creación de dinero (vía Bancos centrales y comerciales), como el funcionamiento global del sistema (vía flujos ahorros-devoluciones-intereses). Es el crédito, por tanto, el elemento clave en la creación virtual de riqueza para el sistema. El resultado: que más del 90% del dinero que circula en el ámbito financiero y monetario no tiene respaldo alguno en la economía real, en el sistema productivo. Que es, dicho en plata, papel mojado que se compra y se vende, se cede y se traspasa.
Ahora los analistas capitalistas nos hablan de confianza. Nos dicen que todo el sistema financiero está fundamentado en el principio de la confianza. La primera confianza, por supuesto, la que hay entre el ahorrador que ingresa el dinero en una cuenta y el banco al que se lo deja en ahorro, un banco que, como todos los bancos, llegado el caso, no tendría dinero real para hacerse cargo de la confianza depositada en él por el ahorrador (¡pues menuda confianza es esa, se podrá añadir!). Ya se sabe aquello de que si todo el mundo que tiene dinero en un determinado banco fuese a una misma vez a sacar tal dinero, sería un colapso, una catástrofe, pues el banco no podría hacer frente a tales peticiones. Lo que igual no se sabe es que no haría falta tanto, que no haría falta que todo el mundo que tenga dinero en cualquier banco del mundo fuese a una misma vez a sacar su dinero, sino que, simplemente, con que las personas que tienen el 10% del dinero que hay en las cuentas de los diferentes bancos, sólo con estas personas se pusiesen de acuerdo para sacar de una vez su dinero (el 10% del total que manejan los bancos), todo el sistema colapsaría, se vendría abajo como un castillo de naipes. Es lo que tiene operar con dinero virtual, creado de la nada a través del crédito.
Aún así, el primer paso necesario para poner en juego todo el entramado monetario y financiero capitalista es el ahorro, un ahorro que cuando está respaldado por la existencia de una determinada actividad económico-productiva real, es, como se verá, la única base realmente existente que hay en todo el sistema económico. Pues bien, supongamos una persona que ha generado 1.000 euros en el campo de la economía real-productiva, y lleva esos 1.000 euros al banco, para ahorrarlos. A partir de ahí ocurre que el banco tiene la capacidad de operar con ese dinero, ponerlo a circular. Supongamos, por ejemplo, que de esos 1000 euros el banco presta 900 a otro ciudadano. Ocurre entonces que el banco, aunque en realidad tan sólo cuenta con el respaldo real de esos 1000 euros originales, ya cuenta en sus operaciones con 1900 euros, de los cuales 900 no son dinero real con el que cuente verdaderamente el banco, sino dinero que se supedita a la devolución del crédito por parte del que lo ha recibido, en una cadena que se perpetúa constantemente (pues el dinero prestado y puesto en funcionamiento, por una u otra vía, vuelve a los bancos en forma de ingreso-ahorro, renovando el proceso), pero que a cada nuevo paso va haciendo que el sistema financiero sea más ficticio y tengo menos respaldo real por la base productiva de la sociedad.
Ocurre además, que los bancos centrales, una vez los bancos comerciales han concedido una cantidad tal de créditos, se ven capacitados para comprar la deuda de tales bancos, emitiendo nuevo dinero (según se genera por los intereses que el banco cobrará al ciudadano en cuestión). A raíz de tal mecanismo, los bancos comerciales se ven capacitados para generar, por vía de nuevos créditos, cantidades cada vez mayores de dinero. De los 1000 euros nombrados con anterioridad provenientes del ahorro, según el coeficiente de caja que se aplique en cada caso, los bancos comerciales podrán prestar cierta cantidad de tal dinero ahorrado. Supongamos, por seguir con el ejemplo anterior, que una persona ingresa 1000 euros en un determinado banco, y que se aplica un coeficiente de caja del 10%, lo cual equivale a que el banco en cuestión tendrá la capacidad de prestar el 90% restante del dinero ahorrado, es decir, los mencionados 900 euros (en realidad el coeficiente de caja que se aplica en mucho menor, en torno al 2%). A partir de ahí los bancos comerciales tienen capacidad para crear nuevo dinero de la nada. Dando por hecho que el dinero circulará por el sistema y que nadie (o casi nadie) lo guardará, como se suele decir, debajo de una baldosa, los 900 euros prestados, como ya dije antes, vuelven nuevamente a posesión del banco emisor inicial o de algún otro banco comercial operativo en el sistema, reiniciando así el ciclo, en el cual ese nuevo banco tendría la capacidad de prestar nuevamente el 90% del dinero (810 euros), y así sucesivamente en progresión geométrica hasta alcanzar los límites que tal progresión determine. Esto quiere decir que, quitando el dinero creado por el banco central en base a la existencia previa de los intereses, hasta un 90% del dinero puesto en funcionamiento sería dinero creado por los bancos comerciales, es decir, dinero “virtual” que no ha sido emitido por el Banco Central en cuestión. Un dinero, por supuesto, sujeto en su valor a la devolución de los créditos emitidos en las diferentes fases del proceso.
Pero ahí no se queda la cosa. Además de esto, los bancos hacen diferentes paquetes con los créditos y los insertan en los mercados financieros internacionales. Es decir, de esos prestamos de 900 euros, suman unos cuantos y los meten en un mismo paquete que es vendido en el mercado financiero. Supongamos, por ejemplo, que el préstamo inicial que ha sido estructurado en el paquete es cobrado a los deudores con un 10% de interés, ahora el banco que hace el paquete añade al precio de la deuda una parte de ese interés (supongamos un 2%), y traspasa los derechos sobre la deuda al nuevo comprador (que gana el 8% de interés todavía), que a su vez vuelve a hacer lo mismo quedándose también con un parte del beneficio generado por el interés, y así sucesivamente hasta que sea posible estirar la cadena. ¿Qué ocurre? Pues que, al final, de la deuda inicial que tiene que ser devuelta por las personas que han recibido los créditos, en base a la venta y reventa de los paquetes, se ha generado un negocio que mueve miles y miles de millones de euros, pero cuya única base real acaba por ser la devolución del dinero por parte de esas personas. Es decir, que mientras ese dinero no sea devuelto, los miles y miles de millones que se han puesto en juego posteriormente entre los diversos agentes que han intervenido en el proceso de venta y reventa, no valen nada, no son nada, pues lo que se vende y revenden son simples papeles, derechos sobre la deuda emitida. Es decir, que al final del proceso que se inicia con el crédito que proviene del ahorro real del ciudadano, hay un mercado financiero en el que circulan un montón de dinero que no existe, que no vale, y que sólo en el momento que la deuda es devuelta adquieren verdaderamente algún valor.
Así que, sumando todas estas cosas, ocurre que en el momento en que las personas de a pie dejan de pagar sus deudas, toda la falsa capitalista se viene abajo, porque todos esos supuestos billones de euros que circulan por el sistema monetario y financiero capitalista, tanto el dinero emitido por los bancos comerciales como el dinero circulante por la cadena financiera, pasan a tener el valor real que siempre han tenido, es decir, nada, cero, ni un euro, papel mojado (lo que siempre fueron en realidad).
Claro, como se puede suponer, en un mundo financiero tan globalizado, ese dinero que no vale nada, que no es nada, está presente en todos los países del mundo, y especialmente está presente en los bancos de inversión, pues son estos bancos los que menos relación tienen con el ahorro real de las personas, y, por tanto, los que están más contaminados por el “papel basura” sin valor alguno que circula por los mercados financieros internacionales. A medida que las operaciones financieras de venta y reventa de deudas se van sucediendo, el nivel de créditos va en aumento, pues las sucesivas operaciones requieren de la oportuna financiación que, a su vez, es una vuelta a empezar con el renovado ciclo del negocio vía emisión de créditos. Pero en el momento en que las deudas originales (las que tienen su base en la economía real-ciudadana) dejan de pagarse, se genera una crisis de liquidez que, a su vez, lleva consigo una crisis de desconfianza interbancaria, y, con ello, aquellos bancos que cuenten entre sus activos con mayores cantidades de este dinero ficticio generado de manera especulativa, irán paulatinamente perdiendo solvencia, encontrando cada vez mayores dificultades para poder financiarse en los mercados financieros internacionales.
Conclusión: toda la cadena depende, en primera y última instancia, del pago de la deuda por parte de los ciudadanos de a pie. A medida que los impagos se vayan generalizando, tanto el valor real del dinero “virtual” que hay puesto en funcionamiento a través del sistema monetario, como los paquetes de deuda estructurada circulantes por el sistema financiero, irán perdiendo valor, tendiendo cada vez más hacia su valor real: nada.
Es por ello que el capitalismo es el cuento de la lechera, porque, como en la fábula, nada ni nadie puede dar garantía plena de que las deudas emitidas por los bancos a los ciudadanos, vayan a pagarse. A poco que la crisis se vaya haciendo más profunda a nivel de la economía real de las personas, el peligro para todo el entramado monetario-financiero irá en aumento, pues una vez estas personas dejen de abonar lo que deben a los bancos, todo el proceso de creación virtual de riqueza que hay montado en torno a ello, tenderá a desaparecer. Como la pescadilla que se muerde la cola, aún el sistema da visos de poder sostenerse algún tiempo más en sus prácticas, pero nadie puede garantizar que, una vez se ha abierto la caja de los truenos con las famosas hipotecas subprime, a no mucho tardar toda la leche que hay en el cántaro acabe por derramarse.
Lo llaman confianza, pero en realidad a nadie se le ocurriría confiar todo su futuro a sueños de grandeza como los que tiene la lechera del cuento. Y, sin embargo, todo el sistema capitalista funciona así. Pero no se engañen, no es confianza, es necesidad: la necesidad que tienen los bancos de conceder el mayor número posible de créditos para generar el mayor número posible de dinero y de riqueza virtual. Los bancos seguirán obligados a “confiar” aun cuando se den las condiciones más nefastas para la emisión de tal “confianza”. Es eso, o el colapso. Es eso, o parar la maquinita que genera la mayor parte de la “riqueza” en el sistema capitalista. En definitiva, es prestar o morir.
Así que la paradoja está servida; los bancos se verán obligados a confiar en la gente, en otros bancos, aun cuando todo haga indicar que tal confianza no podrá ser correspondida. Si no lo hacen todo se paralizará, pero, si lo hacen, como deberán hacerlo por obligación, el peligro real de que la leche se acabe por derramar a borbotones, irá en aumento, pues el peligro real de que los impagos se disparen será cada vez más evidente en un contexto así. Contradicción dialéctica en estado puro.
Veremos que pasa, pero ya se va oliendo más cercano el día en que tengamos que poner fin al cuento: “Al dar créditos cuando era evidente que no podrían ser devueltos, cayó de su cabeza el cántaro que se rompió en mil pedazos. El pobre capitalismo miró desolado cómo la tierra se tragaba todo el dinero ficticio. Ya no había crédito, ni habría inyección de liquidez por los bancos centrales, ni paquetes estructurados, ni financiación internacional, ni planes de rescate. Todas sus ilusiones se habían perdido para siempre, junto con el cántaro roto y los impagos sucedidos en el camino.”
Aunque con ello, hemos de decirlo, después de algún tiempo de desconsuelo (a nadie se le escapa la situación catastrófica en la que quedarían tantas y tantas personas que ahora creen que viven en el mejor de los mundos posibles), lo que renacerían serían las ilusiones de todo un mundo entero, de toda una humanidad en su conjunto. ¿Soluciones a partir de ahí? Pues la única posible, es decir, ajustar la realidad financiera y monetaria a la única y verdadera raíz sobre la que ha de descansar la economía: la producción. Mientras eso no ocurra, el cuento se reproducirá una y otra vez ante nuestras consciencias. Y eso sólo es posible con el socialismo. Váyanse a dormir tranquilos….
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Análisis dialéctico del consumismo-capitalismo en tanto que causante de crisis de sentido y otros males espirituales en los individuos de la sociedad actual
21. Octubre 2008 por admin.
I
En estos días que corren, lamentablemente no resulta demasiado difícil encontrar argumentos para creer, de una manera u otra, que vivimos en una sociedad cada vez más enferma y deshumanizada, por más que el discurso académico y/o mediático generalizado pretenda hacernos creer que los avances científicos y tecnológicos, acaecidos en el mundo de manera desbordante durante últimos siglos, han conducido a occidente a un nivel de bienestar generalizado como nunca antes se pudo ver en la historia. Pero, a poco que dediquemos unos minutos de nuestro tiempo a observar el mundo que nos rodea, los ejemplos para contrastar lo incierto de tal discurso “oficial” fluyen a borbotones en todos los ámbitos de nuestra vida. Pocos son ya los espacios de nuestra cotidianeidad donde no podamos detectar algún síntoma de la decadencia a la que irremediablemente parece abocada nuestra civilización consumista-capitalista. En nuestras propias vivencias en las relaciones familiares e interpersonales, en las noticias trágicas que a diario invaden nuestros medios de comunicación, en el discurrir rutinario por las calles de nuestros pueblos y ciudades, en todos sitios se vislumbran síntomas de una crisis generalizada de valores humanistas que nos conduce de lleno hacia un futuro poco esperanzador. La perdida de valores humanitarios, es decir, la inexistencia de un sentido de lo moral en el quehacer común solidario, es cada vez más una incipiente realidad que nos atropella a todos como un rodillo que no podemos esquivar y que, conducido por no se sabe bien quién o qué, pretende no dejar títere con cabeza. La triste realidad de una vida cada vez más competitiva e individualista, de un mundo cada vez más alejado de utopías emancipadoras, y de una sociedad cada vez más vuelta sobre su propio egocentrismo, se impone sobre nuestras consciencias como un proyecto de vida del cual no podemos, no queremos, o no sabemos escapar.
II
Muchos son los ejemplos concretos que se podrían dar aquí para plasmar tal dinámica degenerativa de lo moral y lo humano, aunque, tal vez, haya un caso que por su propia capacidad simbólica, se pueda imponer sobre todos los demás: el aumento de la depresión infantil en las sociedades capitalistas. Nos dicen los entendidos en medicina que toda enfermedad va acompañada siempre por una serie de síntomas que la hacen detectable de cara tanto al propio afectado como al observador que se acerca hasta él para examinarlo. Nos dicen también que el hecho de tener un determinado síntoma (asociado usualmente con una determinada enfermedad) no siempre es razón suficiente para poder diagnosticar certeramente la presencia de una patología en el cuerpo del enfermo, aunque, bien es cierto, hay síntomas que suelen estar vinculados muy estrechamente con determinadas patologías, tanto que su aparición es prácticamente garantía para un diagnóstico acertado sobre la presencia de la misma. Si en un ejercicio poético aplicamos estos conocimientos de diagnóstico sobre el estado actual de salud de nuestra propia sociedad, analizándola pues como un todo orgánico que requiere de un chequeo para ser controlada su evolución respecto de su estado vital, el aumento de la depresión infantil es, sin duda, uno de esos síntomas que demuestran a todas luces la existencia de una enfermedad degenerativa grave en nuestra sociedad. Una civilización como la nuestra, donde según nos dicen las estadísticas cada día son más los niños que no son felices en su existencia, es con toda seguridad una sociedad enferma. Allí donde el ser humano ha existido, allí siempre ha habido una sonrisa en la boca de los niños, aun cuando estos se hayan tenido que enfrentar a las condiciones vitales más extremas. Resulta significativo, por ejemplo, que actualmente los índices de depresión infantil sean enormemente más elevados en los países del primer mundo que en las naciones subdesarrolladas, donde este trastorno no tiene prácticamente ninguna incidencia. Además, como no podía ser de otra manera, dentro de las naciones más desarrolladas económicamente, el % de niños afectados aumenta según se vaya descendiendo en la jerarquía de las clases sociales, probablemente, según reconocen los propios psicólogos expertos en la materia, porque la sociedad de consumo usualmente crea unas expectativas que luego no pueden realizarse[1] . Es decir, según esto último, la sociedad capitalista proyecta sobre el sujeto un ideal de vida cuya reproducción (y no digamos ya su satisfacción) no está al alcance de todo el mundo, con lo cual el sujeto que no es capaz de reproducir eficientemente el ideal capitalista, acabará por percibir su incapacidad para alcanzar las metas impuestas por el sistema, bien como un fracaso personal, bien como una frustración de sus expectativas vitales, lo que lo convierte, máxime si es un niño, en un ser potencialmente propenso a caer en un estado depresivo agudo, amén de las consecuentes crisis existenciales que esto conlleva. Como decimos, además, este hecho se agrava a medida que se desciende en la escala social.
En el estado español, por ejemplo, en los últimos diez años, según publicaban recientemente algunos diarios, el % de niños afectados por depresión habría aumentado desde un 5 a un 12%, mientras que en estados con una mayor tradición en la sociedad de consumo, como EEUU o Japón, el % rondaría ya entre el 20 y el 25% del total de niños y adolescentes. Datos estos, sin duda, que bien deberían hacernos reflexionar sobre la dinámica social en la que nos vemos envueltos, y el camino que estamos recorriendo entre todos de la mano de la actual sociedad consumista-capitalista, para preguntarnos hasta qué punto estamos dispuestos a permitir que la enfermedad se expanda por las venas y arterias de la sociedad. El origen de la enfermedad, claro está, no es otro que la propia dinámica competitiva y egoísta (de éxito a toda costa) que predica el capitalismo, y que nutre de casi la totalidad de sus contenidos al proceso de socialización en el que van formando su consciencia social e individual nuestros niños y niñas (a través de la educación, la televisión, el cine, la prensa, las presiones familiares, etc.).
III
La cuestión central que se plantea aquí, por tanto, y por raro que pueda parecer a primera vista, no es un asunto monetario o económico, sino una cuestión de sentido de la vida, una problemática existencial que afecta a la vida de los sujetos y sus expectativas de cara a una supervivencia útil y satisfactoria. Si, volviendo con el tema de las enfermedades psicológicas, analizamos los datos de los hombres y mujeres que se ven afectados por algún tipo de patología de la psique en nuestras sociedades, y cuales suelen ser las principales enfermedades que les afectan[2] (depresión, stress, ansiedad, etc.), no es demasiado arriesgado concluir que el principal problema existencial que afecta hoy a nuestros conciudadanos (en el mundo capitalista) es una cuestión de sentido, es decir, un problema no del ámbito de lo material, sino en el ámbito de la existencia cotidiana, de la auto-realización personal, y del cumplimiento con las expectativas fijadas por la sociedad, tanto en el plano laboral, como en el personal. La presión a que la sociedad capitalista somete a sus ciudadanos a través de una serie de exigencias relacionadas con una vida de éxito, los valores estéticos o la realización de las metas sociales y familiares prefijadas, es una carga excesivamente dura de aguantar para millones de ciudadanos que, además, al haber sido incorporadas estas exigencias como una norma de sentido para sus vidas, no tienen otra alternativa existencial a mano a partir de la cual poder mirar hacia adelante, pues tal camino es presentado por el proceso de socialización general como el único viable para alcanzar, dentro de la sociedad capitalista, una existencia que cuente con la aprobación y el reconocimiento generalizado de nuestros conciudadanos. Si, por ha o por b, no eres apto para el sistema, el sistema no sólo te golpea hasta derribarte, sino que, una vez que estás en el suelo, te pisa hasta rematarte, mediante la propia acción social del entorno en el que nos vemos envueltos.
La solución a tales males que asolan la salud general de nuestra sociedad, por ende, pasa irremediablemente por una reestructuración de las propias relaciones sociales y morales en la que se ven inmersas los ciudadanos, por un replanteamiento de aquellas estructuras psico-sociológicas, vinculadas con el modelo ideal de individuo que se vende como exitoso dentro del proceso socializador general, que actualmente andan causando tanto daño en tantas personas. Pero la cuestión que se nos plantea ahora, por la cual debemos iniciar el camino hacia una curación definitiva del enfermo, es saber si, para llevar a cabo tal proceso curativo, podemos encontrar en la actual sociedad consumista-capitalista un aliado o, por el contrario, tenemos en ella misma nuestro principal enemigo. Dicho de otro modo, lo importante ahora es saber si es posible llevar a cabo una reformulación de los valores individuales imperantes (y que se venden por el sistema como el único camino posible para que cada sujeto pueda alcanzar la auto-realización personal y el reconocimiento de sus conciudadanos dentro de la sociedad) dentro del propio marco estructural capitalista o, por el contrario, la curación sólo será posible una vez hayamos conseguido superar tal marco de actuación económica, política y social.
IV
Trataremos ahora de dar una respuesta a esta incógnita aplicando para ello el marco científico que nos proporciona el materialismo histórico marxista. Según este marco, como ya deberán saber ustedes, las ideas de los hombres están estrechamente ligadas a las condiciones materiales de cada ser humano, especialmente al trabajo que realiza el hombre dentro de la sociedad y al lugar que ocupa dentro de la misma. La primera idea que cabe destacar, por tanto, es aquella que nos dice que la estructura económica es la base real de la sociedad, el fundamento material básico en torno al cual giran el resto de estructuras, materiales o ideológicas, presentes en la realidad sociológica. El sistema económico genera pues unas relaciones sociales determinadas, que respaldan al sistema que las creó. Economía y sociedad están profundamente entrelazadas. De la infraestructura económica nace y se desarrolla la superestructura ideológica (conjunto de productos, costumbres y representaciones culturales que actúan en el ámbito de una determinada sociedad). La superestructura depende pues de las condiciones económicas en las que vive cada sociedad, de los medios y fuerzas productivas (infraestructura). La superestructura no tiene una historia propia, independiente, sino que está en función de los intereses de clase de los grupos (clase/s dominante/s) que la han creado. Son las clases dominantes quienes dan vida y moldean convenientemente el ámbito de la superestructura, de tal manera que ésta pueda servirles como mecanismo de legitimación del orden establecido y medio para el control social. Por ende, los cambios en la superestructura sólo pueden venir como consecuencia de los cambios en la infraestructura. Nuestra actual sociedad consumista-capitalista, en cuya superestructura ideológica reside la causa de los problemas en el ámbito del sentido de la vida individual que venimos denunciando, no es ajena a tal dinámica científica de la historia.
V
Para entender los argumentos que se van a dar a continuación, hemos de partir obligadamente del periodo en el cual se produce la caída de las estructuras sacro-religiosas que fundamentaban, a nivel súper-estructural, la existencia de las sociedades feudales pre-modernas, a la par que un nuevo modelo de sociedad (racionalista e ilustrada) emergía de entre sus cenizas. Simultáneamente al surgimiento de esta nueva sociedad moderna ilustrada, se daba también la aparición y desarrollo del sistema capitalista, hasta tal punto que podría afirmarse que el sistema capitalista se identifica, en su vigencia histórica, con la aparición y desarrollo de la sociedad moderna. El capitalismo produce sus primeros cambios en el ámbito político y económico, pero rápidamente se extenderían también, como no podía ser de otra manera, al plano ideológico. Así, a la vez que se producían cambios en la estructura económica de la sociedad, en las nuevas sociedades modernas se generan también ideas, representaciones y valores diferentes de los que prevalecían en las sociedades feudales y pre-capitalistas que constituyen el fondo de la ideología de una nueva clase moderna y dominante: la Burguesía. Esta ideología burguesa, que evidentemente es la base de la superestructura consumista-capitalista que acabará por imponerse como hegemónica en la actualidad, responde tanto a la necesidad de un desarrollo de las fuerzas productivas del capitalismo, como a la necesidad más amplia que ésta nueva clase emergente tiene de maximizar los beneficios de su actividad como nueva clase dominante, desde el ámbito de los aspectos meramente económicos, a los aspectos sociales y políticos de relaciones de poder y la necesaria alienación de las masas, es decir, la necesidad de desarrollar el naciente capitalismo y extenderlo a todos los ámbitos de la vida social y cultural.
El capitalismo, como bien se sabe, es un régimen económico fundado en el predominio del capital. Como tal, es un sistema basado en el predominio de la iniciativa privada en la organización económica de la sociedad. Es un sistema además donde, según la perspectiva marxista clásica, los medios de producción son propiedad de cierto sector de la sociedad: los capitalistas; mientras el resto de los miembros de la sociedad (la gran mayoría), no posee sus propios medios de producción, y todo lo más trabajan como asalariados y utilizan los medios de producción de los capitalistas, a los cuales alquilan su fuerza de trabajo a cambio de un salario. De esta manera, para la maximización de sus beneficios de clase, las clases dirigentes necesitan tanto de la evolución tecnológica del sistema socio-económico (para producir y dar salida al mercado a una cantidad cada vez más elevada de productos , lo cual genera una cantidad cada vez más elevada de beneficios para la clase capitalistas), como de la elaboración de un patrón de comportamiento individual entre los miembros de las clases dominadas para asegurarse de que éstos, por un lado, contribuyan a través del alquiler de su fuerza de trabajo y el posterior consumo de los productos generados al correcto y eficiente devenir de los flujos de renta en el sistema y, por otro lado, para que acepten su situación de trabajadores desposeídos, sin pensar en revelarse frente a la injusta situación en la que se encuentran como excluidos de la propiedad de los medios de producción (y a los cuales ayudan más que ningún otro factor a funcionar eficientemente mediante su trabajo y su consumo).
Siguiendo a Marx, la ley económica cardinal del capitalismo, su hierra motriz y su principal estimulo radican en la producción y en la apropiación de la plusvalía, que tiene como fuente la parte del trabajo no retribuido a los obreros asalariados que cae en manos de las clases poseedoras de los medios de producción. La plusvalía representa, por tanto, el modo esencial de explotación capitalista. “Al organizar la producción, el capitalista desembolsa una determinada suma de dinero para adquirir medios de producción y para comprar fuerza de trabajo sin perseguir más que un objetivo: obtener un excedente de valor sobre la cantidad de dinero inicial anticipada por él, es decir: obtener plusvalía. La plusvalía no puede ser resultado de un cambio no equivalente, dado que la compra y venta de mercancías se efectúa sobre la base de la ley del valor. Tampoco pueden ser fuente de plusvalía los medios de producción (capital constante), dado que no crean nuevo valor, sino que tan sólo transfieren el suyo al nuevo producto creado. En cambio, la particularidad específica de la mercancía fuerza de trabajo estriba en que posee la facultad de crear un nuevo valor en el proceso de su consumo, es decir, en el proceso del trabajo, con la particularidad de que dicho nuevo valor es mayor que el de la propia fuerza de trabajo. El capitalista logra estos fines obligando al obrero a trabajar más allá del tiempo necesario para reproducir el valor de su faena de trabajo”[3]. Esta ley, que Marx presenta como auténticamente científica, rige en todo momento las relaciones económicas entre las clases explotadas y las clases explotadoras dentro del capitalismo, siendo la base del continuo incremento de riqueza para los intereses de las clases dominantes y el factor principal donde reside la explotación puramente económica de las clases dominadas.
Como no podía ser de otra manera, la necesidad de un camuflaje ideológico de los efectos puramente explotadores de esta ley se convirtió para las clases burguesas dominantes en un elemento clave durante el proceso de construcción social de una superestructura hegemónica consumista-capitalista. Legitimar y justificar que una parte de la riqueza producida por el trabajo del obrero asalariado no acababa finalmente en sus manos, sino en las de los poseedores de los medios de producción, se convierte para las clases dominantes en una necesidad, pues de lo contrario, de conocer y comprender el trabajador asalariado esta ley del capitalismo en toda su extensión, el individuo de las clases dominadas exigiría que se le diera lo que por derecho es suyo y le corresponde, pues es él, y sólo él, quien lo genera con la aplicación de su fuerza de trabajo. Para ello, para camuflar los efectos explotadores de esta ley, las clases dominantes hicieron (y hacen) extender la idea de que el beneficio que genera ese excedente de riqueza que cae en poder de los capitalistas, no repercute solamente en favor de los intereses de éstos, sino a favor del ciclo económico en su conjunto y, por tanto, en beneficio del global de la sociedad y cada uno de sus integrantes por separado, independientemente de que estos fuesen obreros o fuese los detentadores de la propiedad de los medios de producción. Esta relación económica entre el poseedor de los medios de producción y los trabajadores asalariados que están bajo su mando, supuestamente beneficiosa para ambos, es además perpetuada súper-estructuralmente través de la sacralización de la propiedad privada como derecho inherente al sujeto, así como de la sacralización de los modos de producción capitalistas como modelos hegemónicos del proceso productivo. Así, al entenderse la propiedad privada (y los modos de producción que le son propios) como algo que no puede ser puesto en duda, como un derecho sagrado que es inherente a toda persona, la relación económica que en tal derecho se sustenta, la apropiación de la plusvalía por parte de los capitalistas, es igualmente aceptada como legítima e indudable.
Sin embargo, muy a pesar de esto, el proceso productivo sigue siendo una actividad que tiene carácter social (es por y para el servicio de la satisfacción de las necesidades de la sociedad y cada uno de sus individuos), lo cual genera una contradicción con la posesión individual de los medios de producción, una contradicción que es considerada por el marxismo como causa potencial de procesos revolucionarios. Pero, como decimos, para combatir entre otras cosas esta contradicción que podría causarle serios problemas de ser entendida y comprendida por el trabajador asalariado, durante el proceso de construcción social de la superestructura ideológica las clases dominantes supieron convenientemente incorporar la idea liberal de un proceso productivo general que, a pesar de partir de la iniciativa individual y la propiedad privada de los medios de producción, se constituye en última instancia, a través de la competitividad y la ley de la oferta y la demanda, como un proceso de carácter social, que no sólo sirve a los intereses de los propietarios de los medios de producción en particular, sino que responde también a los intereses de la sociedad en general.
Así pues, si actualmente la gente no se cuestiona la contradicción que existe entre la posesión privada de los medios de producción y el carácter social de la producción, así como acepta sin rechistar que una parte del beneficio económico que se genera con la fuerza de su trabajo no redunde en su propio beneficio, es, simple y llanamente, porque los modos y relaciones de producción capitalistas de los cuales se derivan estos hechos, han sido absolutizados por la superestructura ideológica vigente, de tal manera que han dejado de estar sometidos a duda por parte de los individuos que crecen bajo su influjo. Simplemente estas ideas, que asumen un carácter sagrado, se aceptan como modos naturales de producción, como modelos incuestionables por ser verdaderos en sí mismos, tal cual es propuesto, a través de los medios de comunicación y el proceso educativo en general, por los detentadores del poder y generadores del paradigma súper-estructural vigente.
Con esto queremos decir que, a nuestro juicio, debe quedar claro que es esta consolidación y sacralización de la propiedad privada y los modos de producción capitalistas, así como la consecuente vinculación que a raíz de ello se hace de la ley de la plusvalía con el carácter supuestamente beneficioso para el global de la sociedad del conjunto del proceso productivo capitalista, la línea central que impulsó la burguesía dominante para la construcción social de la actual superestructura ideológica reinante, una superestructura donde se hacen residir también aquellos ideales puramente individuales, como modelos del éxito social a alcanzar por cada sujeto, que son los causantes de la progresiva degeneración humanista en la que nos vemos envueltos, con la consecuente crisis de sentido de la vida que ello lleva asociado para tantas personas. La estructura económica de la sociedad capitalista, fundamentada en la propiedad privada de los medios de producción, el dinero, los modos de producción capitalistas (plusvalía), la racionalización instrumental del proceso productivo, las leyes del mercado y el consumo, acaba por tener su necesario y consecuente reflejo en el ámbito de la superestructura ideológica, de tal modo que se proyecta al ciudadano la idea de un individuo consumista, egoísta, competitivo, aburguesado y guiado por un uso de la racionalidad instrumental, como modelo ideal de individuo que se ha de seguir para tener éxito social. Un modelo ideal de individuo que es, sin duda alguna, el causante de todos los males en el ámbito de sentido que venimos denunciando.
VI
Por supuesto, como decimos, siguiendo el esquema de análisis propuesto por el materialismo histórico, el ámbito material de las relaciones productivas capitalistas acaba por tener su reflejo en una superestructura ideológica hecha a medida de sus intereses, una superestructura donde el diseño de un comportamiento individual que permita el funcionamiento de la economía capitalista con la mayor eficiencia posible, se convierte en una prioridad. Pasaremos ahora a analizar cuál es modelo ideal de individuo que ha sido sacralizado por la superestructura consumista-capitalista, poniendo de manifiesto por qué ha sido precisamente éste y no otro el modelo de individuo que finalmente se ha consolidado como modelo ideal de comportamiento individual para con el global del sistema hegemónico propuesto. Pero, primero de todo, para ser honestos, hemos de decir que, a pesar de lo dicho, y en comparación con el feudalismo, como ya lo reconoce el propio Marx y toda la tradición marxista, es cierto que el modo capitalista de producción es más progresivo y eficiente que cualquier otro modo existido con anterioridad, pues ha conseguido elevar a un nivel superior el desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad, ha aumentado sensiblemente la productividad del trabajo social, ha llevado a cabo en proporciones inmensas la socialización del trabajo y de la producción, ha incrementado en gran medida el volumen de la producción y ha elevado su nivel técnico. Todo eso es innegable, y así fue reconocido, como decimos, por el propio Marx como un gran logro del capitalismo. Pero todo esto, lejos de lo que pudiera pensarse en primera instancia, no resultaba por sí mismo del todo beneficioso para las clases dominantes. Durante cierto tiempo, siguiendo las propias leyes del mercado, la producción cada vez más abundante de bienes de consumo no se veía correspondida por la compra que de estos bienes hacían los ciudadanos, lo cual ponía en serio riesgo la economía capitalista debido a la amenaza de aparición de una potencial sobre-producción que hiciera saltar por los aires el valor mercantil de las mercancías, si llegara realmente a darse el caso de que la oferta productiva existente no pudiera ser acaparada por las exigencias en el mercado de los consumidores. Esto fue debido a que, según nos dicen los historiadores económicos, durante los primeros siglos de vida del sistema capitalista, las clases dominantes habrían puesto toda su atención exclusivamente en el desarrollo de las fuerzas productivas, con el fin de orientar los adelantos de éstas a la mejora cuantitativa de la producción. Se pensaba que una mayor producción era garantía segura de un mayor beneficio, pero la crisis de ventas en la que se vieron inmersos algunos de los principales países capitalistas durante las últimas décadas de la primera mitad del siglo XX, obligaron a las clases dominantes a cambiar su perspectiva y, con ello, a cambiar el sentido del modelo de sociedad que se estaba construyendo y los valores que a través de ella se estaban tratando de trasladar a la población.
A partir de ese momento (años 50-60 aproximadamente) la mentalidad de los capitalistas comenzó a dar más importancia al proceso de venta de los productos generados que al propio proceso de producción en sí mismo, ya que una venta segura, y no una mayor producción por sí misma, se estaba descubriendo como el medio más efectivo para garantizar la viabilidad del negocio. El proceso de producción de los bienes suponía para el capitalista un coste que sólo podía ser convenientemente recuperado y rentabilizado mediante la garantía de un eficiente proceso de venta del producto generado. Fue éste cambio que se dio en la mentalidad de los capitalistas (que va desde otorgar la prioridad absoluta al proceso productivo en sí mismo a otorgar prioridad al proceso de venta dentro del entramado de relaciones productivas) lo que, según múltiples autores, sirvió de origen para el nacimiento de la sociedad consumista propiamente dicha, tal y como la conocemos hoy . Este cambio de tendencia en la mentalidad de los capitalistas, como no podía ser de otra manera, supuso también un cambio en el proceso de construcción del modelo súper-estructural que se estaba fraguando. Así, de la mera sacralización de la propiedad privada y los modos de producción capitalista, se giró necesariamente hacia la sacralización de la sociedad de consumo como modelo hegemónico de sociedad. Pero esto, inevitablemente, además de un cambio en la estrategia que rige el funcionamiento general de la estructura del proceso productivo, implica también la necesidad de existencia de un determinado modelo de individuo que hasta ese entonces no había sido determinante en el proceso: el individuo consumista. El individuo consumista es aquel individuo que en su actividad cotidiana no sólo compra productos sino que directamente condiciona el valor de su existencia al hecho de tener estos productos, o, dicho de otro modo, un individuo que compra compulsivamente todo aquello que le sea presentado como una novedad y que vincula directamente y de manera interna su posición y su estatus social y personal con los productos del mercado y la simbología inherente que éstos le ofrecen, según las variables culturales generalmente aceptadas. Nace así el modelo de individuo que ha llegado hasta nuestros días como flor y nata de la sociedad actual. Como no podía ser de otra manera, en el momento en que las clases dominantes se hacen conscientes de que para el desarrollo de sus intereses existe también la necesidad de consolidar socialmente este tipo de individuo, comienza igualmente un proceso de modificación del la superestructura ideológica para que ,a través de ella, se pueda asegurar que sea éste el tipo de individuo que se sitúa como referente simbólico, para que así, una vez consolidado el nuevo modelo productivo, las futuras generaciones crezcan ya desde sus primeros días interiorizando el valor social de este modelo de individuo como modelo “natural”, es decir, como el modelo que las nuevas generaciones interiorizan para que les pueda servir de referente en su comportamiento normal en sociedad, en tanto y cuanto perciben la idea de que éste y no otro es el modelo que socialmente está mejor adaptado al entorno socio-cultural en el que se desenvuelven. Se convierte así al individuo consumista en el individuo base de la sociedad capitalista, en el modelo “ideal” de individuo que se sacraliza a través de las estructuras simbólicas que fundamentan el funcionamiento de la sociedad y que son puestas al “servicio” de los ciudadanos a través del ámbito súper-estructural reinante. Tenemos ya el primer rasgo del patrón de individuo que el consumismo-capitalismo ha sacralizado como hegemónico a través de su superestructura. Pero no se detiene ahí la cosa.
Si se han fijado, acabamos de decir que la introducción de esta figura del individuo consumista supone una modificación (aunque tal vez la palabra correcta sea evolución) en el modelo ideal de individuo que se venía consolidando por parte de las clases dominantes a través de la superestructura ideológica. Y esto es así, ciertamente, puesto que previamente a la aparición de esta necesidad de plasmación simbólica de este tipo de individuo, las clases dominantes ya había moldeado la figura de un determinado patrón de individuo que se adecuaba eficiente a la satisfacción de las necesidades productivas de la sociedad capitalista pre-consumista. Unas necesidades que evidentemente estaban condicionadas por la previa existencia de la propiedad privada y las relaciones de producción capitalistas como motores de la infraestructura ideológica. Es decir, al igual que en el ámbito de la estructura económico-productiva de la sociedad la aparición de la sociedad del gran consumo supone una evolución respecto de la previa existencia de otros elementos capitalistas tales como la propiedad privada, en el ámbito del modelo ideal de individuo que debe desenvolverse para mayor eficiencia del sistema en esta sociedad sagrada, la sacralización del individuo consumista también supone una evolución respecto de otros elementos característicos del individuo capitalista a sacralizar que previamente ya habían sido incorporados a la superestructura ideológica. Pues bien, si había un rasgo que definía explícitamente a este individuo sacralizado con anterioridad a la sacralización por evolución del individuo consumista, sobresaliendo entre todos los demás rasgos característicos, ese era, sin duda, el egoísmo. Ya desde los orígenes mismos del capitalismo decía Adam Smith aquello de “No es la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero la que nos procura el alimento, sino la consideración de su propio interés. No invocamos sus sentimientos humanitarios sino su egoísmo”[4]. Se sentaban así las bases del individuo egoísta y totalmente individualista que había de implantarse como hegemónico, y que sin duda alguna rige todavía como norma en nuestra actual sociedad. Ello se debe, según nos dicen los mismos defensores del capitalismo, no a una cualidad innata de la naturaleza humana, sino a una necesidad interna del modo de producción capitalista, de cuya satisfacción depende el buen funcionamiento del sistema. En una gran sociedad, remarcan estos partidarios del liberalismo económico, en la cual supuestamente todo intento de ordenación y planificación comunitaria fracasaría de antemano, el individuo egoísta termina siendo un factor decisivo para cubrir las necesidades humanas. Un hombre egoísta buscará sacar el mayor provecho a cuanta oportunidad se le presente, especialmente a la oportunidad de hacer negocio, pero para obtener los beneficios deseados en una sociedad moderna no le quedará más remedio que satisfacer a una gran cantidad de personas, a través de bienes y servicios que las masas requieren a bajo precio y mejor calidad. Por tanto, lejos de verse como un vicio o una actitud negativa, el capitalismo busca que los hombres tengan este sentimiento egoísta, pues de tal manera, por un afán de lucro personal, serán muchos los beneficios que con este tipo de egoísmo se generarán. El sujeto egoísta en su afán de ganancia deberá satisfacer los requerimientos de sus conciudadanos, de la sociedad, y así producirá un beneficio tanto para él, como para todos los demás. Debemos entender, por tanto, guste o no, que la base del capitalismo es el egoísmo, y que sólo en una sociedad compuesta por individuos egoístas puede funcionar eficientemente el capitalismo (y no lo decimos nosotros, son sus propios defensores quienes así nos lo exponen). Consecuentemente, sabido esto, las clases dominantes de la sociedad, en su proceso de construcción social del ámbito súper-estructural, no tuvieron más remedio que sacralizar el egoísmo como uno de los valores propios del patrón ideal de sujeto que estaban buscando, bajo el supuesto de que es esta característica la que con mayor eficiencia permite desenvolverse al individuo en el mundo capitalista, tanto para su beneficio como para el de todos los demás. Volvemos así a la realidad de una sociedad donde los seres humanos que nacen en ella, ya desde sus primeros años, interiorizan la figura de un sujeto egoísta e individualista que progresa con éxito en la sociedad, viendo ésto como algo natural, observándolo según se desprende de los códigos simbólicos reinantes como un modelo por el cual guiarse en sus vidas si lo que quieren es tener éxito social.
El egoísmo, además, lleva inherente una tendencia hacia la competitividad social. Nuevamente, los teóricos del capitalismo han abordado esta cuestión como una necesidad ineludible del capitalismo. Milton Friedman, por ejemplo, en su ensayo “Capitalismo y libertad” nos dice: “El capitalismo competitivo, como el sistema más favorable a la libertad económica, es por esta razón un fin en sí mismo”. Es de la competencia entre empresas e individuos de donde se genera el impulso necesario para la creación de abundante riqueza para el global de la sociedad. Así, en un puro Darwinismo social reconvertido, el hombre en la sociedad capitalista es concebido como un individuo competitivo que se mueve en un contexto donde debe primar él más fuerte, y donde sólo los mejores adaptados son capaces de crecer socialmente. Aunque, siendo realistas, hemos de decir que bien es cierto que la comparación con el prójimo es un acto subjetivo dado por igual en todas y cada una de las culturas existentes sobre la faz de la tierra, desde la más primitivas a las más desarrolladas tecnológicamente hablando. Pero esta comparación, que en otros modelos sociales tiene como objetivo garantizar el progreso de la comunidad, así como una correcta evolución del sujeto para que vaya ésta en favor del global del ente social y de cada uno de sus individuos por separado, en nuestra actual civilización occidental toma un claro tono de competición salvaje que induce al individuo a utilizar todo tipo de artimañas para alcanzar el objetivo fijado: ser de una manera u otra superior a tu vecino. La competitividad, lejos de ser sana, se ha convertido en una carrera continua por derrotar al rival, por cualquier medio y de cualquier manera, ya ni siquiera se trata de una competencia leal. Como consecuencia de esto, toda acción toma un sentido cuando puede ser mostrada al prójimo, pero carece del mismo cuando sólo tiene como objetivo la autorrealización personal. La sociedad se convierte así en un conjunto de individuos que compiten entre sí para lograr unas determinadas metas que poder mostrar después a los demás, resaltando de esta manera su supuesta valía ante los mismos. Es una competitividad insana, desaforada, de todos contra todos en un escenario de continua lucha social. Así, éste es, y lo dicen abiertamente, el tipo de sociedad que interesa a las clases dominantes, pues supuestamente sirve de motor a la economía, y éste es el tipo de individuo que, de acuerdo a ello, se sacraliza en el ámbito de la superestructura. Sin embargo, hemos de decir también que el verdadero gran logro de las clases dominantes en este terreno de la competitividad social, más allá de instalar como hegemónico este modelo de competitividad desbordada, ha sido lograr que, a pesar de las enormes diferencias entre unas clases y otras de la sociedad, el sujeto de clase obrera, o el pequeño empresario, o el marginado social, se miren entre sí con recelo y compitan furibundamente entre ellos, pero, a la hora de mirar hacia las clases dominantes, lo hagan con admiración y respeto, y no con afán de lucha. Y es que, a través de la superestructura, desde críos los individuos de las clases dominadas han visto el poder, el glamur y la elegancia[5] de las clases dominantes en las pantallas de sus televisores o en las páginas de sus diarios, habiendo deseado profundamente, como figuras de éxito social que son, poder llegar algún día donde están ellos (y hasta han creído que así sería, achacando luego su fracaso a la mala suerte o la falta de talento). De esta manera, los individuos de las clases dominadas llegan a creer que el enemigo social es aquel que pretende robarle la cartera en un metro, aquel que en su desgracia o su falta de talento ha caído aún más bajo que él, o aquel cuya pinta no le satisface y pretende ennoviarse con su hija, o aquel compañero de trabajo que recibe un ascenso, o aquel seguidor de un equipo de fútbol contrario al suyo, pero nunca ellos, las clases dominantes. Ellos, las clases dominantes, son lo que, siguiendo la ideología reinante, la gran mayorías de los miembros integrantes de las clases dominadas desearían ser en lo más profundo de su identidad personal, ellos, por tanto, son nuestros amigos, pues son como la luz que ilumina nuestro camino, son, en una palabra, la meta final a la cual aspiramos, aunque cada vez los veamos más lejanos y más difíciles de alcanzar socialmente.
Dicho esto, tenemos ya definida la instauración, a través del ámbito de la superestructura ideológica, de un tipo de individuo que satisface a la perfección las necesidades de clase de la alta burguesía dominante, pues se adecua perfectamente a la realidad social tal y como ellos mismos la han ido diseñando paulatinamente. Este individuo ideal, sacralizado como código simbólico y expuesto a la sociedad para que sea interiorizado por sus miembros a medida que se van desarrollando en su proceso de socialización, es un individuo consumista, egoísta y competitivo socialmente, pero cuya competitividad se orienta hacia la lucha fratricida con sus vecinos, amigos, compañeros de trabajo y demás sujetos de su entorno situados a un mismo nivel que él –poco más arriba o abajo en la jerarquía socioeconómica- , pero jamás hacia la lucha de clases y el combate con los integrantes de las clases dominantes y sus privilegios de clase.
Es la nuestra una sociedad, por tanto, donde lo que se sacraliza y se establece como modelo individual válido es la figura del burgués, burgués según la propia definición que de él nos da el profeta y apóstol del capitalismo Francis Fukuyama[6]: “un burgués es el ser humano consumido por su propia inmediata auto-conservación y su bienestar material, interesado por la comunidad que lo rodea sólo en la medida en que fomenta su bien personal o es un medio para contribuir a él”. Por ello, es la nuestra una sociedad donde podemos hablar de un paulatino aburguesamiento de las clases trabajadoras. Por aburguesamiento, debemos decir que entendemos la identificación cada vez mayor que los miembros de las clases explotadas tienen con el modo de vida burgués, aun cuando las relaciones de explotación, vía plusvalía, sigan estando intactas. Mediante este aburguesamiento las clases dominadas se reconocen a sí mismas como formando parte del sistema burgués y se perciben como disfrutando de las comodidades y los privilegios propios de la clase burguesa. Consideramos que han sido dos factores claves (uno económico y otro socio-ideológico) los que, en relación con las modificaciones introducidas al proyecto original arriba expuestas, con mayor precisión y eficiencia han determinado finalmente la consolidación y estabilización de esta tendencia creciente hacia el aburguesamiento general de las clases dominadas. Por un lado, estaría el desarrollo de las comodidades en el modo de vida de las clases dominadas, y, por otro, el respeto a la lucha de los individuos en pos de determinar el grado de libertad con el que se quieren desenvolver en sus vidas (esto, claro está, no significa que los individuos gocen de una verdadera libertad, pero sí que, al menos, tienen la sensación de poder luchar en pos de su reconocimiento como seres libres). El primer punto sería consecuencia de las modificaciones introducidas mediante la consolidación del “estado del bienestar”, mientras que el segundo punto sería consecuencia de la percepción que se desarrolló tras comprobarse que algunas de las ideas morales propuestas por los movimientos contraculturales de los años 60 pudieron finalmente incorporarse al nuevo modo de vida propio de las sociedades consumistas-capitalistas. Así, la fabricación masiva de todo tipo de productos que facilitan la vida del sujeto en sus ámbitos más privados (desde las relaciones familiares, a las tareas domésticas, pasando por las actividades socio-culturales más frecuentes), sumado al desarrollo de los sistemas de garantía social, ha conseguido sumir a la población en una falsa sensación de lujo burgués, aunque en la práctica las clases dominadas sigan vendiendo su fuerza de trabajo para poder pagar la satisfacción de tales comodidades, y sigan siendo presos de sus hipotecas, sus deudas y, sobre todo, del interminable ciclo del consumo. Es lo que podíamos denominar “el triunfo del tener frente al ser”, o, en palabras de Erich Fromm[7], “consumir es una forma de tener, y quizás la más importante en las actuales sociedades industriales ricas. Consumir tiene cualidades ambiguas: alivia la angustia, porque lo que tiene el individuo no se lo pueden quitar; pero también requiere consumir más, porque el consumo previo pronto pierde su carácter satisfactorio. Los consumidores modernos pueden identificarse con la fórmula siguiente: yo soy = lo que tengo y lo que consumo”. Así, si la percepción general es que se tienen y se consumen una serie de productos que antaño eran de disfrute exclusivo de las clases más privilegiadas de la sociedad, esto quiere decir que en última instancia no existen diferencias entre unas clases y otras, pues ambas clases, dominantes y dominadas, tienen la capacidad potencial de disfrutar de los mismos lujos y comodidades, aunque como digamos las relaciones de explotación entre unas clases y otras sigan estando plenamente vigentes. En cuanto al segundo de los factores indicados (relacionado con una aparente sensación de libertad), el desarrollo de textos legislativos cada vez más respetuosos con los derechos y libertades de los ciudadanos, así como la transformación que han sufrido estructuras sociales básicas como la familia o aspectos de las vidas privadas de las personas antaño dominados por la restrictiva moralidad católica (caso de la sexualidad o el amor), han conducido a la aparición de una aparente sensación de libertad nunca antes vista en sociedad religiosa alguna, y que viene a satisfacer las históricas demandas de reconocimiento de buena parte de la población, así como a generar la idea de que es realmente posible defender todo deseo de cambio moral, cultural o político bajo el amparo del capitalismo liberal, aunque la realidad sea bien diferente tanto desde el punto de vista político, como desde el punto de vista psicológico (donde existe toda una manipulación inconsciente de la persona que nos debe llevar a hablar que la libertad consumista-capitalista es sólo una ilusión).
Existe, por último, otro rasgo que se ha consolidado a través de la superestructura ideológica consumista-capitalista como un elemento clave en el modo de actuar de los individuos dentro del ámbito de la sociedad consumista-capitalista: el uso de la racionalidad instrumental como motor para la acción del sujeto. Un individuo movido por un uso instrumental de la racionalidad, con mentalidad absolutamente práctica, que busca en todos los ámbitos racionales de su vida una adecuación óptima de los fines buscados a los medios disponibles, sean cuales sean estos medios, y tengan las potencialidades que tengan para alcanzar dichos fines. El hombre se concibe a sí mismo como un medio para un fin (el éxito social, la satisfacción de los valores propuestos por el sistema), e igualmente hace con la inmensa mayoría de cosas que tiene al alcance de su mano. Así, el que no sea racional de acuerdo al sistema, el que no se mueva en su vida cotidiana bajo el uso de este modelo de racionalidad instrumental, se le declara automáticamente como “irracional”, porque la razón ya no es inteligencia o búsqueda de emancipación, la razón es, sin más, la lógica social con la que el hombre vive dentro del sistema, y gracias a la cual, supuestamente, sobrevive.
Estos son, por tanto, a grades rasgos, los valores individuales que han sido sacralizados en la actual sociedad consumista-capitalista a través de la superestructura ideológica: Un individuo consumista, egoísta, competitivo socialmente, aburguesado y que hace uso de la racionalidad instrumental como guía para la acción, es decir, resumiendo, un individuo que busca el éxito social a toda costa, pues tal éxito es percibido por él mismo como único camino posible para la auto-realización personal y la aceptación general entre sus conciudadanos.
VII
Pero, como decimos, este modelo ideal de individuo ha sido sacralizado por ser, precisamente, el modelo de individuo que más y mejor se adecua a las características propias de la estructura económica que rige la sociedad consumista-capitalista, de tal manera que permite garantizar la eficiencia productiva, así como la maximización de los beneficios para las clases dominantes. Es un individuo, por tanto, que emana de la necesidad de eficiencia productiva que reside en la base misma de la infraestructura económica de la sociedad, y que, a partir de ahí, es aupado por las clases dominantes hasta la esfera de la superestructura ideológica, como medio para que a través de ella se pueda condicionar el devenir de las nuevas generaciones y poner a los individuos de éstas, ya desde el mismo momento de su nacimiento y a través de todo el proceso general de socialización, al servicio de sus intereses.
El individuo consumista sólo puede ser concebido racionalmente dentro de un modelo de sociedad sustentada en el consumo como fuerza motriz de su desarrollo económico. El individuo egoísta, por su parte, sólo puede ser entendido racionalmente dentro de un modelo de sociedad donde se hayan sacralizado previamente las leyes del mercado, así como el respeto a los derechos de propiedad privada, los medios de producción capitalistas y el resto de relaciones sociales imperantes en el ámbito de la productividad liberal. El individuo competitivo sólo puede ser válido racionalmente en un marco mayor de relaciones de competitividad entre los diferentes agentes económicos de la sociedad, principalmente las empresas privadas de todo tipo. Finalmente, el individuo que hace uso de manera exclusiva de la racionalidad instrumental como mecanismo de guía para la acción práctica, sólo puede ser entendido en una sociedad donde la razón es reconvertida en un mero armazón del proceso económico, para acabar siendo transformada en mera razón instrumental. La racionalización capitalista, como apunta Weber, es “el uso absoluto de la razón para la organización de la vida y las actividades buscando lograr una mayor eficiencia y rendimiento en un fin determinado (lucro)”.
El capitalismo-consumismo se fundamenta, por tanto, en toda una concepción burguesa del funcionamiento de la economía y la sociedad, una concepción que parte del tratamiento racional y científico de la actividad económica en todos sus parámetros, desde la planificación estratégica de las actividades, hasta el proceso de venta del producto y la reinversión del beneficio por ello generado, pasando, claro está, por el proceso productivo en sí mismo. Una concepción donde, en consecuencia, sólo el individuo aburguesado puede tener cabida en su búsqueda del éxito social.
Pero, paradójicamente, el éxito social, tal y como es planteado por el ideal consumista-capitalista, no está al alcance de todas las personas, más aun, por puro interés en la proyección económica de la sociedad, está reservado tan sólo para unos pocos privilegiados. El éxito social sería así el premio a recibir por aquel individuo que, siguiendo fielmente el ideal consumista-capitalista, esté mejor capacitado que la mayoría de sus conciudadanos para alcanzar las metas que se proponga. No todo el mundo puede ser rico, poderoso, guapo, respetado y temido a su paso por la comunidad social en la que se ve envuelto, miembro de las clases altas de la sociedad, y capaz de acaparar para sí los productos más exitosos del mercado, tal y como el ideal del éxito capitalista proyecta sobre la mente de sus ciudadanos ya desde la niñez (y que usualmente los niños ejemplifican en la figura de sus deportistas, cantantes o actores favoritos, amen de los miembros más conocidos de los sectores más pudientes de la sociedad –nobleza, banca, gran empresariado, etc.-). A raíz de aquí, los juicios de valor se empiezan a hacer presentes en la mentalidad del sujeto, según la posición que ocupe cada cual en el orden social, y en relación a la comparativa que se establece con los demás elementos singulares y globales de tal orden. Según cada persona se adecúe más o menos a la idea que él mismo ha desarrollado, previa interiorización de los contenidos simbólicos reinantes a su alrededor, del éxito social, se sentirá más o menos realizado con lo que es y lo que tiene como persona, y a medida que se detecte que lo que uno es y tiene dicta mucho de aquello que él cree que la sociedad presupone como exitoso, bien se sentirá fracasado por no ser capaz de dar la talla en aquello que supuestamente la sociedad espera de él como potencial sujeto capaz de tener éxito social, bien se agarrará aun con mayores fuerzas a los valores egoístas, individualistas, consumistas, competitivos y de uso práctico de la racionalidad instrumental, que se suponen son el método más efectivo para alcanzar el éxito buscado. Y a medida que esto tampoco dé el resultado esperado, mayor será el riesgo de caer igualmente en esos sentimientos de frustración vital tan propios de nuestros días. La sensación de mediocridad y el sometimiento serán entonces la tónica general de tales existencias.
VIII
Es por ello, que toda solución al problema de la enfermedad inherente a nuestra sociedad ha de pasar, irremediablemente, por una revisión profunda del sistema económico vigente (que llevaría igualmente asociado un replanteamiento de las pautas sociales imperantes), ya que resulta del todo incompatible una sociedad donde lo que prime sea la necesidad del egoísmo, el consumismo, y la competitividad social por encima de todo valor común, con una sociedad donde los individuos puedan verse libres de presiones existenciales auto-impuestas, y donde la búsqueda de sentido se encamine hacia el fomento de valores humanistas como la solidaridad, el altruismo, la cooperación desinteresada, etc., tan necesarios para llevar una vida plena y en paz con el común de la humanidad y con uno mismo. Se hace urgente, por tanto, la superación del capitalismo y el advenimiento del socialismo. Una vuelta a los modos de producción y los valores que, ya por ejemplo, regían en buena parte de las comunidades que Marx identificó como exponentes del “comunismo primitivo”, y que Darwin justificó como una necesidad en el proceso de evolución de las comunidades humanas en su lucha por la supervivencia. Según Darwin[8] la selección natural no solamente selecciona las variaciones orgánicas que presentan ventajas adaptativas frente a un determinado entorno natural, sino también los instintos. Entre esos instintos ventajosos, fueron retenidos y especialmente desarrollados, por su validez adaptativa, los que Darwin vino a llamar “instintos sociales”, como quedaría probado, según nos dice el autor, por el triunfo universal que en el seno de la humanidad se ha dado del modo de vida social, así como la tendencia hegemonía a la creación y desarrollo de “pueblos civilizados“. Ahora bien, en el estado de “civilización” se asiste a una inversión cada vez más acentuada de las conductas individuales y sociales con respecto a lo que sería la prosecución pura y simple del funcionamiento selectivo anterior (y que usualmente actúa de manera generalizada en el ámbito de la relación entre especies y variaciones dentro de la naturaleza): con la civilización aparece -en lugar de la eliminación de los menos aptos propia de la selección natural- el deber de asistencia que pone en marcha múltiples mecanismos de auxilio y rehabilitación entre lo miembros de una misma comunidad poblacional. El proceso socializador del hombre sería así, nos dice Darwin, el resultante complejo del crecimiento de la racionalidad, del dominio creciente del sentimiento de “simpatía” y de diversas formas morales e institucionales de altruismo, originándose de esta manera en el funcionamiento interno de las comunidades humanas, y de manera paradójica con el resto de elementos existentes en el mundo natural, una ética anti-selectiva (en el sentido en que se entiende el proceso selectivo en “el origen de las especies”) traducida en principios, reglas de conducta y leyes. Las “leyes” de la selección comunitaria (selección de unas comunidades frente a otras), y no las de la selección natural propiamente dicha, explicarían, por tanto, la aparición de los “instintos sociales”. Esto es así, puesto que, siempre según Darwin, las comunidades donde existieran lazos de cohesión social tendrían ventaja en su lucha por la supervivencia frente a aquellas otras que carecieran de ellas. Es decir, aquellas comunidades donde existiese un cuerpo simbólico que sirviese para cohesionar a la comunidad en torno a valores de apoyo mutuo, cooperación, división del trabajo y solidaridad, tendrían ventaja a la hora de competir por los recursos existentes en un determinado territorio frente a aquellas otras comunidades que no presentasen estos rasgos. “No puede caber duda alguna de que una tribu en que haya muchos miembros que, por poseer en alto grado el espíritu de patriotismo, fidelidad, obediencia, valentía y simpatía, estuviese siempre dispuesta a proporcionar ayuda a cada uno de los demás y a sacrificarse por el bien común, resultaría victoriosa sobre las otras tribus; y esto sería la selección natural aplicada al ámbito de las primeras comunidades humanas” (Ch. Darwin, Obra citada). De esta manera, en este marco de lucha por la supervivencia, resultaría que las diferentes comunidades humanas se vieron inclinadas a ir desarrollando paulatinamente este tipo de códigos simbólicos que cohesionasen al global de la comunidad, y, con ello, empujadas hacia el desarrollo de una serie de sistemas socio-económicos que, sin duda alguna, podemos identificar con el “comunismo primitivo” de Marx. Queramos ahora pues superar los valores consumistas, egoístas, competitivos y eminentemente prácticos que se encierran tras la estructura económica consumista-capitalista, para volver a aquellos otros valores que realmente nos hicieron avanzar como especie.
IX
Pero el sistema, consciente de su daño y sabedor de que estos hechos pueden volverse en cualquier momento contra él, sabe defenderse bien de los instintos revolucionarios que pudiera brotar entre los afectados por su inhumanidad, utilizando para ello el plano de lo psicológico.
Por ejemplo, una pauta muy común en la educación social de nuestros días, se basa en hacer confundir en el individuo las expectativas de la sociedad capitalista con las suyas propias. Es decir, se enseña al ciudadano a creer que las expectativas del sistema como totalidad son equivalentes a las expectativas de cada uno de sus integrantes por separado. Así, lo que en esencia es un problema de rentabilidad, de crecimiento económico y de productividad eficiente de riqueza para el sistema, es convertido en el individuo, a través de un sutil proceso de sometimiento y alienación psicológica, condicionado, como no, por los valores establecidos como sagrados en el ámbito de la superestructura, en un problema de ámbito personal, que cuando no cumple con las expectativas marcadas toma otras caras que nada tienen que ver con la macro economía, tales como la depresión, el aumento de la agresividad o la desconfianza e inseguridad en la valía propia, que venimos denunciando desde el principio como síntomas evidentes de lo enferma que está nuestra actual sociedad. Es decir, el sistema económico capitalista, dentro de su modelo conductista de Darwinismo social, promete premiar con una vida de éxito a quien produzca eficientemente para el sistema a través del seguimiento y realización de sus valores egoístas y competitivos (es decir, a través del sometimiento y la sumisión), haciendo ver, además, que castiga con toda una serie de problemas psicológicos, sociales y existenciales a quienes, por los motivos que sean, bien no consiguen ser felices con la simple acomodación a los valores dados, o, simplemente, no tienen las condiciones físicas o psicológicas necesarias para poder reproducirlos eficientemente.
De esta manera, si el sistema falla (como de hecho lo hace) a la hora de conseguir que todos sus miembros se sientan respetados y útiles dentro de la sociedad, el individuo, en lugar de culpar por ello a los valores establecidos (que dictaminan unas exigencias demasiado elevadas e incluso fuera del alcance del sujeto concreto), se auto-culpabiliza a sí mismo de estos errores, se resigna ante su incapacidad para estar a la “altura de las circunstancias“. En realidad, si sometemos la mayoría de nuestras preocupaciones vitales a un análisis frío y sosegado, nos daremos cuenta que es el sistema de valores sociales el que falla (y con ello la sociedad misma), incapacitado para elaborar una norma social donde integrar, sin exclusión, todas las demandas de identidad y reconocimiento. Sin embargo, el individuo lo percibe de tal manera, que lo que en origen es un problema de pautas sociales, de una concepción errónea de la sociedad, se acaba convirtiendo en un problema de ámbito personal y psicológico, que genera auténticas crisis de sentido en los individuos, manifestadas posteriormente en actitudes de auto-rechazo y de sometimiento absoluto a los valores imperantes, aun cuando son, precisamente, dichos valores quienes generan el conflicto interno. Por ejemplo, si un determinado ideal de belleza es rentable económicamente para el sistema, poco importa si ello degenera en toda una serie de trastornos psicológicos, a los que se ven abocados de manera inconsciente centenares de miles de jóvenes que pretenden alcanzar tal modelo de belleza, que ellos interpretan como asociado al éxito que se predica como fuente de la felicidad, pero cuyos físicos no se ajustan a esa norma, o, lo que viene a ser lo mismo, ven su físico como un fracaso en el camino hacia el éxito (desde esa visión instrumental de ajustar los medios –el cuerpo y su belleza- a los fines –el éxito social-). Pero todo esto es secundario para el sistema. Lo que importa es que tanto la publicidad, como todos lo negocios que funcionan a base de este ideal estético, sigan produciendo beneficios cada día. Lo que para las empresas y el sistema es una cuestión de rentabilidad económica, para estos sujetos en una cuestión existencial que desean satisfacer a toda costa, incluso a costa de su propia vida. Eso sí, una vez se pasa de lo económico a lo subjetivo en la psique del sujeto, el individuo que sufra la enfermad psicológica (por ejemplo, la anorexia), en su declive no culpará al sistema por ser demasiado exigente en sus pretensiones y establecer modelos casi irrealizables para el común de la gente (lo cual, dicho sea de paso, tal vez pudiera ser el principio del fin de la enfermedad), el individuo, que tiene tan asumidos como propios los valores del sistema, se culpará a sí mismo por no ser capaz de realizar ese ideal.
De esta manera, mediante este proceso de identificación de los valores de la sociedad capitalista (vinculados con las necesidades productivas de la infraestructura económica) con los valores personales de sus individuos, el sistema mata dos pájaros de un tiro. En primer lugar mantiene sumiso y alienado a una mayoría de individuos que hacen de las exigencias propias de la sociedad competitiva un camino de vida. En segundo lugar, se garantiza que los ciudadanos incapaces de “dar la talla”, al tener asumidos interiormente lo valores del sistema hasta el punto de identificar las exigencias de éste con las exigencias propias, vuelquen su frustración contra ellos mismos, o, todo caso, contra otro sector de la población (generalmente contra los más débiles), pero nunca contra el causante principal de la situación, es decir, el propio sistema. Consecuentemente, de lo que pudiera ser un foco de ciudadanos desencantados y afectados por esta errónea normativa social, y por ello dispuestos a revelarse contra el origen de sus males, se pasa a una sociedad sometida y alienada, presa de unos valores denigrantes para el desarrollo de las personas en cuanto tales, y donde, paradójicamente, a mayor grado de marginación, menos ganas de sublevarse.
X
A raíz de lo dicho, mi opinión es que actualmente, en las sociedades occidentales, las bases sociales de la revolución, sus condiciones objetivas, se encuentran por igual en el ámbito material de la infraestructura económica y el ámbito ideológico de la superestructura. Es decir, ya no sólo serían los proletarios y su papel central en la historia en cuanto tales (en cuanto sujeto desposeídos de los medios de producción y explotados por la burguesía), sino que, además, se abre una gran brecha para el sistema en el papel que muchos de sus ciudadanos y ciudadanas (usualmente proletarios) juegan como seres humanos desencantados, asqueados, marginados y humillados por el sistema en lo personal. Al igual que cada sujeto explotado por la cadena productiva es un potencial sujeto revolucionario, también cada sujeto incapaz de auto-realizarse es un potencial revolucionario si se le sabe hacer ver correctamente de donde proviene el origen de sus males, que no es otro que el propio sistema capitalista y su concepción económica y economicista de la sociedad. Por eso, considero que, tal vez, los nuevos teóricos de la izquierda revolucionaria deberían dar una mayor importancia de la que actualmente parecen otorgarle a este hecho, y dedicar un mayor tiempo de estudio a este fenómeno que emana de la realidad, puesto que considero que esto en un futuro a medio plazo puede ser la llave para la creación de consciencia social entre las masas, y con ello para iniciar un nuevo proceso revolucionario en los pueblos europeos, tan dóciles y sumisos al capitalismo hoy en día.
En cualquier caso, hoy como ayer, la idea es convencer a las masas de que si queremos ser realmente felices algún día como especie, que si queremos vivir en una sociedad lo más plena posible, que si queremos habitar un mundo donde los niños rían y los adultos no sean esclavos de su trabajo, solo hay una cosa segura: ¡debemos acabar con el capitalismo! En esto el mensaje de la izquierda no ha variado. Pero si al mensaje tradicional le sumamos la afirmación de que con el capitalismo caerán también sus aberrantes valores de Darwinismo social, su inhumana sociedad consumista-capitalista que tanto daño está haciendo en lo material y en lo espiritual, es probable que sea un mensaje más llamativo y acorde a las necesidades revolucionarias de la actualidad. En cualquier caso, lo fundamental es que, sea cual sea el sistema que nazca de la revolución, y se rija por las normas que se rija, no se parezca en nada al capitalismo en la relación que dentro de éste se mantiene entre el individuo y la creación de riqueza, que en primera instancia, al igual que en el caso de la explotación y la plusvalía, es la relación causante de todo lo anteriormente expuesto. Y ese sistema no puede ser otro que el socialismo.
www.pedrohonrubia.com
[1] Del Barrio, V. (2001) Avances en depresión infantil y juvenil. Información psicológica.
[2] http://globalatlas.who.int/globalatlas/default.asp
[3] O. S Borisov, V. A Zhamin y M. F. Makárova. “plusvalía” en Diccionario de Economía Política. Akal, Madrid, 1975.
[4] A. Smith. La riqueza de las naciones. Alianza. Madrid. 2001
[5] Nótese el uso que se le da habitualmente a la palabra elegancia en los medios de comunicación de masas. Una casa elegante, un barrio elegante, un traje elegante, responden siempre a un nivel de casa, de barrio o de vestimenta asociado a las clases pudientes de la sociedad. Una casa de un obrero cualquiera, un barrio de la periferia obrera o un traje de uso común, jamás podrán tener posibilidad alguna de ser etiquetados con este calificativo.
[6] F. Fukuyama, “El fin de la historia y el último hombre”, pag. 229
[7] Erich Fromm. ¿Tener o ser?, FCE, México, 1998.
[8] Ch. Darwin. El origen del hombre. EDAF. Madrid. 1989.
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12. Octubre 2008 por admin.
I
Democracia: poder del pueblo. Democracia: separación de poderes. Democracia: igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. Democracia: garantía de los derechos y libertades fundamentales de los ciudadanos. Democracia: respeto de los derechos humanos. Democracia: respeto a la voluntad de los ciudadanos. Democracia: respeto por la pluralidad y la diversidad cultural y política. Todo esto es, debe ser, necesariamente la democracia. La democracia no es sólo tener una constitución que garantice las libertades individuales, ni dar el voto cada cuatro años a los ciudadanos. Tampoco es democracia tener un sistema de garantías jurídicas que quede escrito negro sobre blanco. La democracia es tener eso, sí, pero no para adornar las estanterías de los más lujosos armarios ubicados en los lugares más señalados de las instituciones del estado, sino para que los ciudadanos puedan hacer buen uso de ello. La democracia es tener todo eso –derechos y libertades individuales- pero para poder aplicarlo también por ley en favor de los derechos y la voluntad del pueblo, en favor de la igualdad de oportunidades y el escrupuloso respeto a la ley, que a su vez debe guardar un escrupuloso respeto por los derechos humanos. La democracia, por ende, no debiera ser entendida como un sistema político más entre muchos, sino más bien como la natural expresión política del hombre como ser social, en su afán por buscar el reconocimiento de sus derechos y el respeto a su libertad individual, así como la garantía de su plena existencia, económica y social, entre sus conciudadanos.
Esto nos lleva irremediablemente a preguntarnos hasta qué punto son compatibles el consumismo-capitalismo actual, tal y como se viene desarrollando, con la democracia; compatible con esta visión ampliada de la democracia como sistema que garantice la justicia social y la igualdad de oportunidades. Pues bien, parece evidente que un sistema sociopolítico así, en el cual una clase dirigente controla y maneja todos los resortes del poder político y económico, a la vez que impone un modelo de producción basado en la explotación del hombre por el hombre más un modo de vida y de pensamiento totalmente alienante para las clases no dirigentes, difícilmente puede vincularse con este concepto amplio de democracia. El simple hecho de no garantizar un reparto equitativo de la riqueza generada por un pueblo en su conjunto, permitiendo que existan unas pocas personas que acaparan para sí la mayor parte del bien común, mientras otros ni si quiera pueden tener para cubrir los gatos básicos necesarios para llevar una vida digna (alimentación, vestido, vivienda, etc.), ya sería suficiente argumento para demostrar cuan alejado esta el sistema vigente de la verdadera naturaleza social que debe regir toda democracia auténtica. No seré yo ni el primero ni el último que defienda esta perspectiva de incompatibilidad, algo que ya sabrán y sobre lo cual podrán ver algunos interesantes ejemplos en estos enlaces (1, 2, 3, 4). No entraré aquí, por tanto, a valorar con mayor precisión esta presunta incompatibilidad entre ambos conceptos tanto en su fundamentación teórica como, sobre todo, en su aplicación práctica, pues sería volver a repetir los argumentos ya planteados en los enlaces propuestos, para llegar finalmente a alcanzar una misma conclusión que ya debo dar por supuesta tras la visión por parte del lector de tales textos o, simplemente, por la credibilidad que se pueda otorgar a mi persona en la defensa de tal afirmación tras haber llevado a cabo el estudio de los mismos y de algunos otros que me he dejado en el tintero. En consecuencia, sin mayores explicaciones por mi parte, como bien dice G.K. Chesterton en su sintético texto “Democracia y Capitalismo”, podríamos resumir el planteamiento de incompatibilidad en la siguiente afirmación: “la modernidad no es democracia. La maquinaria industrial no es democracia. Dejar todo en manos del comercio y el mercado no es democracia. El capitalismo no es democracia. Está más bien en contra de la democracia por su sustancia y sus tendencias”. Queda dicho.
II
Pero, sin embargo, a pesar de esto, si hay algo donde la idea de libertad (que con tanto ahínco llevamos persiguiendo por siglos los seres humanos) ha quedado arraigada con fuerza en la mente de los ciudadanos de esta sociedad consumista-capitalista, donde con más virulencia desde el poder establecido se ha pretendido hacer llevar al pueblo la idealización de una verdadera libertad, eso es, sin duda, mediante la vinculación de tal idea con la supuesta democracia reinante en el capitalismo. “El mundo libre”, así es como una y otra vez estos señores que controlan el poder llaman a los países regidos por regímenes burgueses más o menos liberales, en oposición, hemos de suponer, al “mundo esclavo”, que vendría a ser la suma del resto de naciones existentes. Por ello, se llenan la boca hablándonos continuamente de las maravillas de nuestro sistema democrático occidental en contraposición a cualquier otro sistema político que pudiera plantearse, tanto que la gente común, incluso los más desfavorecidos por el sistema, ha acabado por creérselo plenamente, hasta tal punto de hacer de la defensa ideológica del capitalismo una cuestión de derechos y libertades individuales. Podíamos decir, sin miedo a equivocarnos, que la vinculación del capitalismo con la democracia es, a día de hoy, el valor fetiche por excelencia que las clases dominantes utilizan para lanzar a las masas en defensa del sistema socio-político y económico establecido.
Democracia y capitalismo se presentan siempre como una misma cosa, como una misma dualidad de términos inseparables el uno del otro, como una polaridad de términos que se complementan y se desarrollan mutuamente con carácter retro-alimenticio, tanto que finalmente se hace creer que no puede haber capitalismo sin democracia ni, por supuesto, democracia sin capitalismo. No quieran buscar ustedes más allá del ámbito capitalista un sistema político y social que sea respetuoso con la democracia, pues no conseguirán, según nos dicen, encontrarlo.
III
Sin embargo, el propio profeta del capitalismo Francis Fukuyama, en su famoso libro “El fin de la historia y el último hombre”, reconoce que el capitalismo donde mejor y más eficientemente ha funcionado ha sido en aquellos países donde la libertad individual brillaba por su ausencia. Países como el Chile de Pinochet, o los grandes tigres asiáticos (Corea del Sur, Taiwán, Singapur, Hong Kong, Tailandia, Malasia, Indonesia, etc.) pudieron tener el vertiginoso aumento en los índices económicos que tuvieron en su momento, gracias, sobre todo, a que eran países gobernados por regímenes autoritarios, donde los gobernantes imponían sus medidas capitalistas con mano de hierro, y donde las clases trabajadoras no tenían ningún tipo de derecho laboral, ni de garantía social. A eso, a sacar tajada de la explotación casi esclavista de las condiciones de vida y trabajo de la población, lo llamaron los economistas burgueses “el milagro asiático”. Cada uno de estos países, que durante décadas se presentaron al mundo como ejemplo de la superioridad moral, política y económica del capitalismo frente al socialismo (por el vertiginoso crecimiento económico que desarrollaron en un breve periodo de tiempo partiendo de una situación de abundante pobreza), tuvo, o aún tiene, un gobierno autoritario que les permitió aplicar de manera sistemática las políticas capitalistas más feroces y depredadoras. Corea del Sur, por ejemplo, tuvo un régimen militar. Singapur un dictador con un partido de estado. Tailandia y Malasia han tenido sendas monarquías autoritarias. Indonesia durante más de cuatro décadas fue gobernada también por un dictador. Taiwán igualmente tuvo un gobierno autoritario que gobernó el país por más de cinco décadas. Arabia Saudita, Kuwait, o la misma China de hoy (convertida en este sentido, aún con sus peculiaridades, en un país prácticamente capitalista), son también buena muestra de cuan efectivo puede ser combinar en un mismo cóctel economía capitalista-mercantil y ausencia de libertades y derechos laborales de la población. Sin un sistema legal que regule las condiciones laborales, sin un sistema de regulación jurídica que imponga unos mínimos legales a respetar por los propietarios de los medios de producción, el capitalismo tiene vía libre para desarrollarse, pues los costes de producción serán cada vez menores mientras que los beneficios, en consecuencia, sobre todo si los productos generados por esa economía están destinados a la exportación (como era el caso de estos países orientales mencionados), serán cada vez mayores. Si usted tiene un gobierno que permite el trabajo infantil, el desarrollo de jornadas laborales de entre 14 y 16 horas diarias, y que, además, en condiciones de libre mercado, facilita que las empresas paguen salarios ridículos por la fuerza de trabajo contratada, ya podrán imaginar la ventaja competitiva que eso supone en el mercado internacional para tal país y las empresas que allí operen, amen del elevadísimo % de beneficio que la empresa en cuestión obtendrá con la venta de tales productos en países desarrollados donde el nivel de vida es muy superior al coste medio de la vida, en referencia a los salarios pagados, del país productor en cuestión. No hace falta hacer un máster en economía para entender esto. Pero esta evidente combinación entre potencial progreso capitalista y totalitarismo (plasmada en ejemplos más que concretos) no es óbice para que desde el poder establecido se siga haciendo llegar a la población occidental la idea de que capitalismo y democracia son una misma cosa.
IV
Y aunque las clases dominantes, ante la evidencia, pueden llegar a admitir que tal vez existan países que siendo capitalistas no sean democráticos, lo que nunca, lo que bajo ningún concepto, llegarán a aceptar, es que los ciudadanos de los países occidentales puedan si quiera creer que existan o puedan existir países que siendo plenamente democráticos no sean capitalistas. Todo país democrático, nos dicen, debe ser inevitablemente capitalista. Más allá de capitalismo liberal no puede existir la democracia. Machacan y machacan esta idea una y otra vez ante la pasividad generalizada. Por ello, todo aquel país que ose criticar el normal funcionamiento del sistema capitalista, aun cuando lo haga partiendo de la llegada al poder de sus dirigentes por vía del sistema parlamentario burgués tradicional, es automáticamente calificado de antidemocrático (El Chile de Allende, la Venezuela de Chávez, el Ecuador de Correa, la Bolivia de Morales, la Nicaragua de Ortega, la España de la segunda república, etc.). Sus líderes son tachados de totalitarios, y sus revoluciones presentadas al pueblo como si de un ataque directo a la libertad, los derechos y las aspiraciones de los ciudadanos se tratase. No importa si esos países se anclan sobre la base de un ordenamiento jurídico absolutamente respetuoso con las libertades individuales, o si sus altos cargos han sido elegidos por un proceso de sufragio universal libre. Tampoco es importante si respetan la pluralidad política e ideológica, la división de poderes o si, en concordancia con la idea de la democracia como “poder del pueblo”, están tratando de desarrollar modelos de representatividad del poder que acerquen el funcionamiento de las instituciones a la actividad del pueblo. El simple hecho de cuestionar el sistema liberal burgués los excluye automáticamente del mundo democrático, del “mundo libre”. Así no es dicho.
V
La democracia se identifica por ende con el modelo liberal burgués capitalista, y todo aquello cuanto no entre dentro de estos límites queda desplazado automáticamente hacia el terreno de lo antidemocrático. Es más, nadie que aspire a ser considerado “demócrata” se atreverá a cuestionar en público la democracia burguesa, a repudiarla o a situarla como régimen enmarcado dentro de unos intereses de clase y destinado a responder a tales intereses. Quién ose hacer tal cosa será ridiculizado, apartado, denigrado, presentado en última instancia como un enemigo de la libertad. Los disidentes, insurrectos o descontentos “oficiales” creen tener apenas el derecho de hacer enmiendas a la democracia burguesa. Reproches a la democracia, paños calientes, retoques para mejorar su funcionamiento, reformas incipientes o discretas a ella para moderar sus iniquidades sociales o hacer más llevaderos sus abusos. De allí no pasa la crítica si uno quiere seguir formando parte del selecto grupo de los “demócratas”. Todo el mundo tiene que reconocer que la democracia política y el capitalismo son inseparables la una del otro, y, ambos, en conjunto, los pilares de una sociedad verdaderamente libre, no caben medias tintas ni disidentes entre los “demócratas”; o estas conmigo o estas contra mí; o eres un defensor del capitalismo liberal o eres un anti-demócrata. Por eso los partidos de izquierdas mayoritarios en las sociedades occidentales (partidos socialdemócratas) han tenido que abrazar el capitalismo, así como los sistemas socialistas que se han desarrollado a lo largo del mundo, con su renuncia del capitalismo, nos dicen, tuvieron también que renunciar a la democracia. No había, ni hay, posibilidad de un punto intermedio; esa es la idea que fluye incesante a nuestro alrededor.
VI
Es decir, no se puede pretender que haya un sistema político y social que renegando del capitalismo sea también intrínsecamente democrático, así como, en consecuencia, no se puede pretender que haya personas que renegando del capitalismo puedan ser intrínsecamente demócratas. Capitalismo y democracia -nos dicen- son los dos pilares ideológicos capaces de traer prosperidad y libertad sin precedentes al mundo, y todo lo que no sea una combinación eficiente de ambos factores es un error, pues cualquier otro modelo político, económico y social está condenado al fracaso, amén de atentar directamente contra las libertades de los ciudadanos. Esta es la idea que desde el poder establecido se hace llegar a la ciudadanía. De esta manera, mediante esa identificación que la población hace de la libertad con la democracia burguesa, así como de la democracia burguesa con el capitalismo, las clases dominantes se garantizan que finalmente se acabe por vincular la idea de libertad con el capitalismo y, consecuentemente, que los ataques al capitalismo sean interpretados por los individuos receptores de tal mensaje como si directamente se tratasen de ataques a los derechos y las libertades individuales de sus personas. Con ello, lo que en origen no es más que un ataque a los intereses políticos y económicos de una clase dominante, para más inri en favor de los intereses de las clases dominadas (la inmensa mayoría social), acaba por ser concebido por parte de los miembros de las clases dominadas como un ataque a los intereses particulares del ciudadano, como un ataque, por tanto, a sus propios intereses individuales, en la máxima expresión de ese vinculo, degradante pero emocional, que es la alienación, y que en última instancia tiene como consecuencia que los ciudadanos de las clases dominadas acaben por vincular sus intereses particulares con los intereses de las clases dominantes, alcanzándose así el objetivo buscado por las clases dominantes en su afán por perpetuarse en el poder social, político y económico.
VII
Pero este objetivo, a diferencia lo que sería deseable para los valores liberales que tanto dicen defender, no se consigue dejando los flujos ideológicos, la consciencia ciudadana acerca del ideal democrático, a la deriva de ninguna “mano invisible”. Este objetivo se consigue mediante un plan de acción perfectamente orquestado y diseñado para llegar a alcanzar tal meta. En ello los medios de comunicación de masas, propiedad de la alta burguesía de manera directa o indirecta, juegan un papel fundamental, actuando como elementos reguladores del “mercado ideológico”, es decir, garantizando que los ciudadanos adecuen sus demandas democráticas a la única oferta que es presentada como válida para tal sector ideológico: el consumismo-capitalismo. Y es que hay cosas que no se pueden dejar al capricho de la ley de la oferta y la demanda, pues sabido es que los ciudadanos demandan justicia, igualdad y libertades, mientras que el capitalismo lo que les ofrece es explotación, reparto desigual de la riqueza y sumisión. Si la regulación de este mercado se dejase al amparo de la libre competencia y la mano invisible del mercado, los ciudadanos tratarían de buscar aquellos otros productos, que los hay, que puedan adecuarse mejor a sus demandas ideológicas. Pero como en el producto capitalista no existe una relación real entre lo que los “clientes” demandan, y lo que le es ofrecido por los ofertantes, surge la necesidad de intervenir en el mercado para re-direccionarlo hacia la senda prefijada de antemano por los capitalistas, corrigiendo así las potenciales fallas que se pueden generar una vez la población trabajadora entendiese con meridiana claridad cómo funciona el capitalismo y quiénes son los beneficiados/perjudicados por ello (¿pues qué ocurriría si la población tomase consciencia de que el socialismo les ofrece justo aquello que ellos demandan a la democracia: justicia, igualdad y libertades?, acaso, por mor de la tan traída y llevada mano invisible ¿no se decantarían los ciudadanos por esta opción en lugar de por el producto capitalista que les ofrece justo lo contrario de lo que ellos demandan?).
Los medios de comunicación de masas se constituyen de esta manera como órganos reguladores del mercado ideológico-democrático, cuya finalidad no es otra que evitar posibles desviaciones del mismo hacia un sendero no deseado por las clases dominantes, hacia un mercado dominado por las ventas de los productos de la competencia (la democracia socialista, por ejemplo). Entre las competencias que estos órganos reguladores poseen, se encuentra la de poder influir sigilosamente sobre el comportamiento y el pensamiento de las personas, modificando sus modos de vida, sus elecciones racionales, sus costumbres, sus hábitos consumo, así como la de actuar directamente en la formación de eso que muy astutamente han venido a denominar como “opinión pública”. Y es ahí, precisamente ahí, en la formación intencional de la “opinión pública” por parte de los medios de comunicación de masas, donde capitalismo y democracia se presentan al ciudadanos como una misma y única cosa, donde, en consecuencia, los ciudadanos de las clases dominadas hacen suyos los intereses de las clases dominantes, vinculándolos, para ejercer su defensa consciente o inconsciente, con el ideal democrático, con su natural búsqueda de libertades y de reconocimiento, donde el producto ideológico-democrático capitalista se presenta como el único producto ofertado realmente en el mercado para aquellos ciudadanos que están demandando este tipo de productos democráticos (es decir, para aquellos ciudadanos que quieren vivir en una verdadera democracia).
De esta manera los capitalistas monopolizan el “mercado de la ideología democrática” y obligan al pueblo, mediante el engaño y la manipulación de la publicidad asociada con los productos de la competencia, a no tener otra opción que la adquisición del producto que ellos les ofrecen. La función reguladora de los medios de comunicación de masas es, por tanto, la de garantizar la perpetuación de este monopolio, evitando que puedan surgir algunos otros productos que, ajustándose mejor a las demandas ciudadanas, puedan quitarle la clientela y dar un vuelco a la situación del mercado, con los consecuentes cambios en la esfera política y económica que ello conllevaría. Si sólo el capitalismo es presentado como un producto democrático, si se logra convencer de que capitalismo y democracia son una única e inseparable cosa, los ciudadanos que demandan democracia no querrán ni oír hablar de otros productos (el socialismo, por ejemplo), pues los consideraran productos no democráticos, excluidos de tal mercado ideológico, de la misma manera que el que demanda la compra de un coche no ve a las empresas fabricantes de utensilios de cocina como competidoras de las empresas de coches, pues los identifica con dos sectores de mercado diferentes. El socialismo, en este caso, no es un producto del “sector mercantil ideológico-democrático”, y, por tanto, no es un competidor para el capitalismo en este terreno, muy al contrario no es presentado como el representante de ese otro sector mercantil, para nada demandado por la población, vinculado con el autoritarismo, la dictadura y la falta de derechos y libertades individuales sólo presentes en el producto democrático. Los medios de comunicación de masas diferencian así entre lo “democrático” (el capitalismo) y lo “no democrático” (lo demás), sabedores de que los ciudadanos que se mueven dentro del mercado ideológico actual lo que están demandando de manera mayoritariamente abrumadora son tan sólo productos democráticos, rechazando de pleno los no democráticos. El monopolio, el secuestro del mercado ideológico-democrático por parte de los capitalistas, está garantizado. El socialismo pasa a ser un producto no democrático, como cualquier otro modelo político democrático que pudiera plantearse y que no sea el capitalista.
Por otro lado, al ser percibidos por el sujeto estos medios de información como portadores de verdades objetivas, especialmente en sus apartados informativos de noticias, las afirmaciones, patrones culturales o códigos simbólicos que de ellos emanan, son aceptados como si de la verdad en sí misma se tratase, como si no fuera posible dudar de su validez. Es muy importante este punto, ya que es necesario que el ciudadano confíe plenamente en la veracidad del medio que le da una determinada información para que la estrategia manipuladora pueda tener éxito. De lo contrario la intervención reguladora del medio de comunicación de masas en el mercado ideológico puede resultar un auténtico fracaso, no impidiendo la deriva de la demanda hacia otros modelos alternativos de oferta no capitalistas. Véase, por ejemplo, el caso actual de Venezuela, donde grandes masas apoyan un proceso revolucionario de corte socialista, y donde casualmente una mayoría ciudadana declara no confiar en los medios de comunicación (casi un 60% entre ciudadanos que dicen tener poca o ninguna confianza en los medios, según una encuesta reciente), con la consecuente dificultad que estos medios encuentran para la regulación del mercado ideológico, la dificultad para engañar y manipular a la población con sus informaciones a modo como lo hacían antaño, y como lo hacen actualmente en la inmensa mayoría de países capitalistas. En los países plenamente capitalistas lo que se dice en los espacios informativos de los medios de comunicación es palabra de Dios. Los medios de comunicación son como la Biblia de la nueva religión consumista-capitalista, ese lugar donde se encuentra la verdad revelada e indudable, salvo para el ateo. Así se consigue que esto influya con seguridad sobre la manera de actuar o de pensar de las personas, pues con ello se logra modificar la forma en que los hombres conocen y comprenden la realidad que los rodea. El sujeto acepta como reales y considera importantes sólo aquellos acontecimientos que muestran las cámaras de televisión, que son elementos de portada en los diarios principales, o que ocupan espacios en las tertulias radiofónicas. Se convierte al sujeto en un miembro más de la cultura de masas, a la vez que se le va manipulando la información según interese a los propietarios de dichos medios, que no son otros que los propios miembros integrantes de las clases más favorecidas de la sociedad. Toda información política o económica que reciban a través de ellos irá siempre en la línea de relacionar en una misma cosa capitalismo y democracia. En definitiva, mediante esta estrategia de los medios de comunicación de masas se interviene en el mercado ideológico-democrático para garantizar el monopolio consumista-capitalista y evitar así que la mano invisible del mercado pueda hacer que la demanda ciudadana pueda pasar desde la adquisición del producto ofertado por el consumismo-capitalismo a la adquisición de productos de otro tipo más acordes a la demanda ideológica de las mayorías sociales, por ejemplo el producto vinculado con el ideal democrático de las sociedades socialistas.
VIII
Además, para ello, para que esta estrategia pueda tener efectos visibles en la realidad socio-política concreta de un determinado estado, los medios de comunicación de masas generan continuamente matrices de opinión que deben ser aceptadas (y de hecho lo son) como una verdad indudable por parte de la ciudadanía. Para generar una matriz de opinión se requiere comunicar masivamente, todos los días y en todos los periódicos, emisoras de radio y TV posibles, de una determinada comunidad, una idea o un pensamiento específico (sin importar que sea una simple conjetura o especulación) con el tono y de la forma conveniente para que las personas de dicha comunidad, al ser bombardeados de manera incesante por los medios de comunicación, crean vehementemente en ello hasta el punto de ni siquiera preguntarse si será cierto o no. En pocas palabras, tal y como dice el proverbio popular: “Una mentira dicha mil veces, se convierte en verdad” [1] . Es decir, cuando existe algún tipo de acontecimiento social, político, económico o mediático en el mundo que pueda poner en peligro el normal funcionamiento de los intereses de las clases dominantes, la transmisión de información es puesta inmediatamente al servicio de la defensa de estos intereses, haciéndose llegar los hechos a la ciudadanía de tal manera que no supongan problema alguno para los objetivos propuestos en su modelo ideal de sociedad por las clases dominantes, cuando no directamente siendo silenciados (en caso de no poder ser convenientemente manipulados) o interpretados de tal forma que acaban siendo banalizados y puestos al servicio de sus intereses. Una misma noticia puede ser tratada en aparente pluralidad por diversos medios de comunicación que, también en apariencia, responden a diferentes orientaciones políticas, y, sin embargo, estar diciéndote una misma cosa sobre un determinado tema, tal cual es el interés de las clases dominantes en relación con ese tema. La supuesta pluralidad de los medios no es tal cuando de defender los intereses políticos y sociales de las clases dominantes se trata. Por más que los matices que se den en los diferentes medios acerca de determinadas informaciones (que puedan poner en peligro el funcionamiento de la sociedad consumista-capitalista o los intereses políticos de las clases dirigentes) puedan ser de una manera u otra, el análisis de fondo es siempre el mismo;, es decir, aquel que le interese a los propietarios de los medios de comunicación, aquel que defienda los intereses de las clases dominantes que son propietarias de tales medios (Esto vale tanto para los medios privados como para los públicos, puesto que en un estado gobernado por partidos políticos pro capitalistas, el interés del propietario del medio de comunicación público, es decir, el interés del estado, es igualmente el interés de las clases dominantes que detentan el poder real del mismo). Y la matriz de opinión que identifica democracia con capitalismo es la más constante de todas cuantas son lanzadas por estos medios de comunicación de masas, pues es ella el soporte en que se amparan las matrices de opinión de contenidos concretos que vienen y van por estos medios a medida que la situación política, económica y social de la actualidad mediática lo va requiriendo.
IX
La divergencia informativa puede existir, por tanto, en temas políticos o sociales que afecten a un nivel interno la vida de un determinado país capitalista, donde partidos conservadores y socialdemócratas se alternen en el poder, pero se anula por completo cuando lo que está en juego es la defensa del sistema socio-económico vigente o los intereses de las clases dominantes que lo publicitan y sustentan. Por ejemplo, en el caso concreto del estado español, los diferentes medios de comunicación pueden diferir entre ellos al tratar asuntos relacionados con la política partidista interna, y unos pueden estar más cercanos al PP y otros al PSOE, se podrán enfrentar entonces en guerras mediáticas en asuntos como la “teoría de la conspiración del 11-M” o temas similares, pero, sin embargo, todos estos medios defenderán siempre la misma matriz de opinión cuando de temas relacionados con los procesos revolucionarios que se están dando en países como Venezuela, Ecuador, Bolivia, Cuba, etc., se trata (países donde los grupos oligárquicos que controlan los medios de comunicación españoles tienen intereses económicos que son cuestionados y puestos en peligro por estos gobiernos revolucionarios). Unos podrán darle un matiz a la información y otros le darán matices diferentes, ser más o menos agresivos con su tratamiento, pero todos, absolutamente todos, defenderán la idea de que estos procesos y sus líderes son intrínsecamente malos, y por ello negativos respecto del modelo socio-político que existe en el estado español. Así, si algunos de estos estados decide tomar algún tipo de decisión política que afecte a los intereses de las multinacionales españolas que operan en esas naciones, absolutamente todos estos medios darán un tratamiento a la información que presente al líder político en cuestión como un sujeto detestable, autoritario y corrupto, un gobernante que está atacando de manera déspota los intereses de todos los ciudadanos del estado español, pero ninguno de ellos entrará a valorar si realmente estas decisiones responden a una necesidad del estado en cuestión que va a tener una repercusión positiva en la calidad de vida y el bienestar de sus ciudadanos, o si son una reacción frente a las prácticas abusivas de las multinacionales españolas en esos países. El juicio ya está escrito de antemano y es presentado al ciudadano del estado español como una verdad indudable.
Un ejemplo evidente de esta estrategia lo podemos encontrar en el tratamiento que los medios de comunicación españoles dieron al enfrentamiento verbal que protagonizaron el presidente de la República Bolivariana de Venezuela (Hugo Chávez) y el actual jefe del estado español (Juan Carlos de Borbón). En todos los medios de comunicación españoles generalistas de radio, prensa y televisión, aún cuando pudieran darle un matiz u otro a la información, el tratamiento fue el mismo. Aún cuando es evidente que el Señor Borbón (qué se sepa jamás fue votado por nadie) actuó de una manera absolutamente impropia para lo que se debe esperar en un Jefe de Estado, mandando a callar de manera absolutamente tabernera al jefe de estado de Venezuela (votado por más del 60% de los venezolanos que participaron en las elecciones presidenciales), fue el señor Chávez quien fue en todo momento tratado como un tirano, un déspota, un dictador, un represor y un opresor de su pueblo, mientras que el Rey de España (por la gloria de Franco) fue en todo momento ensalzado y revalorizado como defensor de la libertad y máximo exponente de la democracia. Da igual el medio de comunicación –de entre los tradicionales y mayoritarios- que escogiésemos en aquellos días, el trato fue absolutamente el mismo: el uno –Chávez- es un dictador irrespetuoso, el otro –Juan Carlos Borbón- un demócrata de toda la vida. Sin embargo, curiosidades de la vida, el dictador fue elegido por el pueblo en libre votación, mientras el demócrata fue escogido a dedo por un caudillo fascista y nunca más cuestionado en su cargo. Pero como los medios de comunicación sólo dicen verdades y dan un tratamiento objetivo de la información, esta fue la idea que caló de manera absolutamente generalizada entre los ciudadanos del estado español. Nuevamente la dualidad capitalismo-democracia, en este caso representada en la figura del Rey de España, salía victoriosa de cara a la “opinión pública” frente a esos otros valores dictatoriales y antidemocráticos que representa Chávez. Igual que en este suceso, ocurre con cualquiera de la información que desde estos medios diversos, ya sean cercanos al PP o cercanos al PSOE, ya sean más o menos conservadores o “progresistas”, se da sobre Chávez o cualquier otro líder revolucionario mundial, como se puede comprobar con el tratamiento que se dio a la información en los sucesos del golpe de estado de Abril de 2002 en Venezuela, en el “cierre” de la cadena de televisión RCTV, los acontecimientos del paro petrolero de 2003, la campaña para el referéndum de reforma constitucional del 2 de Diciembre de 2007, o, más recientemente, los sucesos acontecidos en Bolivia y el referéndum constitucional en Ecuador, por no hablar de cualquier información que tenga como contenido a Cuba.
X
Además de esto, los medios de comunicación de masas son utilizados también por las clases dominantes para mantener entretenidos a los ciudadanos y alejados de pensamientos críticos y de potenciales deseos de cambios políticos amplios en el sistema socio-económico vigente. No sólo se difunde a través de ellos toda matriz de opinión relacionada con la vinculación entre capitalismo y democracia como si de verdades absolutas en sí mismas se tratasen, sino que además se proporciona al espectador, lector u oyente –especialmente en el medio con mayor repercusión social: la televisión- una programación de baja calidad cultural, de nula estimulación crítica y de absoluta falta de consideración revolucionaria, para que nada de esto pueda poner en duda la veracidad de la información emitida mediante las diversas matrices de opinión. Como bien dice José Javier Esparza [2] , autor que no es precisamente sospechoso de ser de izquierdas, con los medios de comunicación de masas “ No sólo no se ha accedido al conocimiento del mundo, sino que cuanto más se pretende aumentar la audiencia de un mensaje, menor es el nivel cultural de éste. Existe una proporción inversa entre la altura de los mensajes culturales y la cantidad de audiencia posible. Cuanto más elevado es el mensaje, menor es el número de gente que lo comprende. Cuanto más audiencia se quiera tener, menor habrá de ser el nivel del mensaje (…) El resultado lo conocemos bien: pesa más, cuantitativamente, la opinión de un actor o un presentador de concursos, que la de un catedrático, un filósofo o un científico, y no en razón de la personalidad del sujeto, sino en razón de su función social, que es la amable tarea de divertir al personal. ”. ¿Será acaso que es precisamente eso lo que se busca con los medios de comunicación de masas?
La respuesta me parece evidente: los medios de comunicación de masas en esta sociedad nuestra consumista-capitalista, donde reina por doquier, según nos cuentan, la democracia plena y la libertad, no sólo manipulan y engañan (regulan el mercado ideológico), sino que, además, y tal vez sea esto lo que resulta más preocupante (pues es la base sobre la cual se puede alegremente engañar y manipular al personal) idiotizan. Sólo los idiotas se pueden dejar engañar y manipular sin rechistar, salvo que previamente nos hayamos dejado llevar por la confianza, lo cual, viendo como está el panorama, sería aún más preocupante que ser un idiota total y no saberlo. ¿O cómo llamarían ustedes a quienes todavía hoy siguen confiando en los medios de comunicación como fuentes imparciales de la verdad objetiva? Yo les pondría el mismo calificativo que a aquellos que siguen pensando que capitalismo y democracia son una única y misma cosa, del todo inseparable, aquellos que siguen creyendo que en el mercado de la “ideología democrática” tan sólo existe un único producto que es el capitalista. Como poco “inocentes”.
[1] http://www.aporrea.org/actualidad/a7120.html
[2] José Javier Esparza. Contradicciones y abismo de la comunicación de masas. Pueden encontrarlo aquí : http://foster.20megsfree.com/102.htm
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¿Democracia es igual a Capitalismo? El papel de los Medios de comunicación de masas
5. Octubre 2008 por admin.
I
Democracia: poder del pueblo. Democracia: separación de poderes. Democracia: igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. Democracia: garantía de los derechos y libertades fundamentales de los ciudadanos. Democracia: respeto de los derechos humanos. Democracia: respeto a la voluntad de los ciudadanos. Democracia: respeto por la pluralidad y la diversidad cultural y política. Todo esto es, debe ser, necesariamente la democracia. La democracia no es sólo tener una constitución que garantice las libertades individuales, ni dar el voto cada cuatro años a los ciudadanos. Tampoco es democracia tener un sistema de garantías jurídicas que quede escrito negro sobre blanco. La democracia es tener eso, sí, pero no para adornar las estanterías de los más lujosos armarios ubicados en los lugares más señalados de las instituciones del estado, sino para que los ciudadanos puedan hacer buen uso de ello. La democracia es tener todo eso –derechos y libertades individuales- pero para poder aplicarlo también por ley en favor de los derechos y la voluntad del pueblo, en favor de la igualdad de oportunidades y el escrupuloso respeto a la ley, que a su vez debe guardar un escrupuloso respeto por los derechos humanos. La democracia, por tanto, no debiera ser entendida como un sistema político más, sino más bien como la natural expresión del hombre como ser social, en su afán de buscar el reconocimiento de sus derechos y el respeto a su libertad, así como la garantía de su plena existencia entre sus conciudadanos. Esto nos lleva a preguntarnos hasta qué punto son compatibles el consumismo-capitalismo actual, tal y como se viene desarrollando, con la democracia. Parece evidente que un sistema sociopolítico como el nuestro, donde una clase dirigente controla y maneja todos los resortes del poder político y económico, a la vez que impone un modelo de producción explotador, así como un modo de vida y de pensamiento alienado para las clases no dirigentes, difícilmente puede casarse con un concepto amplio de democracia. No seré yo ni el primero ni el último que defienda esta perspectiva (1, 2, 3). Como bien dice G.K. Chesterton en su texto “Democracia y Capitalismo” “la modernidad no es democracia. La maquinaria industrial no es democracia. Dejar todo en manos del comercio y el mercado no es democracia. El capitalismo no es democracia. Está más bien en contra de la democracia por su sustancia y sus tendencias”.
II
Pero, sin embargo, si hay algo donde la idea de libertad ha quedado arraigada con fuerza en la mente de los ciudadanos de esta sociedad consumista-capitalista, donde con más virulencia desde el poder establecido se ha pretendido hacer llevar al pueblo la idealización de una verdadera libertad, eso es, sin duda, mediante su vinculación con la supuesta democracia reinante en el capitalismo. La democracia es, a día de hoy, el valor fetiche por excelencia para lanzar a las masas en defensa del sistema socio-político y económico establecido. Democracia y capitalismo se presentan siempre como una misma cosa, como una misma dualidad de términos inseparables el uno del otro, tanto que se hace creer que no puede haber capitalismo sin democracia ni, por supuesto, democracia sin capitalismo. No quieran buscar ustedes un sistema político y social que respete la libertad del individuo, la democracia, más allá del ámbito capitalista, pues no conseguirán, según nos dicen, encontrarlo.
III
Sin embargo, el propio profeta del capitalismo Francis Fukuyama en su famoso libro “El fin de la historia y el último hombre” ya reconoce que el capitalismo donde mejor y más eficientemente ha funcionado ha sido en aquellos países donde la libertad individual brillaba por su ausencia[1]. Países como el Chile de Pinochet, o los grandes tigres asiáticos (Corea del Sur, Taiwán, Singapur, Hong Kong, Tailandia, Malasia, Indonesia, etc.) pudieron tener el vertiginoso aumento en los índices económicos que tuvieron, gracias, sobre todo, a que eran países gobernados por regímenes autoritarios, donde los gobernantes imponían sus medidas capitalistas con mano de hierro, y donde las clases trabajadoras no tenían ningún tipo de derechos laborales, ni de garantías sociales. A eso, a sacar tajada de la explotación casi esclavista de las condiciones de vida y trabajo de la población, lo llamaron los economistas “el milagro asiático”. Cada uno de estos países que durante décadas se presentaron al mundo como ejemplo de la superioridad moral, política y económica del capitalismo frente al socialismo (por el vertiginosos crecimiento económico que desarrollaron en un breve periodo de tiempo) tuvo, o aún tiene, un gobierno autoritario. Corea del Sur, por ejemplo, tuvo un régimen militar. Singapur un dictador con un partido de estado. Tailandia y Malasia han tenido sendas monarquías autoritarias. Indonesia durante más de cuatro décadas ha sido gobernada también por un dictador. Taiwán igualmente tuvo un gobierno autoritario que gobernó el país por más de cinco décadas. Arabia Saudita, Kuwait, o la misma China de hoy (convertida en este sentido, aún con sus peculiaridades, en un país prácticamente capitalista), son también buena muestra de cuan efectivo puede ser combinar en un mismo cóctel capitalismo y ausencia de libertades y derechos de la población. Sin un sistema legal que regule las condiciones laborales, un sistema de regulación jurídica que imponga unos mínimos legales a respetar por los propietarios de los medios de producción, el capitalismo tiene vía libre para desarrollarse, pues los costes de producción serán cada vez menores mientras que los beneficios, en consecuencia, sobre todo si los productos generados por esa economía están destinados a la exportación, serán cada vez mayores. Pero esta evidente combinación entre progreso capitalista y totalitarismo no es óbice para que desde el poder establecido se siga haciendo llegar a la población occidental la idea de que capitalismo y democracia son una misma cosa.
IV
Y aunque las clases dominantes pueden llegar a admitir que tal vez existan países que siendo capitalistas no son democráticos, lo que nunca, lo que bajo ningún concepto, llegarán a aceptar, es que la ciudadanía puedan creer que existan países que siendo democráticos no sean capitalistas. Todo país democrático, nos dicen, debe ser inevitablemente capitalista. Más allá de capitalismo liberal no puede existir la democracia. Por ello, todo aquel país que ose criticar el normal funcionamiento del sistema capitalista, aun cuando lo haga partiendo de la llegada al poder de sus dirigentes por la vía del sistema parlamentario tradicional, es automáticamente calificado de antidemocrático (El Chile de Allende,la Venezuela de Chávez, el Ecuador de Correa, la Bolivia de Morales, la Nicaragua de Ortega, la España de la segunda república, etc.). Sus líderes son tachados de totalitarios, y sus revoluciones presentadas al pueblo como un ataque directo a la libertad, los derechos y las aspiraciones de los ciudadanos. No importa si esos países se anclan sobre la base de un ordenamiento jurídico absolutamente respetuoso con las libertades individuales, o si sus altos cargos han sido elegidos por un proceso de sufragio universal libre. Tampoco es importante si respetan la pluralidad política e ideológica, la división de poderes o si, en concordancia con la idea de la democracia como “poder del pueblo”, están tratando de desarrollar modelos de representatividad del poder que acerquen el funcionamiento de las instituciones a la actividad del pueblo. El simple hecho de cuestionar el sistema liberal burgués los excluye automáticamente del mundo democrático. Así no es dicho.
V
La democracia se identifica por ende con el modelo liberal burgués capitalista, y todo aquello cuanto no entre dentro de estos límites queda desplazado automáticamente hacia el terreno de lo antidemocrático. Nadie que aspire a ser considerado demócrata se atreverá a cuestionar en público la democracia burguesa, a repudiarla o a situarla como régimen enmarcado dentro de unos intereses de clasey destinado a responder a tales intereses. Quién ose hacer tal cosa será ridiculizado, apartado, denigrado, presentado en última instancia como un enemigo de la libertad.Los disidentes, insurrectos o descontentos “oficiales” creen tener apenas el derecho de hacer enmiendas a la democracia burguesa. Reproches a la democracia, paños calientes, retoques para mejorar su funcionamiento, reformas incipientes o discretas a ella para moderar sus iniquidades sociales o hacer más llevaderos sus abusos. De allí no pasa la crítica si uno quiere seguir formando parte del selecto grupo de los “demócratas”. Todo el mundo tiene que reconocer que la democracia política y el capitalismo son inseparables la una del otro, y, ambos, en conjunto, los pilares de una sociedad verdaderamente libre, no caben medias tintas ni disidentes entre los demócratas; o estas conmigo o estas contra mí; o eres un defensor del capitalismo liberal o eres un anti-demócrata. Por eso los partidos de izquierdas mayoritarios en las sociedades occidentales (partidos socialdemócratas) han tenido que abrazar el capitalismo, así como los sistemas comunistas que se han desarrollado a lo largo del mundo, con su renuncia del capitalismo, nos dicen, tuvieron también que renunciar a la democracia. No había, ni hay, posibilidad de un punto intermedio; esa es la idea que fluye incesante a nuestro alrededor.
VI
Es decir, no se puede pretender que haya un sistema político y social que renegando del capitalismo sea también intrínsecamente democrático, así como, en consecuencia, no se puede pretender que haya personas que renegando del capitalismo puedan ser intrínsecamente demócratas. Capitalismo y democracia -nos dicen- son los dos pilares ideológicos capaces de traer prosperidad y libertad sin precedentes al mundo, y todo lo que no sea una combinación eficiente de ambos factores es un error, pues cualquier otro modelo político, económico y social está condenado al fracaso, amén de atentar directamente contra las libertades de los ciudadanos. Esta es la idea que desde el poder establecido se hace llegar a la ciudadanía. De esta manera, mediante esa identificación que la población hace de la libertad y la democracia, así como de la democracia con el capitalismo, las clases dominantes se garantizan que finalmente se acabe por vincular la idea de libertad con el capitalismo y, consecuentemente, que los ataques al capitalismo sean interpretados por los individuos receptores de tal mensaje como si directamente se tratase de ataques a la libertad individual de sus personas. Con ello, lo que en origen no es más que un ataque a los intereses políticos y económicos de una clase dominante, acaba por ser concebido por parte de los miembros de las clases dominadas como un ataque a los intereses particulares del ciudadano, en la máxima expresión de ese vinculo, degradante pero emocional, que es la alienación, y que en última instancia tiene como consecuencia que los ciudadanos de las clases dominadas acaben por vincular sus intereses particulares con los intereses de las clases dominantes, alcanzándose así el objetivo buscado por las clases dominantes en su afán por perpetuarse en el poder social, político y económico.
VII
Pero este objetivo no se consigue dejando los flujos ideológicos a la deriva de ninguna mano invisible. En ello los medios de comunicación de masas, propiedad de la alta burguesía de manera directa o indirecta, juegan un papel fundamental. Los medios de comunicación de masas, por ejemplo, influyen sobre el comportamiento y el pensamiento de las personas, modificando sus modos de vida, sus elecciones racionales, sus costumbres, sus hábitos consumo, así como actúan directamente en la formación de lo que se denomina como “opinión pública”. Es ahí, en la formación intencional de la “opinión pública”, precisamente ahí, donde capitalismo y democracia se presentan como una misma y única cosa, donde los ciudadanos de las clases dominadas hacen suyos los intereses de las clases dominantes, vinculándolos, para ejercer su defensa consciente o inconsciente, con el ideal democrático. Al ser percibidos por el sujeto común estos medios de información como portadores de verdades objetivas, especialmente en sus apartados informativos de noticias, las afirmaciones, patrones culturales o códigos simbólicosque de ellos emanan, son aceptados como si se tratase de la verdad en sí misma, como si no fuera posible dudar de su validez. Lo que se dice en los informativos de los medios de comunicación es palabra de Dios. Los medios de comunicación son como la Biblia de la nueva religión consumista-capitalista. Así se consigue que esto influya con seguridad sobre la manera de actuar o de pensar de las personas, pues con ello se logra modificar la forma en que los hombres conocen y comprenden la realidad que los rodea. El sujeto acepta como reales y considera importantes sólo aquellos acontecimientos que muestran las cámaras de televisión, que son elementos de portada en los diarios principales, o que ocupan espacios en las tertulias radiofónicas. Se convierte al sujeto en un miembro más de la cultura de masas, a la vez que se le va manipulando la información según interese a los propietarios de dichos medios, que no son otros que los propios miembros integrantes de las clases más favorecidas de la sociedad. Toda información política o económica que reciban a través de ellos irá siempre en la línea de relacionar en una misma cosa capitalismo y democracia.
VIII
Además, para ello, los medios de comunicación de masas generan matrices de opinión que deben ser aceptadas (y de hecho lo son) como una verdad indudable por parte de la ciudadanía. Para generar una matriz de opinión se requiere comunicar masivamente, todos los días y en todos los periódicos, emisoras de radio y TV posibles, de unadeterminada comunidad, una idea o un pensamiento específico (sin importarque sea una simple conjetura o especulación) con el tono y de la formaconveniente para que las personas de dicha comunidad, al ser bombardeados demanera incesante por los medios de comunicación, crean vehementemente enello hasta el punto de ni siquiera preguntarse si será cierto o no. En pocaspalabras, tal y como dice el proverbio popular: “Una mentira dicha milveces, se convierte en verdad”[2]. Es decir, cuando existe algún tipo de acontecimiento social, político, económico o mediático en el mundo que pueda poner en peligro el normal funcionamiento de los intereses de las clases dominantes, la transmisión de información es puesta inmediatamente al servicio de la defensa de estos intereses, haciéndose llegar los hechos a la ciudadanía de tal manera que no supongan problema alguno para los objetivos propuestos en su modelo ideal de sociedad por las clases dominantes, cuando no directamente siendo silenciados (en caso de no poder ser convenientemente manipulados) o interpretados de tal forma que acaban siendo banalizados y puestos al servicio de sus intereses. Una misma noticia puede ser tratada en aparente pluralidad por diversos medios de comunicación que, también en apariencia, responden a diferentes orientaciones políticas, y, sin embargo, estar diciéndote una misma cosa sobre un determinado tema, tal cual es el interés de las clases dominantes en relación con ese tema. La supuesta pluralidad de los medios no es tal cuando de defender los intereses políticos y sociales de las clases dominantes se trata. Por más que los matices que se den en los diferentes medios puedan ser de una manera u otra, el análisis de fondo de determinadas informaciones que puedan poner en peligro el funcionamiento de la sociedad consumista-capitalista es siempre el mismo. Y la matriz de opinión que identifica democracia con capitalismo es la más constante de todas cuantas son lanzadas por estos medios de comunicación de masas, pues es ella el soporte en que se amparan las matrices de opinión de contenidos concretos que vienen y van por estos medios a medida que la situación política, económica y social de la actualidad mediática lo va requiriendo.
IX
La divergencia informativa puede existir en temas políticos o sociales que afecten a un nivel interno la vida de un determinado país capitalista, donde partidos conservadores y socialdemócratas se alternen en el poder, pero se anula por completo cuando lo que está en juego es la defensa del sistema socio-económico vigente o los intereses de las clases dominantes que lo publicitan y sustentan. Por ejemplo, en el caso del estado español, los diferentes medios de comunicación pueden diferir entre ellos al tratar asuntos relacionados con la política partidista interna, y unos pueden estar más cercanos al PP y otros al PSOE, se podrán enfrentar entonces en guerras mediáticas en asuntos como la “teoría de la conspiración del 11-M” o temas similares, pero, sin embargo, defenderán siempre la misma matriz de opinión cuando de temas relacionados con los procesos revolucionarios que se están dando en países como Venezuela, Ecuador, Bolivia, Cuba, etc., se trata (países donde los grupos oligárquicos que controlan los medios de comunicación españoles tienen intereses económicos que son cuestionados y puestos en peligro por estos gobiernos revolucionarios). Unos podrán darle un matiz a la información y otros le darán matices diferentes, ser más o menos agresivos con su tratamiento, pero todos, absolutamente todos, defenderán la idea de que estos procesos y sus líderes son intrínsecamente malos, y por ello negativos respecto del modelo socio-político que existe en el estado español. Si algunos de estos estados decide tomar algún tipo de decisión política que afecte a los intereses de las multinacionales españolas que operan en esas naciones, absolutamente todos estos medios darán un tratamiento a la información que presente al líder político en cuestión como un sujeto detestable, autoritario y corrupto, un gobernante que está atacando de manera déspota los intereses de todos los ciudadanos del estado español, pero ninguno de ellos entrará a valorar si realmente estas decisiones responden a una necesidad del estado en cuestión, o a una reacción frente a las prácticas abusivas de las multinacionales españolas en esos países. El juicio ya está escrito de antemano y es presentado al ciudadano del estado español como una verdad indudable. Un ejemplo evidente de esta estrategia lo podemos encontrar en el tratamiento que los medios de comunicación españoles dieron al enfrentamiento verbal que protagonizaron el presidente de la República Bolivariana de Venezuela (Hugo Chávez) y el actual jefe del estado español (Juan Carlos de Borbón). En todos los medios de comunicación españoles generalistas de radio, prensa y televisión, aún cuando pudieran darle un matiz u otro a la información, el tratamiento fue el mismo. Aún cuando es evidente que el Señor Borbón (qué se sepa jamás fue votado por nadie) actuó de una manera absolutamente impropia para lo que se debe esperar en un Jefe de Estado, mandando a callar de manera absolutamente tabernera al jefe de estado de Venezuela (votado por más del 60% de los venezolanos que participaron en las elecciones presidenciales), fue el señor Chávez quien fue en todo momento tratado como un tirano, un déspota, un dictador, un represor y un opresor de su pueblo, mientras que el Rey de España (por la gloria de Franco) fue en todo momento ensalzado y revalorizado como defensor de la libertad y máximo exponente de la democracia. Da igual el medio de comunicación –de entre los tradicionales y mayoritarios- que escogiésemos en aquellos días, el trato fue absolutamente el mismo: el uno –Chávez- es un dictador irrespetuoso, el otro –Juan Carlos Borbón- un demócrata de toda la vida. Sin embargo, curiosidades de la vida, el dictador fue elegido por el pueblo en libre votación, mientras el demócrata fue escogido a dedo por un caudillo fascista y nunca más cuestionado en su cargo. Pero como los medios de comunicación sólo dicen verdades y dan un tratamiento objetivo de la información, esta fue la idea que caló de manera absolutamente generalizada entre los ciudadanos del estado español. Nuevamente la dualidad capitalismo-democracia, en este caso representada en la figura del Rey de España, salía victoriosa de cara a la “opinión pública” frente a esos otros valores dictatoriales y antidemocráticos que representa Chávez. Igual que en este suceso, ocurre con cualquiera de la información que desde estos medios diversos, ya sean cercanos al PP o cercanos al PSOE, ya sean más o menos conservadores o “progresistas”, se da sobre Chávez o cualquier otro líder revolucionario mundial, como se puede comprobar con el tratamiento que se dio a la información en los sucesos del golpe de estado de Abril de 2002, en el “cierre” de la cadena de televisión RCTV, los acontecimientos del paro petrolero de 2003, la campaña para el referéndum de reforma constitucional del 2 de Diciembre de 2007, o más recientemente los sucesos acontecidos en Bolivia o el reciente referéndum constitucional en Ecuador, por no hablar de cualquier información que tenga como contenido a Cuba.
X
Además de esto, los medios de comunicación de masas son utilizados también por las clases dominantes para mantener entretenidos a los ciudadanos y alejados de pensamientos críticos y de potenciales deseos de cambios políticos amplios en el sistema socio-económico vigente. No sólo se difunde a través de ellos toda matriz de opinión relacionada con la vinculación entre capitalismo y democracia como si de verdades absolutas en sí mismas se tratasen, sino que además se proporciona al espectador, lector u oyente –especialmente en el medio con mayor repercusión social: la televisión- una programación de baja calidad cultural, de nula estimulación crítica y de absoluta falta de consideración revolucionaria, para que nada de esto pueda poner en duda la veracidad de la información emitida mediante las diversas matrices de opinión. Como bien dice José Javier Esparza[3] , autor que no es precisamente sospechoso de ser de izquierdas, con los medios de comunicación de masas “No sólo no se ha accedido al conocimiento del mundo, sino que cuanto más se pretende aumentar la audiencia de un mensaje, menor es el nivel cultural de éste. Existe una proporción inversa entre la altura de los mensajes culturales y la cantidad de audiencia posible. Cuanto más elevado es el mensaje, menor es el número de gente que lo comprende. Cuanto más audiencia se quiera tener, menor habrá de ser el nivel del mensaje (…) El resultado lo conocemos bien: pesa más, cuantitativamente, la opinión de un actor o un presentador de concursos, que la de un catedrático, un filósofo o un científico, y no en razón de la personalidad del sujeto, sino en razón de su función social, que es la amable tarea de divertir al personal. ”. ¿Será, acaso, que es precisamente eso lo que se busca con los medios de comunicación de masas? La respuesta me parece evidente: los medios de comunicación de masas en esta sociedad nuestra consumista capitalista, donde reina por doquier, según nos cuentan, la democracia plena y la libertad, no sólo manipulan y engañan, sino que, además, y tal vez sea esto lo que resulta más preocupante (pues es la base sobre la cual se puede alegremente engañar y manipular al personal) idiotizan. Sólo los idiotas se pueden dejar engañar y manipular sin rechistar, salvo que previamente nos hayamos dejado llevar por la confianza, lo cual, viendo como está el panorama, sería aún más preocupante que ser un idiota total y no saberlo. ¿O cómo llamarían ustedes a quienes todavía hoy siguen confiando en los medios de comunicación como fuentes imparciales de la verdad objetiva? Yo les pondría el mismo calificativo que a aquellos que siguen pensando que capitalismo y democracia son una única y misma cosa, del todo inseparable. Como poco “inocentes”.
Pedro Antonio Honrubia Hurtado
[1] Véase también el artículo de Robert B. Reich “¿Por qué el capitalismo está matando a la democracia?”. Lo pueden encontrar aquí:http://www.ilhn.com/blog/2007/11/27/de-como-el-capitalismo-esta-matand
[2] http://www.aporrea.org/actualidad/a7120.html
[3] José Javier Esparza. Contradicciones y abismo de la comunicación de masas. Pueden encontrarlo aquí: http://foster.20megsfree.com/102.htm
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Hacia una República Socialista (del siglo XXI) en Andalucía
5. Octubre 2008 por admin.
La tasa de paro más elevada del estado, la emigración, la renta familiar media mas baja de España, la escasez de productos andaluces en nuestro mercado interno de bienes de consumo, la nula implantación de empresas andaluzas en el sector de los servicios básicos de consumo diario (Luz, teléfono, gas, internet, etc.),los bajos salarios, la precariedad laboral, un reparto desigual de la tierra, la escasa iniciativa empresarial, el subdesarrollo del sector industrial, la inexistencia de multinacionales de capital andaluz, la situación secundaria de los bancos y cajas andaluces en relación a los grandes bancos españoles, los inmigrantes que arriesgan su vida en el estrecho, etc., son problemas que hacen de la realidad socio-económica del pueblo andaluz una de las mas duras, no ya de España, sino de toda la Europa desarrollada. No creo que nadie pueda poner en duda esto. Pero, ¿por qué vivimos los andaluces en una situación como esta?, ¿es realmente consecuencia de nuestra potencialidad económica, o existen otros factores de carácter político o económico que pudieran explicar la situación con relación a factores externos?, ¿realmente el subdesarrollo económico de Andalucía es consecuencia de su propia incapacidad para la generación de recursos?, o, por contra, ¿es Andalucía una nación dotada de los recursos suficientes como para poder convertirse en una de las zonas más prosperas, ricas y desarrolladas de Europa, pero que al día de hoy se ve incapacitada para una correcta gestión de los mismos que le permita la reinversión de los beneficios obtenidos por sus actividad económica en el progreso de su tierra y su pueblo?, ¿Es Andalucía una tierra pobre, o, en cambio, es una tierra empobrecida? Son estas algunas de las interrogantes que trataré de analizar en este artículo.
A primera vista, y a raíz de una lectura simple de estos datos económicos, podríamos llegar a la afirmación de que Andalucía es una tierra pobre, incapacitada por su propia condición económica para la generación de recursos que ayuden a levantar la nación. Si embargo, creo que un análisis correcto de la situación actual en la que se ve inmersa la economía andaluza, nos desvelará una conclusión bien diferente: Andalucía reúne todos los requisitos necesarios para ser una de las naciones más prosperas de la vieja de Europa, aunque al día de hoy todo queda subordinado al papel de cenicienta que el estado español ha otorgado a esta maravillosa tierra.
Andalucía es la guinda del pastel capitalista del estado español, la tierra ideal para la implantación y desarrollo del colonialismo económico propio del imperialismo del siglo XXI, sin necesidad de tener que salir allende las fronteras del estado. Ocho millones de personas que comen, beben, calzan, visten, compran casas, consumen gas, agua, luz y teléfono, piden hipotecas, ahorran dinero en cuentas corrientes. O, lo que viene a ser lo mismo, ocho millones de personas que trabajan y viven, inmersos en el ciclo trabajo-consumo, en la dinámica económica salario-gasto-ahorro. Tierras ricas y fértiles de abundantes recursos para generar materias primas y alimentos, propicias para un poderoso sector primario. Maravillosos parajes turísticos. Puerta de entrada y salida de grandes rutas comerciales internacionales (el campo de Gibraltar es uno de los parajes con mayor tránsito de mercancías del mundo). Total, un paraíso para quienes logran llenar nuestros mercados con sus productos, un sitio privilegiado dentro de España para quienes engordan las cuentas de sus bancos con nuestros ahorros e hipotecas y las arcas de sus empresas con nuestros bajos salarios. Andalucía, aunque nos duela así dicho, es el lugar ideal para hacer un buen negocio a costa del desarrollo político, social y económico de sus ciudadanos, y sólo a favor de las oligarquías imperiales que nos manejan a su antojo.
Pero la cosa no viene de ahora, estas circunstancias, que no son ni nuevas ni ajenas a la realidad histórica de este pueblo, vienen dándose cada vez con más intensidad desde hace mucho. Durante los últimos 500 años de historia existen multitud de razones para demostrar la explotación económico-colonial que el Estado español ha llevado a cabo sobre nuestros territorios, especialmente a partir del inicio de la revolución industrial en el estado:
*la usurpación durante finales del siglo XIX y principios del XX de los recursos mineros de nuestra tierra a favor de los intereses de empresas inglesas y alemanas que con su compra sufragaran las ruina económica a la que se había visto sometido el estado español por causa de sus campañas bélicasen ultramar (hoy la práctica totalidad de las minas están agotadas, pero antaño dieron pingues beneficios a sus propietarios, y que bien podrían haber sido el motor del despertar de la economía andaluza y el bienestar de su pueblo).
*la utilización de nuestros recursos agrícolas para el beneficio exclusivo de los grandes terratenientes de ascendencia castellana mientras el campesinado jornalero andaluz vivía en la más absoluta de las miserias, la incultura y la pobreza extrema (hoy el reparto de la tierra sigue siendo uno de los principales bochornos de Andalucía en materia económica, siguiendo en manos de los terratenientes de siempre, a pesar de las promesas incumplidas de reforma agraria).
*la utilización de nuestros puertos y playas para el comercio con las Indias de cuyo beneficio económico poco o nada quedó en manos del Pueblo andaluz.
* El cierre de determinados intereses económicos andaluces (caso los altos hornos de la Serranía de Ronda en 1725 y Marbella y Málaga a principios del siglo XIX -1833- ) en favor de los intereses comerciales y económicos de otros Pueblos del Estado (en este caso concreto el Pueblo vasco), etc., en un momento clave para el desarrollo de la estructura económica del estado español que a posteriori determinaría el lugar que cadazona debía jugar en el marco general del estado y la distribución de sus rentas y recursos.
*La emigración de millones de ciudadanos andaluces a ejercer como mano de obra baratas en las fábricas y empresas arraigadas en otros puntos del territorio español.
Podemos decir, por tanto, que los andaluces ya estamos curados de espanto, y quizás por eso, y a diferencia de nuestra larga tradición histórica de lucha política y social, ahora seamos tan dóciles y sumisos ante lo que se nos viene encima.Pero aunque bien es cierto que todo esto no se debe olvidar, pues como bien dice esa famosa frase “El pueblo que olvida su historia esta condenado a repetirla”, lo verdaderamente importante, lo que de verdad nos afecta en la actualidad no es la explotación histórica de nuestros recursos económicos (aunque sea evidente que por causas del desarrollo dialéctico de la historia de alguna manera lo sigue haciendo) sino la explotación actual que de una manera encubierta vienen sufriendo las principales fuentes de generación de riqueza de nuestra tierra: el comercio, el consumo, el turismo, la mano de obra, la construcción, los negocios inmobiliarios y la agricultura, todos ellos sometidos por la mano del imperialismo oligárquico español, así como sus socios financieros internacionales y sus lacayos terratenientes andaluces.
Por ejemplo, cualquiera que tenga unas nociones básicas sobre economía será conocedor de la importancia que para el desarrollo de la economía de cualquier estado tiene el consumo interno de bienes y servicios en su mercado autóctono (baste decir, para confirmar esto, que durante estos últimos años donde la mayor de las economías mundiales -la norteamericana- ha estado en un claro proceso de retroceso, ha sido el consumo interno el elemento económico que les ha permitido mantener unos índices de desarrollo aceptables). Pues bien, si tenemos en cuenta que el Pueblo andaluz esta formado por casi 8 millones de habitantes residentes en nuestra nación, más otros casi dos millones de miembrosrepartidos “gracias” a la emigración por el resto del territorio del Estado español(en total cerca de 10 millones), y que el número total de habitantes de este estado son poco más de 40 millones, esto nos da como resultado que prácticamente 1 de cada 4 potenciales consumidores internos del estado español es andaluz, y, por tanto, que el pueblo andaluz supone potencialmente el principal motor de consumo interno del estado español, y con ello uno de los principales generadores de riqueza diaria dentro de la actual España capitalista, a través de la realización de tales consumos. Siguiendo en esta misma línea de argumentación, podríamos decir también que 1 de cada 4 potenciales productos que se venden en España puede ser comprado por un consumidor andaluz, bien sea dentro o fuera de la propia Andalucía.
Si, además de esto, hacemos un análisis no demasiado profundo de la situación económico-estructural de España, podemos observar rápidamente que son comunidades como Madrid, Cataluña, País Vasco, Valencia, etc., las encargadas de poner a la venta, a través de su poderoso sector secundario (industrial) o su manejo sobre las principales empresas operantes en el sector terciario, la mayoría de bienes de consumo que circulan por el mercado español.
Pues bien, como es evidente a la vista de los datos, estas empresas no andaluzas que operan en el marco del estado español, obligatoriamente se deben nutrir poderosamente entre sus clientes de los consumidores andaluces para su volumen de negocio, generando, a costa de nuestro pueblo, un beneficio económico constante, y asegurándose para sí, consecuentemente, el dinero que los andaluces ganamos a diario con el sudor de nuestro trabajo, así como la capacidad de re inversióngenerada por el beneficio del mismo. Si uno de cada cuatro potenciales consumidores del estado español es andaluz, y, a la vez, las empresas que controlan el mercado español de bienes y servicios son en su inmensa mayoría no andaluzas, en una proporción, como después veremos, muy superior a esta relación matemática, esto quiere decir que el consumo de los andaluces está en manos de las empresas españolas.
Esto no dejaría de ser una mera anécdota de no ser porque las principales fuentes de materias primas de las que se nutren muchas de estas empresas para elaborar sus productos son en bastantes ocasiones generadas en territorio andaluz. Pongamos como ejemplo el caso del algodón. En España, la producción algodonera se concentra en Andalucía, esencialmente en las provincias de Sevilla y Córdoba. Por contra, es en Cataluña donde se ubican las principales industrias textiles y manufactureras que usan esta materia prima para la elaboración de sus productos. Ahora cabe preguntarse, ¿Cuántos de esos productos manufacturados en Cataluña con algodón andaluz se venden luego en Andalucía? Pues así con toda una amplia variedad de nuestras materias primas, incluidos casos tan flagrantes como el aceite de oliva o las aceitunas embasadas, cuya producción se vende en buena parte hacia el exterior, y luego no es devuelta como producto de consumo por empresas cuya sede se encuentra en el exterior, incluso en el exterior de España.
Además es por todos sabido la enorme cantidad de andaluces que deben abandonar sus ciudades y pueblos de origen para buscar trabajo en otros territorios del Estado español (como ya he dicho 2 millones aproximadamente), que en muchas ocasiones acaban trabajando para estas empresas de bienes de consumo. Por tanto, el resultado de todo esto es sencillamente escandaloso: En no pocas ocasiones los andaluces, para la elaboración del producto final que se vende en nuestros mercados, aportamosla materia prima y cierta parte de la mano de obra, mientras “otros” se limitan a envasar o manufacturar el producto y luego nos lo mandan de vuelta para que se lo compremos, llevándose, evidentemente, el beneficio económico generado por la venta final del producto. Esta dinámica, que sigue presente hoy día, era especialmente sangrante en la mayor parte del siglo pasado, cuando la economía española era de carácter casi autárquico, y donde la estructura del estado determinaba con mayor precisión el flujo de los recursos productivos existentes entre las distintas tierras del estado (los andaluces mandábamos las materias primas y los trabajadores a Cataluña, y, a cambio, la burguesía catalana nos mandaba de vuelta los productos ya elaborados y dispuestos para la venta). Y yo me pregunto,¿Tan tontos somos los andaluces que estamos necesitados de que otros envasen o manufacturen nuestros propios bienes de consumo con nuestras propias materias primas y nuestra propia mano de obra para ponerlos luego a disposición del consumo interno de Andalucía?, ¿Tan complicado resulta que sea el propio pueblo andaluz quién lleve a cabo este proceso para evitar así que nuestro dinero se fugue lejos de nuestros intereses?, ¿tan difícil sería gestionar con criterios socialistas los factores productivos existentes en Andalucía para ponerlos los unos en relación con los otros, y crear así una economía solida basada en la gestión solidaria de la producción?
Evidentemente no es en la capacidad intelectual del pueblo andaluz donde toma vida esta paradoja mercantil, si no en la propia disposición estructural del estado español, el cual, hace ya mucho tiempo,nos hareservado el papel de tierra colonizada donde comprar (cuando no robar) materias primas, donde vender productos a mansalva y donde mantener los salarios bajos para favorecer el negocio de las exportaciones estatales (¿o alguien cree que es casual que la comunidad más poblada de España sea a su vez la que tiene unos salarios más bajos?).
Y aunque es cierto que la iniciativa empresarial no es una cultura muy extendida entre la mentalidad de los andaluces, el principal problema de todo esto no es, por supuesto, la incapacidad de los propios andaluces, si no la propia historia, según la perspectiva dialéctica que ha prevalecido en el desarrollo de los factores productivos capitalistas en el estado español. España se ha organizado durante siglos asignando una serie de zonas para una cosa y otras para otras, valga la redundancia. Unas para explotar la tierra y generar materias primas, y otras para envasarlas y manufacturarlas. Unas para tener industrias y vender productos, y otras para exportar mano de obra a estas industrias y comprar luego de vuelta estos productos. Andalucía no ha podido desarrollar industrias, ni industrias de elaboración, simplemente porque los propietarios productores no eran de aquí, eran gente de fuera que venia llamada por los terratenientes andaluces o por la política colonial del estado. La verdadera realidad histórica de Andalucía son los latifundios. Los terratenientes andaluces no consistieron nunca que el desarrollo de la industria en Andalucía pudiera acabar con las bolsas de mano de obra barata que desde siglos atrás venían teniendo a su alcance. La responsabilidad, por tanto, es compartida. Tanto la burguesía arraigada en otros puntos del estado español, como la burguesía terrateniente andaluza, actuaron para consolidar este modelo de estado español bipolar, dividido sectorialmente y dispuesto para el negocio capitalista según las necesidades de las élites que controlaban el poder político y económico del estado. Y Andalucía, como decimos, en ese reparto de tareas, le tocó bailar con la más fea: vender baratas sus materias primas y hacer emigrar a su gente hacia esos otros territorios que demandaban mano de obra para hacer crecer sus florecientes negocios. La producción extensiva ya tenía, y sigue teniendo, unos canales definidos hacía otros territorios, lo cual va unido al dominio absolutopor parte de las zonas ricas del estado. En Andalucía, por tanto, el pueblo andaluz no ha podido decidir nunca nada, y entre los terratenientes andaluces y los burgueses imperialistas del exterior, nos asignaron un papel muy concreto, que en cierta manera, ayer como hoy,sigue siendo el mismo, pues de aquellos barros, vienen estos lodos.
Si alguien tiene la más mínima duda de esto, si alguien duda del papel de consumidor de productos extranjeros que aún hoy día tiene reservado el pueblo andaluz dentro del entramado económico capitalista del estado español, puede comprobarlo de manera bastante sencilla con un pequeño experimento. Simplemente que se dé una vuelta por cualquier supermercado andaluz, o, sin ir más lejos, que eche un vistazo en su propio frigorífico, en su despensa, en su casa, comprobando uno a uno la procedencia de los bienes y productos que consume a diario en la mesa, en la limpieza de la casa, en el uso de los servicios cotidianos, para poder observar con sus propios ojos, y sobre su propia realidad vital, hacia donde va el dinero que humildemente gana en su puesto de trabajo, y, lo que es más importante, la capacidad de re inversión de este importantísimo campo generador de riqueza que supone el consumo interno de bienes de consumo. Ya no es sólo que la inmensa mayoría del valor añadido que se genera a través de los productos que circulan por el mercado andaluz de bienes y servicios vaya fuera de Andalucía, sino que además con ello se escapa también la capacidad de reinvertir ese beneficio generado por la actividad económica de los andaluces en pos del desarrollo posterior de la propia economía andaluza. Es decir, no sólo se pierde el control sobre el beneficio generado a través del consumo interno de bienes de consumo, si no que se pierde también la capacidad de poder poner ese beneficio a un posterior servicio para el desarrollo, mediante la re-inversión, de la economía andaluza.
Pero veamos el problema en datos concretos:
El 90% de los productos que se consumen en el mercado andaluz no están elaborados en Andalucía, frente al 68% del País Vasco y el 63% en Cataluña. Es decir, 9 de cada 10 productos que consumimos los andaluces están elaborados por empresas de capital no andaluz, y cuyo beneficio económico se reinvertirá en última instancia fuera de las fronteras de Andalucía. Otro dato significativo; las empresas andaluzas solo controlan el 2% de las ventas realizadas en España. Ahí queda eso para quien quiera pensarlo un rato. Otro punto a considerar, es el volumen de negocio que tienen los grandes supermercados e hipermercados de distribución en Andalucía, y la procedencia de estos negocios (Mercadona, Carrefour, Alcampo, Lidl, Dia, Eroski, Corte Inglés, etc.), así como de sus grupos proveedores de productos de consumo.
Dicho esto, analicemos ahora el gasto medio por unidad de consumo de los ciudadanos andaluces. Los andaluces nos gastamos de medía 7.988,73 Eurosen el año 2001 (último año del que he podido obtener datos). El beneficio generado por este gasto, como ya hemos señalado, fue a parar casi en exclusividad a manos de empresas de capital no andaluz, quedando para el beneficio y la reinversión de la economía andaluza una parte minoritaria del mismo. Para que vean que no les estoy mintiendo, les expondré, sobre el 100% del gasto de los andaluces, la parte destinada a determinados consumos cuyos mercados están dominados mayoritariamente, si no en su totalidad, por empresas no andaluzas:
Alimentación y bebidas no alcoholicas————18,18
Beb alcoh., taba. y narco————————- 2,62
Art. vestir y calzado—————————— 7,83
Vivienda, agua, electricidad. y otros————– 29,12
Transportes————————————– 12,50
Comunicaciones———————————- 2,09
TOTAL—————————————— 72,54
Es decir, de esos 7.988,73 Euros que cada andaluz nos gastamos de media en el 2001, un 72,4% fue destinado a la compra de productos cuyo beneficio económico en poco o nada repercuten en última instancia en la nación andaluza, y eso que simplemente me he limitado exponer los sectores de consumo donde tan sólo con el uso del sentido común se puede observar con facilidad que no son precisamente empresas e industrias andaluzas quienes elaboran y ofertan su productos. Además, por razones obvias, debemos sumar a estos datos los 138,70 euros que por persona nos gastamos los andaluces cada año en loterías y apuestas del Estado, para darse cuenta de la enorme fuga de capitales que se produce a diario de nuestra nación para el beneficio de otras economías, mediante la vía del beneficio generado a través del consumo interno de bienes y servicios.
En definitiva, aquellos que frecuentemente nos acusan de parásitos estatales, nos necesitan para el buen funcionamiento de su potente industria, pues de no existir el mercado andaluz, o estar éste compuesto mayoritariamente por bienes de consumo elaborados y envasados en Andalucía, su nivel de ventas disminuiría hasta tal punto que muchas de sus empresas se verían obligadas a cerrar sus puertas, con el correspondiente estancamiento y retroceso que esto supondría para con sus florecientes economías capitalistas.
En el campo de los servicios podemos decir que sucede tres cuartos de lo mismo, e incluso más grave. Consumos que realizamos a diario (algunos de ellos de manera casi obligada) como el telefónico, el gas, la electricidad, internet, y un largo etc., están en manos de empresas cuyo patrimonio poco o nada actúa en beneficio del pueblo andaluz (no existe ni una sola industria andaluzamedianamente importante en ninguno de estos sectores señalados). Telefónica, Repsol, Gas Natural, Iberdrola, Endesa, hacen su agosto cada día en territorio andaluz, incluso a la hora de explotar los recursos generados directamente por la naturaleza andaluza (hidráulicas, energías renovables, etc.). Esto, dicho sea de paso, debido al carácter de la economía andaluza, tan sólo podría ser revertido mediante la creación de empresas públicas andaluzas capaces de competir con las privadas en estos terrenos, cuando no desbancarlas por completo, previa nacionalización, claro está, de parte de los activos de estas compañías que actualmente explotan el mercado.
Para continuar con este punto del saqueo del sector servicios andaluz, expondremos cuatro datos que hablan por sí mismos:
a) el 96.4% de la energía consumida en Andalucía esa controlada por manos no andaluzas.
b) solo el 19% de las obras públicas ejecutadas en Andalucía han sido llevadas a cabo por empresas Andaluzas.
c) solo un 6.3% del negocio del transporte en España esta controlado por empresas andaluzas.
d) solo el 2% de los medios de comunicación españoles son andaluces.
Y así, ante esta panorámica de absoluta explotación colonial, llegamos a casos tan extremos como el de la ciudad de Jaén, donde sólo 2 de cada 100 euros invertidos en obras públicas van a parar directamente a la caja de las constructoras jienenses. Ninguna empresa local hace competencia a las grandes compañías que acaparan las licitaciones. Acertadamente, el Círculo de Empresas Andaluzas de la Construcción, Consultoría y Obra Pública (CEACOP) ha considerado inadmisible esta coyuntura. Y nos aporta un dato clave para que los andaluces podamos ver la luz, al considerar que “este contexto tan desfavorable debe analizarse desde el punto de vista de los desequilibrios territoriales, ya que cada vez que se concede un proyecto a alguien de fuera nos empobrecemos el doble de lo que se presupuesta”. Se podría decir más alto, aunque difícilmente más claro y con mayor acierto.
Particularmente alarmante en también este aspecto es la situación del turismo. Al día de hoy se puede considerar el turismo, y más tras la caída estrepitosa de la construcción, como la principal fuente de ingresos del Estado español, y Andalucía como una de las principales regiones turísticas del Estado por su oferta tanto en el turismo de sol y playa, como en el turismo rural de interior y el turismo monumental-cultural. Pues bien, la inmensa mayoría de los recursos generados por el turismo andaluz quedan en manos bien de las multinacionales turísticas españolas, bien de los grandes tour operadores europeos, quedando para el beneficio y reinversión de la economía andaluza las migajas sobrantes.
Además es de sobra conocido por todos el impacto ambiental que la actividad turística de masas está teniendo para con el medio ambiente de las zonas costeras andaluzas. Por ejemplo,En el 2003, el 30,6% de las ventas de promociones vinculadas a campos de golf de todo el Estado español se concentraron en Andalucía, con lo cual se incrementa la necesidad de construir nuevos campos de golf, con el consecuente efecto que cada nueva construcción de uno de estos campos tiene para con nuestro medio ambiente y nuestro patrimonio de agua para consumo y regadío. Mientras esto pasa, todas las provincias andaluzas alistan planes de restricción con la intención de ahorrar hasta la última gota de agua. En Málaga la situación es muy delicada en la capital y en la Costa del Sol occidental porque los tres embalses que la abastecen están al 17 por ciento. En Jaén se calcula que hay reservas para algo más de un año. En Córdoba, en cambio, alcanza para dos años igual que en Granada, mientras que la zona gaditana, Sevilla, Huelva y Almería, pueden resistir como mucho tres años. Y gracias a que en los últimos años las lluvias están llegando con mayor frecuencia a nuestras áridas tierras, pues si no la situación podría llegar a ser en breve verdaderamente alarmante.
Pero lo más preocupante de todo es ver como la economía andaluza poco a poco va pasando a depender casi en exclusividad del sector servicios, y más concretamente de las actividades turísticas, sin que nadie haga nada por evitarlo. Esto tiene un doble efecto, no solo dirige a la nación andaluza hacia un callejón sin salida que acabará convirtiéndonos a los trabajadores andaluces en sirvientes de los turistas, si no que además coloca nuestra economía en la cuerda floja, al ser el turismo una actividad económica de carácter frágil e inestable. La actividad económica del turismo queda sujeta a una serie de factores externos que pueden hacer caer la demanda de un año para otro y, por tanto, que puede reducir su volumen de negocio a marchas forzadas en un breve periodo de tiempo. Si la economía andaluza queda en manos exclusivamente del turismo, como de hecho está ocurriendo, el pueblo andaluz tendrá que rezar cada año para que los competidores del mercado no mejoren nuestros servicios, no superen nuestra relación calidad-precio, o, simplemente, rezar para que el cliente potencial siga viendo en nuestra tierra un paraíso donde pasar sus vacaciones y no comience a dirigir su mirada hacia otro territorios similares. Es evidente que con un buen trabajo se puede mantener el nivel competitivo de nuestro turismo, potencialidades hay de sobra, pero lo es también que nadie nos puede asegurar que esta tendencia de negocio al alza se pueda mantener año tras año, e incluso que no comience a retroceder drásticamente en cualquier año de estos sin posibilidad de retorno (sin ir más lejos este verano ya se ha producido un considerable y preocupante retroceso en este sentido). En la siguiente gráfica podemos observar la peligrosa tendencia que viene siguiendo nuestra economía en los últimos años y que amenaza con ponernos al borde el abismo:
*Distribución de la producción andaluza por sectores económicos
Año Agricultura y pesca Industria Construcción Servicios
1995 8,2 14,5 8,6 68,7
2002 6,7 12,5 10,5 70,3
Al contrario de lo que sería deseable para un correcto aprovechamiento de los beneficios potenciales a obtener por las empresas andaluzas en el mercado interno de bienes de consumo andaluz, la industria, al igual que la agricultura, va perdiendo peso en el conjunto de nuestra economía, en beneficio de la constantes terciarización de la producción, y fundamentalmente de la dependencia de la economía andaluza en relación al turismo y la construcción (ahora en crisis). Esta es la dinámica en la que nos vemos inmersos, y, lamentablemente, poco se hace desde el poder andaluz para cambiarla.
Otra fuga importante de capitales se produce a través del ahorro. Aunque en toda Andalucía existen multitud de entidades bancarias cuya sede central se encuentra en nuestra tierra, la gran mayoría de los ahorros de los ciudadanos andaluces quedan en manos de entidades foráneas, principalmente de los principales bancos españoles (BBVA, Santander, Caja Madrid, la Caixa, etc). La Caixa, por ejemplo, es la entidad con un mayor número de oficinas bancarias en nuestros pueblos y ciudades. Estas entidades utilizan el dinero de los andaluces para sus negocios y su propio beneficio, poco o nada relacionado con el beneficio del Pueblo andaluz. Pero no sólo es el ahorro, también son las hipotecas y los créditos concedidos por estos bancosque nos ponen la soga al cuello durante un largo periodo de nuestras vidas. La situación del mercado financiero andaluz está completamente en manos de la burguesía económica española, salvo el pequeño % que está en manos de las diferentes cajas de ahorro andaluzas, con gran implantación de manera local en algunos territorios. Urgiría también, por tanto, la nacionalización de parte de la banca que opera en Andalucía, para poder crear un poderos banco público andaluz que se ponga al servicio del desarrollo de la economía andaluza mediante el apoyo a los trabajadores y pequeños emprendedores andaluces.
En vinculación con esto, además, observemos ahora la situación financiera de las familias andaluzas en relación al importe, en euros, de las hipotecas y depósitos bancarios, relativizada a través de la población de derecho:
Territorio Año Endeudamiento Ahorro
Andalucía 2002 1.263,67 8.165,57
España 2002 1.490,12 14.976,66
Resulta significativo apreciar que aunque el nivel de endeudamiento de los ciudadanos andaluces y el índice medio del resto de los ciudadanos del estado español es bastante similar, la capacidad de ahorro deestos últimos es prácticamente el doble que la nuestra. Así, si una hipoteca es ya una lacra económica para cualquier persona, en virtud de los ahorros medios de cada ciudadano, para un andaluz es una lacra casi el doble de pesada que para la media del resto de ciudadanos del estado. Ahí es nada.
Aunque, teniendo en cuenta la realidad laboral a la que hemos de hacer frente los andaluces y andaluzas, es bastante comprensible este dato. No sólo tenemos la tasa de paro más alta de España y prácticamente una de las más altas de Europa, si no que además nuestro nivel de ingresos es ligeramente inferior a la media del estado español, y años luz de la media europea. Un trabajador andaluz recibe de media por año un salario de 15.269 Euros (datos de 2004), mientras que la mediadel estado español se sitúa en los 16.763, diferencias que se agrandan de manera alarmante si lo comparamos con los datos de los territorios más pudientes del estado, como pueden ser Madrid, Catalunya o Euskadi.Además, estos datos fríos se vuelven un poco más obscuros si analizamos el salario medio de la juventud andaluza, por ejemplo el de un andaluz menor de 20 años (4.584 euros) o de un andaluz con una edad comprendida entre los 20 y los 29 años (9.280 euros), y los comparamos con la media estatal o la de aquellas comunidades más pudientes dentro del estado. Aunque, como ya he comentado, teniendo en cuenta que tenemos la tasa de paro más alta del estado y una de las más elevadas de Europa, ya puede estar uno contento con su trabajo por que, de lo contrario, como se suele decir, “chungo tema”. Se comprenderá ahora por qué siguen siendo cientos de miles los jóvenes andaluces que tienen que abandonar sus pueblos y ciudades para buscar un futuro allende nuestras tierras.
Y es que así, visto lo visto,es bastante normal que lo andaluces no podamos ahorrar masivamente (el 67,2%no puede dedicar dinero al ahorro). No solo tenemos un paro enorme, si no que además ganamos poco, y encima tenemos un empleo de baja calidad: laEPA-2004 (INE) en su cuadro ‘Distribución de asalariados por sexo, tipo de contrato y comunidades autónomas’reconoce en Andalucía un 44,3% de empleo precario temporal -967.200 trabajadores- sobre el total nacional de asalariados, mientras la media estatal desciende al 30,6%.
En cuanto a la agricultura, bien es cierto que quizás sea de todos lo potenciales factores productivos el que sufra un mayor y mejor aprovechamiento por la economía andaluza, pero aún así no deja de haber una constante fuga de capitales a través de los procesos de venta de materias primas y distribución del ahorro anteriormente mencionados. Además cabe decir que al día de hoy la agricultura andaluza sigue estando en buena parte ligada a las manos de los grandes terratenientes que desde siglos atrás nos han explotado y relegado a la incultura y el analfabetismo (léase duquesa de Alba, marques de Urquijo, etc.). Sigue urgiendo una reforma agraria en nuestra tierra.
Pero no sólo es esto, sino que además la agricultura andaluza esta cambiando peligrosamente sus hábitos de producción tradicionales: “Hoy en día, la rica, variada y autosuficiente agricultura tradicional andaluza está un proceso de regresión, pues nuestro campo se está especializando casi exclusivamente en satisfacer la demanda de ciertos productos hortofrutícolas para los mercados europeos: Andalucía pasó de exportar en 1980 el 19,1% de su producción agraria, al 41,8% en 1995. En consecuencia, esta especialización está provocando la necesidad de completar nuestra demanda interna con productos foráneos que antes eran de producción propia, pasando de importar el 23,7% del mercado en 1980 al 32,5% en 1995. Este modelo agrícola, además de ser muy vulnerable a las fluctuaciones del mercado, provoca una gran dependencia de las multinacionales de semillas, plaguicidas y fertilizantes. Es agresivo con el medio ambiente al generar muchos residuos no biodegradables y consumir grandes cantidades de energía y agua. Además provoca graves desequilibrios sociales y económicos (en el 3% de la superficie agraria andaluza se concentra la mitad de la producción) que aceleran el abandono humano del medio rural. En la pesca, Andalucía ya ha sufrido muy directamente la aplicación del artículo I-2 antes de que se apruebe: con el Acuerdo Pesquero con Marruecos, al ser competencia exclusiva de Bruselas, la UE sacrificó al sector pesquero andaluz (con mas de 2.000 puestos de trabajo directos y 14.000 indirectos), solo por que para las flotas pesqueras del Cantábrico y del norte de Europa no eran imprescindibles los caladeros marroquíes” (extraído del texto de Nación andaluza titulado “10 razones para votar NO a la constitución europea”).
En fin queridos amigos, esto es lo que hay. Esta es la trágica situación socio-económica en la que vive inmerso el pueblo andaluz, y que quizás debiera servir para unirnos a los andaluces en la defensa de nuestros intereses nacionales, aunque desgraciadamente la cosa parece que tendrá que empeorar aun un poquito más para que este pueblo comience a darse cuenta de qué es lo que le interesa y cuáles pueden ser los beneficios de dar un giro radical hacia el nacionalismo revolucionario de izquierdas.
En mi opinión, Andalucía reúne en sí misma todas las potencialidades económicas necesarias para tener un rápido y veloz despertar, aunque para ello, antes deberíamos desligarnos de las cadenas estructurales que el estado español y el capitalismo han colocado sobre la libertad de las manos de nuestro trabajo. Necesitamos controlar nuestros mercados, llenarlos de productos andaluces, de empresas de servicios básicos que sean andaluzas, desarrollar nuestra industria con el correcto aprovechamiento de nuestras materias primas, nuestra mano de obra y nuestra capacidad para comprar sus productos una vez estén puestos a la venta en nuestro mercado interno, recuperar el control de nuestro negocio turístico, fortalecer nuestra agricultura tanto en el plano de la demanda interna como en el de la demanda externa, todo ello mediante la regulación estatal y la potenciación de la empresas públicas, las cooperativas y las relaciones productivas socialistas tanto a nivel de colaboración productiva entre las diferentes empresas, como a nivel de la relación entre los propietarios de los medios de producción y los trabajadores asalariados (que debieran ser los mismos, o, cuando menos, los unos directamente partícipes de los beneficios generados por los otros, bien mediante la relación laboral en sí misma, bien mediante el sistema fiscal y la gestión administrativa y estatal de los bienes y servicios sociales). Necesitamos una reforma agraria para dotar de tierras a los jornaleros que la trabajan y desarrollar empresas agrícolas colectivizadas. Necesitamos planes específicos para combatir el desempleo de las nuevas generaciones, e incluso, si me apuran, necesitamos desarrollar, en un periodo de transición hacia un modelo completamente socialista, un mercado bursátil andaluz donde coticen las principales empresas capitalistas andaluzas y aquellas otras que operan en Andalucía, al menos para tener algún tipo de control sobre el fluir de la actividad de estas empresas capitalistas en nuestra tierra. Necesitamos también, por supuesto, crear empresas públicas fuertes que puedan competir en los sectores energéticos o de telecomunicaciones, lo que lleva implícito la nacionalización de parte de las empresas que actualmente ya maniobran en tierra andaluza. Necesitamos además nacionalizar parte de la banca que opera en Andalucía y ponerla al servicio de los intereses y necesidades económicas y financieras del pueblo trabajador andaluz.
Necesitamos esto y mucho más, pero potencialidades tenemos para ello, sin duda. El único problema es nuestro papel de subordinación y dependencia respecto al estado español y sus potentes empresas, así como nuestro papel de subordinación y dependencia respecto del capitalismo. Por eso, considero que lo que verdaderamente necesitamos es la creación de un estado propio de connotaciones socialistas, con una constitución, al estilo de las elaboradas en Venezuela o Ecuador, que especifique claramente cual es el papel del estado en el control del flujo productivo nacional, que garantice la puesta en común de los principales recursos productivos para beneficio general del pueblo andaluza, pues, sin duda alguna, es la independencia y el socialismo la vía más rápida y efectiva para dar un cambio radical a nuestra cara, obtener el control de nuestros recursos y, consecuentemente, las riendas de nuestro futuro:
“Conociendo sólo estos datos -y otros muchos más que podrían sumarse, como el peso de la economía sumergida o las condiciones laborales en horarios, seguridad e intensidad del trabajo, etc, que también muestran el signo de la desigualdad- se concluye fácilmente que el independentismo andaluz no es una estrategia y un proyecto con razones sólo basadas en el pasado, en la historia o la cultura sino también en el presente y en el futuro y que nace y se nutre del conjunto de las condiciones reales de vida de la nación andaluza” (Boletín Andalucía Libre-Abril 2005).
Sin independencia seguiremos siendo esclavos de España, sea esta de Aznares o de Zapateros, monárquica o republicana. Sin independencia es imposible pensar en la nacionalización de las empresas energéticas o las de telecomunicaciones, la nacionalización de la banca o la reforma agraria, factores indispensables para el resurgir de la economía andaluza, ya que de ellas depende en buena parte el futuro de nuestra tierra. Y con independencia y soberanía sólo con la aplicación de este tipo de medidas podríamos realmente aspirar a ser libres, pues de nada serviría quitar la retórica burocrática española si se queda dentro la gran empresa imperialista. Medidas que son de carácter socialista. Un socialismo del siglo XXI al estilo del que se viene desarrollando en América Latina, y que tan buenos resultados está comenzando a dar para el progreso político, económico y social de estos pueblos hermanos y no tan diferentes en su pasado, presente y futuro de Andalucía.
Una república socialista andaluza, es lo que necesitamos, pues esa es, y no otra, la única salida viable para lograr el progreso real de Andalucía y su pueblo, para poner las inmensas potencialidades económicas de Andalucía en manos del pueblo andaluz, para sí, para los pueblos y la humanidad.
*Nota: Todos los datos aquí expuestos han sido obtenidos de los archivos del I.A.E (Instituto Andaluz de Estadística)
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Chávez quebranta la lucha por los Desechos Humanos
5. Octubre 2008 por admin.
No puede pasar un día sin que el imperio y sus adeptos neocoloniales saquen a relucir alguna nueva arma arrojadiza que utilizar contra uno u otro de los gobiernos progresistas y revolucionarios que vienen desarrollando su labor en América Latina, convenientemente publicitada a través de los medios lacayos que tienen a su servicio, con miles de prosti-periodistas a sueldo. Ahora, una vez más, le ha tocado el turno al gobierno de la República Bolivariana de Venezuela.
Resulta que el pasado día 18 de septiembre la “ONG” Human Rights Watch ha presentado un informe en el cual se despacha a gusto con la supuesta nefasta situación de los Derechos Humanos en la Venezuela de Chávez. El título bajo el cual nos es presentado dicho informe, ya lo dice todo: “Una Década de Chávez. Intolerancia política y oportunidades perdidas para el progreso de los derechos humanos en Venezuela”. En él, se acusa al gobierno bolivariano de toda una serie de hechos que poco menos que convierten al régimen político venezolano en una dictadura de facto. Entre otras cosas, se acusa al gobierno chavista de haber secuestrado el Tribunal Supremo, de haber acabado con la independencia de poderes, de haber cohibido la libertad de expresión, de atentar contra los derechos civiles, de marginar políticamente a los opositores y de impedir el desarrollo de una actividad sindical libre de ataduras gubernamentales e independiente. Casi nada.En realidad, aunque “resumido” en un libreto de más de 200 páginas, casi nada de esto es nuevo. A excepción hecha del tema sindical, el resto son los temas “estrella” sobre los cuales esta organización de “Derechos Humanos” se ha venido centrando desde que Hugo Chávez llegase al poder en 1998, y muy especialmente a partir de que el presidente retomase al poder, con la ayuda del pueblo, tras el golpe de estado de abril de 2002. Curiosamente, además, las campañas en “favor de los Derechos Humanos” que esta organización ha venido desarrollando en Venezuela, se han intensificado siempre en vísperas de alguna contienda electoral importante, sacando a través de ellas a relucir los argumentos manejados en su discurso político de campaña electoral por la oposición “democrática” venezolana. Como se puede comprobar aquí, ya en vísperas del referéndum presidencial de agosto de 2004, entre Marzo y la fecha de celebración del mismo (15-08-2004), esta organización elaboró varios pronunciamientos centrados principalmente en la supuesta amenaza que ya en aquel momento (por eso digo que lo de ahora no es novedad alguna) venía sufriendo la independencia del Poder Judicial y el carácter democrático del Tribunal Supremo. Posteriormente, en vísperas de las elecciones municipales y parroquiales de agosto de 2005, en el plazo de tres meses antes de, también esta organización emitió dos comunicados denunciando la supuesta persecución penal a destacados miembros de la lucha por los Derechos Humanos y otros elementos de la “sociedad civil”. Más adelante, en fechas previas al referéndum por la reforma constitucional de Diciembre de 2007, y entrando de lleno en la valoración del contenido de la misma (1 , 2), en un plazo de dos meses previos a, se produjeron igualmente un total de tres pronunciamientos de diverso índole sacados a la luz pública por esta organización. Y ahora, dos meses antes de las elecciones de Noviembre, nos encontramos esto. ¿Sospechoso no?Entre medio de las diferentes contiendas electorales, por supuesto, algunos otros pronunciamientos e informes han visto también la luz, pero siempre relacionados con temas tan “extraños” como la no renovación de la licencia de emisión al canal RCTV, los ataques a la libertad de expresión o las supuestas relaciones entre Chávez y la guerrilla colombiana de las FARC.Es decir, aunque esparcidos en el tiempo, los temas tratados por esta organización de Derechos Humanos han sido siempre los mismos: socavamiento del Poder Judicial, ataques a la libertad de expresión, atentados contra los derechos de la “sociedad civil”, etc. En definitiva, para no liarnos, a lo largo de estos años atrás esta organización ha venido tratando los mismos temas que ahora ha recogido en éste último informe (que bien pudiera ser presentado como un resumen a prisa y corriendo de todos ellos), pero suministrados de manera conveniente a lo largo de los últimos cinco años siempre en fechas bastante significativas electoralmente hablando, o ante la presencia de acontecimientos extra-electorales que tomaron un fuerte cariz mediático internacional. ¿Sospechoso no?
Curiosamente, entre aquellas continuadas denuncias de 2004 en relación al peligro que corría el Poder Judicial y este informe de 2008 que así lo pretende constatar en la práctica, ha habido un acontecimiento que los autores del mismo parecen haber olvidado. En fecha de 05 de agosto del 2008, la Corte Interamericana de Derechos Humanos emitió una sentencia en la cual, en los párrafos del 96 al 108, en un apartado especialmente titulado “6.1 Independencia del Poder Judicial en General” (y en donde se delibera jurídicamente respecto de, precisamente, prácticamente todas las acusaciones vertidas por el informe de HRW en relación al Poder Judicial) reconoce, entre otras cosas, lo siguiente “Teniendo en cuenta todo lo anterior, la Corte sólo puede constatar que, en efecto, se aumentó el número de magistrados del TSJ y que hubo ciertas declaraciones de funcionarios públicos o de miembros del Poder Judicial. Sin embargo, lo anterior no permite a la Corte tener conclusión alguna respecto a la existencia de una injerencia del Ejecutivo en el Poder Judicial en su conjunto. Tampoco queda probado en el expediente del presente caso que el Poder Judicial haya sido “depurado” ideológicamente. Por estos motivos, con las pruebas obrantes, la Corte no encuentra demostrado que el Poder Judicial en su totalidad carezca de independencia”.
Al parecer, los miembros de Human Rights Watch manejan una información respecto de estos asuntos judiciales y políticos que no pudieron tener en su momento los magistrados de la CIDH, a partir de la cual están legitimados para ir más allá de la sentencia redactada por el tribunal, volteando incluso las conclusiones presentadas en firme por el mismo. Ver para creer.
Por otro lado, el hecho de que exista esta sentencia de la mencionada corte, tampoco ha impedido a determinados medios de comunicación hacerse eco de la noticia, con titulares como “Chávez se hace con el control de los jueces” (El Pais).Para este diario, que se declara a sí mismo serio y riguroso, parece tener más importancia el reporte de una onG que el contenido de una sentencia emitida por una corte internacional en materia de DDHH. Aunque en realidad todos sabemos cuales hubieran sido los titulares si la situación se hubiese dado a la inversa, es decir, si hubiese sido una onG la que hubiera reconocido la independencia del Poder Judicial Venezolano y una corte de DDHH la que hubiese negado la mayor. Casualmente, además, este diario, que con tanto afán suele informar a los españoles de todo cuanto acontece en Venezuela (nótese la ironía), en la fecha que va desde la emisión de la sentencia al día de hoy, no se ha hecho eco en ninguna de sus informaciones de la mencionada resolución judicial, con lo cual, hemos de suponer, no es que sus prosti-redactores hayan obviado el contenido de la misma a la hora de lanzar semejante titular periodístico, es que, simplemente, no la conocen (nótese nuevamente la ironía).
Bromas aparte, resulta también curioso el modo en cómo el antaño diario independiente de la mañana presenta las credenciales de la onG que ha dado luz al informe. En un intento descarado por demostrar la “credibilidad” e “imparcialidad” de la fuente, ya en los primeros párrafos de la noticia nos habla de que tal organización ha “criticado duramente al Gobierno de Estados Unidos por su gestión de Guantánamo y al de Colombia por el proceso de inserción de los paramilitares.”. Cómo si hacer semejantes cosas tuvieran algún mérito en una organización que dice trabajar en el campo del control de los Derechos Humanos a escala planetaria. ¿Puede existir alguna organización que tenga un mínimo de seriedad en este campo y que pase por encima de estos asuntos?, ¿ya sería demasiado descarado, no? Total, que lo que se nos presenta como un símbolo de imparcialidad, en realidad no deja de ser el requisito indispensable para poder ser tomado medianamente en cuenta dentro del mundillo mediático de la defensa de los Derechos Humanos. Cualquier organización que no abarque tales contenidos, se llame como se llame y opere donde opere, deja automáticamente de poder ser considerada una organización preocupada por los Derechos Humanos, no hay más. ¿O tal vez estos señores de El Pais están tan acostumbrados a la mentira, el engaño, y el sesgo delainformación, que de verdad piensan que denunciar las tropelías de Guantánamo o el carácter paramilitar del entramado Uribista tiene mérito alguno para una organización anclada en el ámbito de los Derechos Humanos?, ¿se llegarán a creer sus propias mentiras en, por ejemplo, el asunto colombiano? Esa es la duda.
Aunque ya puestos a demostrar la credibilidad e imparcialidad de la fuente, el diario El Pais podría habernos avisado de los informes y pronunciamientos de la mencionada organización de Derechos Humanos en relación en temas que le quedan bastante más cercanos, como por ejemplo el quebrantamiento de los derechos humanos que se esconde tras la legislación española en materia anti-terrorista o tras el trato que reciben los menores inmigrantes no acompañados tras su llegada a suelo del estado español. Dos informes bastante extensos que seguramente pudieran resultar de interés para el lector del estado español.
Aunque bueno, pensándolo bien, tampoco nos extraña nada que no optaran por aportar tal información al lector, puesto que teniendo en cuenta que el primer informe fue emitido el 25 de enero de 2005, y el segundo el 26 de Julio de 2007, si rebuscamos en la hemeroteca del mencionado diario, el asunto de la legislación anti-terrorista no ocupó ni una sola línea en las sucesivas ediciones del periódico en, al menos, los siete días posteriores a la emisión del informe, mientras que el tema del trato otorgado a los menores inmigrantes se despacha con una noticia del mismo día 26 en la cual se deja claro desde un primer momento que “ La fiscalía investigó los hechos relatados por la onG sin hallar indicios de los malos tratos” y que “el informe levantará polémica porque sus conclusiones están basadas en declaraciones sin contrastar de menores no identificados”, acompañada en las sucesivas fechas por una noticia del día 27 en la que tras dejar claro en el titular que “el gobierno canario desmiente los abusos a menores inmigrantes”, se nos dice acto seguido “ nosotros sólo presentamos los testimonios, no investigamos, declara la onG denunciante” (léase, por favor, la noticia y nótese el trato informativo que se le da a la onG, a la que, por vía de una representante del gobierno canario, se la llega a tachar de “oscurantista”).Por supuesto, ninguna de las dos noticias fue portada ni nada que remotamente se le parezca, siendo relegadas a un papel absolutamente secundario dentro de los contenidos del diario en la sección destinada a informar sobre lo ocurrido en el interior de las fronteras del estado español.
No me negaran que resulta, cuando menos, curioso, que un diario que supuestamente tiene su principal fuente de negocio en el estado español, ante un informede una onG que ahora consideran totalmente seria, veraz y rigurosa, y en un tema tan comprometido para España como es el caso de la lucha antiterrorista, no gastase ni una sola gota de tinta para trasladar al ciudadano español las denuncias realizadas por esta organización de Derechos Humanos, mientras que ahora, en el caso venezolano, han dedicado portadas y primeras noticias en su edición virtual, y un seguimiento bastante completo en su edición en papel, ante la supuesta gravedad del hecho.
No me negarán tampoco, que resulta, cuando menos, bastante sorpresivo que ante un informe relacionado con el trato que se da a ciudadanos inmigrantes en el interior de las fronteras españolas, antepongan la credibilidad de la justicia y las instituciones españolas a las denuncias de la onG (tan prestigiosa y veraz), mientras que en el actual caso venezolano se priorice el informe de la organización (una organización que ella misma afirma “no investigar y sólo recoger testimonios”) a la sentencia emitida, y anteriormente comentada, por la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
¿Se esconderá alguna intención manipuladora ante tal doble vara de medir y ante tales comportamientos tan curiosos y sorpresivos del mencionado diario? Obviamente es una pregunta retórica.
Más allá de esto, me pregunto también cómo es posible que la tan independiente y veraz onG de la que estamos hablando, con sus sesudos informes en materia de Derechos Humanos, y su manifiesta preocupación en asuntos relacionados con la separación de poderes, la libertad de expresión y otras cuestiones fundamentales del orden democrático, no haya elaborado informe algunos sobre algunas cuestiones, bastante interesantes, que así, a bote pronto, se me vienen a la cabeza:
1)La calidad democrática del sistema electoral de los EEUU, ahora que estamos también a un par de meses de la celebración de las elecciones presidenciales en este país. Si les parece bien a estos señores tan preocupados por la calidad democrática de los estados, aquí les dejo, en el enlace agregado al hipervínculo, veinticinco razones para que puedan empezar, desde ya, a elaborar dicho informe.
2)La subordinación del poder legislativo a los designios del poder ejecutivo que se esconde tras el derecho a veto que tiene el presidente del gobierno de los EEUU en relación a las leyes aprobadas por el Congreso y el Senado que no hayan obtenido una mayoría de 2/3 en ambas cámaras, lo cual es prácticamente imposible para cualquier materia polémica en virtud del panorama electoral de este país, y que ha sido utilizado en esta última legislatura por el señor Bush para vetar temas tan relacionados con los derechos humanos como: un proyecto de ley que prohibía la tortura a detenidos por presuntos delitos de terrorismo, un proyecto de ley que establecía la retirada de las tropas estadounidenses en Iraq,un proyecto de ley para ampliar la cobertura sanitaria infantil a los niños con menos recursos (vetada hasta por dos veces), un proyecto de ley para promover la investigación con células madre (también vetado en un par de ocasiones).
3)La situación de la libertad de expresión en México, en virtud de la concentración de los medios de comunicación en un par de grandes empresas del sector, beneficiadas por una ley declarada parcialmente inconstitucional.
4)La independencia del Poder Judicial en España, cuyo CGPJ es elegido a dedo por los partidos políticos mayoritarios, según los méritos obtenidos por actuaciones previas en defensa de los intereses políticos de uno u otro partido (por ahí andan ahora la Jueza del caso del “ácido bórico” o un miembro de la sala que en su momento absolvió a Juan Guerra). O cuyo Tribunal Constitucional afronta sus causas no en virtud de los contenidos jurídicos de las demandas, sino mediante la correlación de fuerzas políticas entre magistrados próximos a las tesis de unos u otros partidos políticos (caso paradigmático es el tema aún pendiente de la constitucionalidad o no del estatuto de Cataluña, asunto que ha ido pasando por diferentes etapas según la constitución del tribunal, en sus dimes (I) y diretes (II), estaba formada por más o menos magistrados de uno u otro lado político –remito a los hipervínculos propuestos-).
Esto, como digo, por poner sólo unos ejemplos de los innumerables que podríamos encontrar en los Estados auto-denominados como paradigmas de la libertad, la democracia y el buen gobierno. Tienen tarea, sin duda, los amigos de HRW. Mucha más de la que se puede encontrar en Venezuela, ese país que ya está sobradamente puesto ante los ojos de todo tipo de observadores jurídicos, políticos, económicos, sociales y mediáticos del mundo entero, seguido con lupa en todos y cada uno de sus movimientos gubernamentales.
Aunque, puestos a pedir, podrían empezar, sin salir de Venezuela, por hacer un nuevo repaso de los logros y fallos del gobierno revolucionario venezolano en los últimos diez años de mandato de Chávez. Un repaso, por ejemplo, en materias como la alimentación, la sanidad, la educación, la redistribución de la renta, o la lucha contra la pobreza. ¿O es que acaso estos temas han dejado de ser materia de Derechos Humanos, y no nos hemos enterado? Hasta hace no mucho tiempo hubiese jurado que, junto al derecho a la vida, eran estos los principales temas que preocupaban a los defensores de los derechos humanos en el mundo, encuadrados bajo iniciativas como los planes de Desarrollo del Milenio de la onU, planes con los que, dicho sea de paso, Venezuela ha cumplido sobradamente. ¿Es posible que un informe de una organización que se presente a sí misma como garante de los Derechos Humanos en el mundo, no abarque estos asuntos?, ¿en diez años de gobierno de Chávez sólo han podido encontrar fallos por doquier en el sistema democrático venezolano, y pocos o ningún acierto en la labor del gobierno a favor del respeto y la consolidación de los Derechos Humanos entre la población Venezolana, especialmente los hasta ahora sectores más desfavorecidos por la política estatal?, ¿realmente alguien en su sano juicio puede creerse que esto sea así?, ¿por qué han votado sistemáticamente entonces por Chávez y sus colaboradores los ciudadanos venezolanos, si tan mal andan en el respeto, nada más y nada menos, que de sus derechos como seres humanos?, ¿o es que acaso de lo que trata el informe de HRW no es de Derechos humanos, sino, más bien, de Desechos humanos?
Bien, ya puestos, habremos de elaborar una lista de estos Desechos, efectivamente quebrantados sistemáticamente por el gobierno de Chávez: El derecho al golpe del estado contra aquellos gobiernos legítimos que no son del agrado del imperio. El derecho a la mentira, la calumnia y la manipulación informativa. El derecho a concentrar el poder político y económico en manos de un centenar de personas y sus serviciales colaboradores lacayos. El derecho al magnicidio de aquellos líderes políticos o sociales que no se plieguen a los intereses de las élites dominantes. El derecho a la explotación feudal de los campesinos. El derecho, en definitiva, al triunfo de los Desechos humanos frente a los derechos humanos de la mayoría social explotada por las garras del capital y sus esbirros.
Ahí, hemos de reconocerlo, Chávez se está comportando como un auténtico tirano.
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Medios manipuladores, periodistas indignos
5. Octubre 2008 por admin.
Que los medios de comunicación de masas son un instrumento en manos de la alta burguesía cuya función principal es defender los intereses económicos de sus dueños por vía de la manipulación, el engaño, la mentira y el sesgo informativo, a estas alturas de la película, es algo que nadie en su sano juicio se atreverá a poner en duda. Que en lugar de transmitir de manera objetiva la información que reciben de lo que acontece en el mundo, se dedican a filtrar los contenidos según se ajusten o no a la línea editorial impuesta por los propietarios del medio, a estas alturas de la partida, es algo por todos sabido, a poco que uno tenga una mínima capacidad crítica que le permita analizar la realidad que le rodea. Nada de esto deberá sorprendernos, diría más, por más que nos pese a la gente de izquierdas, al ser estos medios de propiedad privada, sus dueños tienen cierto derecho para hacer y deshacer a su antojo, siempre y cuando no transgredan las leyes del estado. Ahora bien, que los periodistas que trabajan en estos medios privados se presten sin rechistar a jugar con el derecho a la información de la gente de la calle, minimizando actos tan bochornosos como el terrorismo organizado, el asesinato, la barbarie y los ataques sistemáticos a los derechos humanos por grupúsculos fascistas, eso, eso ya resulta bastante más preocupante, por la inmundicia que supone.
¿En qué clase de personas se han convertido, señores “periodistas” de los medios privados?, ¿no les queda lugar en el corazón para un mínimo de humanidad?, ¿tanta importancia tienen para ustedes el puesto que ocupan en su respectivos medios, que no son capaces de sentir el mínimo dolor por la muerte de decenas de personas inocentes?, ¿tan degradada está su escala de valores que anteponen su trabajo servicial y lacayo al derecho a la vida de los seres humanos y la denuncia del fascismo terrorista?, ¿no tienen, aunque sea, un mínimo de consciencia que les impida dormir por las noches por todo lo que están haciendo, todas las mentiras que están soltando y toda la mierda que nos están haciendo llegar cada día a los ciudadanos que sólo queremos saber de aquellas cosas que pasan en el mundo?, ¿tan poco valoran su dignidad que se venden al fascismo por un sueldo de unos pocos miles de euros y algo de prestigio “profesional”?
Digo todo esto, por el bochornoso e inmoral trato informativo que desde los medios de comunicación privados españoles (y públicos, porque aquí, con un estado puesto al servicio del imperialismo, no se salva nadie) nos están haciendo llegar en estos días en relación a los brutales acontecimientos que vienen desarrollándose, para vergüenza de la humanidad, en Bolivia. Para los medios españoles, los verdugos pasan a ser víctimas, y las víctimas verdugos. El fascismo se vende como democrático, y la democracia como totalitarismo. El robo, el escarnio, la avaricia, la insolidaridad y el saqueo de recursos forma parte de una “rebelión cívica”, mientras la verdadera “rebelión”, la del pueblo boliviano en su amplísima mayoría (67% de apoyo según la última consulta popular), que es de naturaleza solidaria, justa y preocupada por el progreso de los más desfavorecidos, pasa a ser un proyecto autoritario que pretende robar a la “Bolivia rica” sus recursos. Pero lo peor de todo, lo más indignante, lo que de verdad debería hacer que se les cayera la cara de vergüenza al suelo, si es que tuvieran, a esos trabajadores de los medios privados, es el intento descarado que han venido desarrollando en estos últimos días (aunque no es novedad) de hacer pasar a los muertos causados por la acción del fascismo paramilitar de oposición, como si fuesen efectos colaterales de los “enfrentamientos” entre partidarios del gobierno y opositores ¿No se les mueve ni un hilo de humanidad en esos corazones suyos cuando hablan del asesinato a sangre fría de decenas de personas y lo venden al público, por mandato de sus superiores, como si de algo circunstancial se tratase?, ¿o será acaso que para entrar a trabajar en esos sitios privados vendidos al capital hace falta carecer de toda humanidad?
¿Se imaginan ustedes, señores lectores, cuáles hubieran sido los titulares, subtitulares y editoriales de estos mismos medios de comunicación privados si, por ejemplo, un grupo de partidarios de Evo Morales o de Hugo Chávez hubiesen asesinado a sangre fría a decenas de opositores desarmados?, ¿se lo imaginan? Bueno, no hace falte que lo imaginen, tan sólo debemos echar un vistazo por las hemerotecas de los diferentes diarios españoles tras los acontecimientos del 11 de abril de 2002 en Venezuela, cuando, supuestamente, grupos chavistas habrían atacado a manifestantes indefensos de la oposición, para encontrar la respuesta. En aquel momento, todos los diarios españoles dejaban bien clarito, ya desde el titular o subtitular de la noticia, o por vía de alguno de sus editoriales, la autoría de los hechos, la responsabilidad de los chavistas en el asesinato de inocentes. El diario El País, por ejemplo, en un infame editorial del día 13 de abril que deberá ser recordado en los anales del periodismo democrático como una verdadera afrenta a la profesión, titulado “Golpe a un Caudillo“, y en el cual justificaba el golpe de estado cívico-militar, escribía lo siguiente “La gota que colmó el vaso y levantó a los militares fue la represión protagonizada por la policía y francotiradores adictos a Chávez, que causaron 15 muertos y un centenar de heridos el jueves, en la tercera jornada de una huelga general que unió paradójicamente a sindicatos y empresarios“.
En este mismo diario, el día 14 de abril, una vez el presidente Chávez había vuelto al poder, se titulaba otra noticia de esta guisa “Los tiroteos de grupos chavistas causaron hasta 24 muertos“. El diario El Mundo, por su parte, no le iba a la zaga. En una noticia de portada del día 12 de abril que titulaba ” 11 muertos en Caracas tras una masiva protesta ante la residencia de Chávez“, ya en el subtítulo dejaba claro que ” Testigos aseguran que francotiradores de los Círculos Bolivarianos dispararon desde las azoteas contra la manifestación de medio millón de personas“. También el diario ABC, el 12 de abril, en una cronología de los principales hechos acaecidos en Venezuela durante los años de mandato de Hugo Chávez hasta esa fecha nos decía ” 11 de abril: Una concentración de miles de personas de la oposición frente a PDVSA decide sobre la marcha acudir al palacio presidencial de Miraflores a pedir la renuncia de Chávez y se topa con simpatizantes “chavistas” en un tiroteo que deja al menos 12 muertos y 110 heridos“. Como se ve, para cualquier lector no informado, e incluso diría que poco interesado por el tema, no hubiera sido demasiado difícil conocer que “los grupos chavistas habían disparado contra una manifestación de inocentes opositores causando al menos una decena de muertos”. Y toda esta “claridad informativa” a pesar de que la noticia que estaban dando era completamente falsa, como posteriormente se ha demostrado (véase, por ejemplo, el documental “Puente Llaguno: Claves de una masacre“).
Tras esto, veamos ahora el tratamiento que la prensa española ha dado a los sucesos acaecidos en los últimos días en Bolivia, que han dejado ya un total de 15 muertos según las últimas informaciones. Pero antes de nada, para incidir un poco más en el carácter moral que se esconde tras estos “periodistas” que publican y redactan las noticias en los diferentes medios privados españoles (a ver si así logramos remover aunque sea una sola consciencia de alguna de estas personas), recordemos que la excusa que la oposición boliviana viene esgrimiendo para la justificación de estos actos de terrorismo fascista, no es otra que la supuesta reclamación en torno a la devolución de un impuesto sobre los hidrocarburos que el gobierno boliviano habría puesto al servicio del estado para, nada más y nada menos, en un flagrante atentado contra los derechos humanos (como se podrá apreciar), sufragar el gasto público derivado del pago de la denominada “renta dignidad“.
La renta dignidad, para quien no lo sepa, consiste en el pago de 320 dólares anuales a personas mayores de 60 años sin jubilación, mientras los jubilados de la misma edad recibirán un mínimo de 240 dólares mensuales. Esta renta, orientada a paliar la pobreza extrema en la que se encontraban millares de ancianos bolivianos, es financiada, según indica la ley que le dio vida, con recursos económicos procedentes del Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH) que hasta ese momento cobraban y controlaban en su totalidad las prefecturas departamentales. Es decir, en el país más pobre de Sudamérica, resulta que el gobierno del estado ha tenido la bochornosa y humillante idea de dedicar una parte de los ingresos generados por la principal fuente de recursos del país para garantizar una vida digna a aquellas personas con una edad avanzada que ya no les permite trabajar, y que, por un motivo u otro, no tenían hasta ese momento fuente de ingresos alguna. Todo un atentando a la humanidad, sin duda.
Es por ello, como ustedes comprenderán, que los opositores bolivianos se han ofendido tanto que han tenido que matar, para vengar tal afrenta, a decenas de partidarios de Evo Morales, y los medios de comunicación españoles, indignados también por la inhumana iniciativa de Morales, se han visto en la tesitura obligada de ponerse de lado de los opositores, manipulando la información, camuflando la verdad, y haciendo pasar, en lo posible, a los verdugos por víctimas y a las víctimas por verdugos, o, lo que viene ser lo mismo, llamando “muertos en enfrentamientos entre opositores y partidarios de Evo Morales” a lo que en realidad es una matanza terrorista y fascista llevada a cabo por las fuerzas de choque de las prefecturas opositoras contra campesinos desarmados que marchaban pacíficamente hacia una reunión en la cual poder dictaminar el modo en cómo debían organizarse para hacer frente a la avalancha reaccionaria de los opositores desarrollada en los últimos días. Así, la noticia más bochornosa, por descarada, es la que podíamos leer el día 12 de septiembre en la edición virtual de La Razón, que éste diario titulaba con la siguiente frase “Rebelión en la Bolivia rica“, acompañada acto seguido del siguiente subtítulo ” Los partidarios de Morales se enfrentan a tiros con grupos opositores. Cuatro muertos y decenas de heridos en Pando“. Es decir, según se desprende de los titulares de este diario, han sido los partidarios del presidente boliviano quienes se han enfrentado a tiros con los sanos muchachotes de la oposición “cívica“, causando cuatro muertos.
Para colmo, a pesar de las innumerables fotos e imágenes que podríamos encontrar de la barbarie opositora en estos últimos días, el diario acompaña la información con una foto en la que se puede ver a un reducido grupo de seguidores de Evo Morales atacando a un coche vacío de la oposición, por si acaso al lector le quedaba alguna duda de quiénes son los malos en toda esta movida. Eso sí, ya en el cuerpo de la noticia, pero siempre en palabras de viceministro de interior boliviano, para que quede claro que no es una afirmación objetiva sino un comentario personal de parte interesada, se dice que al menos dos de los muertos eran campesinos afines al gobierno atacados con armas de fuego por seguidores de la oposición (lo de “armas de fuego” bien entrecomillado para que no haya duda alguna de la subjetividad de la información dada por el viceministro).
Por su parte, el diario El Pais publicaba también en su edición en papel de este mismo 12 de septiembre la siguiente noticia “La violencia política se cobra ocho muertos en Bolivia“, desarrollada en su edición en internet bajo el titular ” La violencia ahonda la crisis boliviana“, y acompañado por el subtítulo “Ocho muertos en enfrentamientos entre autonomistas y seguidores del presidente“. Este diario, bueno, mejor dicho, el periodista servicial, lacayo y sumiso que firma la noticia, un tal M. Á. Bastenier, ni tan siquiera tiene la decencia de aclarar en algo los hechos, limitándose a desarrollar un escueto pero revelador ” En Pando hubo ayer un enfrentamiento que se saldó con cuatro muertos y varios heridos” (revelador para nosotros respecto de su condición inmoral, no para los lectores de la noticia en su afán por saber la verdad, claro está).
En la misma dinámica, para El Mundo, también en su edición virtual, la noticia merece el siguiente titular ” Los disturbios en la región boliviana de Pando se cobran, al menos, ocho muertos“. En este caso, en el cuerpo de la noticia aparece nuevamente la información dada por el viceministro de interior boliviano donde se dice que éste aseguró que lo acontecido se trata de una “masacre perpetrada en contra de campesinos” (el entrecomillado nuevamente es de cosecha propia del diario, dejando claro, al igual que ocurría en el caso de La Razón, que se trata de una información subjetiva de parte interesada, y no una información objetiva del diario). Lo que sí es una información objetiva del diario, a juzgar por la carencia de entrecomillado, es la siguiente afirmación expuesta unos párrafos después “esta madrugada un grupo de campesinos seguidores del Gobierno fue bloqueado por opositores cuando se trasladaba al municipio de Filadelfia. Allí se produjo un enfrentamiento armado entre ambos grupos que se ha causado de momento ocho víctimas, entre ellas un ingeniero de la Prefectura, un concejal de Porvenir y dos campesinos“.
Todo esto, a pesar de que ninguna fuente ha podido confirmar que los campesinos estuvieran armados y respondieran con armas de fuego a la agresión recibida, además de que diferentes campesinos y testigos presentes afirman que éstos estaban desarmados ( (1), (2), (3) ). Es sabido, que la información de que los campesinos estaban armados y habrían respondido a los disparos con más disparos proviene de unas declaraciones del prefecto de Pando, señor Leopoldo Fernández, sin embargo, lo que para el caso del viceministro del interior es una información subjetiva de parte interesada que debe ser convenientemente entrecomillada por el redactor de la noticia, en éste otro caso no se menciona en ningún momento al prefecto como causante de la información, siendo presentada, por tanto, como si de una información absolutamente objetiva y veraz se tratase. Incluso para el recientemente creado diario Público, que se auto declara a sí mismo progresista, en una noticia también del 12 de septiembre titulada “Continúa la toma de instituciones en Bolivia“, ya en el subtitular se habla también de que “los enfrentamientos se recrudecen entre oficialistas y autonomistas (…) los choques ya han provocado cuatro muertos“.
Como se puede observar, mientras que en la matanza de Puente Llaguno no hacía falta leer más de unas pocas líneas para hacerse una idea de lo crueles y despiadados que eran los grupos de choque chavistas, responsables con sus actos criminales de la muerte de decenas de opositores indefensos, en el caso de la masacre de Pando la impresión que uno saca a primera vista es bien diferente. En este caso no nos encontraríamos ante unos grupos de choque despiadados y asesinos que la han emprendido a balazos contra una marcha pacífica de campesinos desarmados, sino que, sin ninguna duda, estaríamos ante las consecuencias trágicas de un “enfrentamiento armado” entre ambos bandos, consecuencia de la situación de inestabilidad política en la que se encuentra inmersa el país, y de la cual ambos bandos son por igual víctimas y verdugos, cuando no directamente son los opositores quienes están sufriendo la violencia por parte del gobierno boliviano y sus campesinos afectos. Poco importa que más del 90% de las víctimas de esta matanza sean campesinos oficialistas que marchaban pacíficamente. Poco importa que los actos de violencia vengan sucediéndose regularmente a lo largo y ancho de los departamentos opositores, con ataques sistemáticos contra los oficialistas. Poco importa que en los últimos días diferentes sedes de instituciones estatales en las principales ciudades opositoras hayan sido asaltadas violentamente por grupos de choque opositores, agrediendo y obligando a abandonar las instalaciones a los allí presentes. Poco importa que en los departamentos opositores las agresiones racistas contra los indígenas se hayan venido sucediendo de manera brutal desde que Evo Morales tomase el poder del estado. Poco importa, en definitiva, que el 67% del país esté viendo como, a través del uso de la violencia terrorista-fascista, el 33% restante pretende imponerles un modelo de país que va en contra de los intereses de la inmensa mayoría del pueblo boliviano, y sólo a favor de unas pocas élites terratenientes privilegiadas que desde siempre han tenido bajo su dominio absoluto los recursos del estado. Lo que importa es hacer ver, como no podía ser de otra manera y cuanto más claro mejor, que todos estos movimientos fascistas están legitimados para la acción, y que el uso de la violencia terrorista-fascista no es más que la consecuencia lógica de la tesitura política en la que Evo Morales ha metido al país desde que se hizo cargo de la presidencia. Una violencia que es usada, eso sí, no como un medio para la acción política, no como un instrumento de terror, sino como un mecanismo de defensa frente a los ataques del estado, y, especialmente, como modo de hacer frente a cuantos “enfrentamientos con los partidarios de Morales” se vayan sucediendo en el camino de estos luchadores por la libertad de Bolivia enrolados en las filas de la oposición “democrática“.
Como digo, que los propietarios de los medios de comunicación privados sean partidarios de dar a la situación boliviana este enfoque mediático me parece hasta normal, indignante, pero normal (en virtud de los intereses que tienen en defensa del capitalismo y de los negocios imperialistas de las multinacionales españolas en América Latina). Ahora bien, que periodistas licenciados, supuestamente simples trabajadores asalariados que han estudiado una carrera de este estilo por vocación y con afán verdaderamente informativo, se presten a hacerles el juego a estos señores, es lo que verdaderamente me preocupa. Que aquellos que supuestamente deben ser los adalides de la verdad informativa en el mundo se prostituyan intelectualmente de esta manera ante el poder establecido, que se vendan de tal manera por unos pocos de miles de euros al mes a su amo y señor dejando atrás toda huella de dignidad periodística y de humanidad moral, no es que no me parezca normal, es que, sencillamente, me da ganas de vomitar.
Son ustedes, señores “periodistas”, y no quienes os dominan a su antojo por unas migajas de lo que recaudan en sus negocios, los verdaderos responsables de que la sociedad española cada día que pasa esté más idiotizada, de que cada día que pasa esté más dispuesta a aceptar sin rechistar que para mantener al alza el beneficio de la burguesía oligárquica en sus negocios internacionales, ni tan si quiera el asesinato y la muerte de gente inocente y desarmada es un impedimento moral. Son ustedes, en definitiva, quienes por unos pocos de miles de euros al mes venden la dignidad de más de 40 millones de ciudadanos que para bien o para mal, que sintiéndonos o no españoles, habitamos en este estado neo-imperialista.
Vuestra prostitución intelectual no tiene límites, y que me perdonen las putas y putos, un oficio, cuando es voluntario, tan digno como cualquier otro, donde el 100% de ellas y ellos tienen una calidad moral y humana infinitamente superior a la que ustedes demuestran cada día desde esos teclados de ordenador en que redactan las noticias que luego salen publicadas por los medios imperialistas y pro-golpistas a los que con tanto gusto estáis sirviendo a base de bajarse los pantalones de la dignidad un día tras otro.
Lo diré claro, dais pena, porque una persona que se vende así por unos pocos euros al poder establecido, en contra del progreso y el bienestar de miles de millones de personas en todo el mundo, no puede dar otra cosa. Pobres diablos. Aunque, pensándolo bien, también dais bastante asco.
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Sistema de enseñanza y familia: Dos caminos paralelos para la perpetuación del sagrado sistema consumista-capitalista
5. Octubre 2008 por admin.
Decir que el hombre es un ser social, a estas alturas de la historia humana, es una afirmación que ofrece pocas dudas respecto de su veracidad. Todo hombre nace, vive y –usualmente- muere en sociedad, y sólo dentro de ella es capaz de adquirir los conocimientos y el manejo de las habilidades que lo hacen un ser especial entre el global de seres que habitan la naturaleza. Como bien afirma el marxismo, un hombre aislado de las relaciones sociales y de la historia es una entelequia, un ser abstracto sin posibilidad de existencia real, el hombre sólo puede ser en cuanto que es parte del conjunto de las relaciones sociales en las que se ve inmerso. “No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia”(1). Pero, como es fácilmente comprobable también, ni todas las sociedades son iguales, ni todos los hombres que nacen y crecen en una misma sociedad acaban convertidos en una misma persona de idénticas características sociales y culturales. Cada sociedad tiene sus propios códigos culturales y, a su vez, cada hombre de esa sociedad tiene una vida propia, con unas experiencias propias, que finalmente lo acaban por diferenciar, en mayor o menor medida, del resto de sus conciudadanos.
Sin embargo, a pesar de estas diferencias, no podemos negar tampoco que existe una relación directa entre el tipo de sociedad en la cual habita un individuo determinado, y el modo de vida, los valores, las creencias y demás prácticas sociales en las que se ve inmerso de manera cotidiana ese individuo. Si bien es cierto que el hecho de crecer bajo los parámetros de una misma sociedad no convierte a todos los sujetos en seres calcados los unos a los otros, sin diferencias sociales o culturales entre ellos, lo es también que en toda sociedad existen una serie de parámetros que pueden ser reconocidos como compartidos, de una manera u otra, por todos los miembros que la integran. Cada hombre, quiera o no, es un hombre de su época, y cada época, se quiera o no, tiene su propia identidad histórica. Un hombre de la Edad Media no puede ser nunca igual a un hombre de la sociedad de nuestros días, de la misma manera que la identidad histórica de la sociedad de la Edad Media no es igual a la identidad histórica de la sociedad de nuestros días. El sujeto, como ser social que es, queda determinado en su identidad histórica por el conjunto de relaciones sociales y culturales en las que se ve envuelto desde su nacimiento, y a medida que las sociedades van evolucionando en su fondo y en su forma, lo va haciendo también la identidad histórica de los sujetos que en ellas habitan. Así, las relaciones sociales de cada época histórica determinan la identidad histórica de los individuos que conforman esa realidad social, y según sean las características históricas, sociales y culturales, de la sociedad en cuestión, así lo serán también las características históricas, sociales y culturales, de sus individuos. Se constituye así una relación dialéctica que, como ya apuntaban los marxistas clásicos, determina la esencia del hombre en cada momento histórico. El hombre como ser social se contrapone y lucha, y con la acción de su trabajo transforma a la naturaleza y a su vez se transforma a sí mismo porque él es también parte de la naturaleza. O, lo que viene ser lo mismo, el hombre en su devenir construye la cultura y la sociedad y a su vez es construido él mismo por esa cultura y esa sociedad.
El sujeto, sea cual sea su lugar y tiempo histórico, nace y crece siempre interiorizando los valores de una determinada sociedad en la cual habita, y a partir de ahí ya podrá someterse o revelarse, podrá reproducir una y otra vez los mismos si pararse a pensar si le son beneficiosos o podrá criticarlos hasta el punto de renegar de algunos o de todos ellos, pero, en cualquier caso, habrá tenido siempre que empaparse de ellos en su desarrollo como ser social. No existe el hombre atemporal, no existe el hombre que pueda crecer en sociedad sin interiorizar los valores sociales y culturales que le rodean siendo propios y característicos de tal sociedad, no existe el hombre, en definitiva, que pueda ser un ser social cuya esencia no responda a la esencia propia de la sociedad en la cual ha nacido y vivido. Todo esto, quede claro, no es ninguna novedad ni ninguna idea original mía, sino que ha sido convenientemente estudiado y analizado por las diferentes ciencias sociales que existen en la actualidad.
Según nos dicen los antropólogos, por ejemplo, la aculturación es el proceso de aprehensión de una determinada cultura. Supone el conocimiento, la interiorización, valoración, identificación y manejo dinámico de los valores culturales. La aculturación como proceso es, por tanto, la “encarnación” que realiza un individuo de su propia cultura en constante interacción con sus iguales y la naturaleza. Por su parte, los sociólogos nos hablan también de un proceso de socialización que sería aquel proceso mediante el cual “el individuo es absorbido por la cultura de su sociedad”(2), un proceso, por consiguiente, que se concibe como un proceso educativo donde el individuo aprende valores, actitudes, normas y pautas de conducta que la sociedad considera formas apropiadas de comportamiento para dicha sociedad. También en esta línea, dentro del mundo de la psicología, los constructivistas sociales, inspirados en los planteamientos del filósofo y psicólogo ruso Lev Vigotsky, señalan que sólo en un contexto social puede lograr el sujeto desarrollar un aprendizaje significativo. El intercambio social genera representaciones inter-psicológicas que posteriormente se han de transformar en representaciones intra-psicológicas. El origen de todo conocimiento no es entonces la mente humana, sino una sociedad dentro de una cultura que a su vez está enmarcada dentro de una época histórica determinada.
Así, proceso de aculturación para los antropólogos, proceso de socialización para los sociólogos y proceso de construcción social de la identidad para los psicólogos constructivistas sociales, serían tres modos diferentes, desde tres disciplinas distintas, de profundizar y ahondar en esta idea mencionada del ser humano como producto de la sociedad, de una sociedad, además, de la cual, al menos en las primeras etapas de su desarrollo como persona, de las primeras bases sobre las cual ha de construir su identidad tanto histórica como personal, no puede escapar. La sociedad hace al hombre, del mismo modo que el hombre previamente hizo a esa misma sociedad. Es por ello que, a poco que tratemos de integrar en un mismo cuerpo teórico toda esta gama de definiciones y enseñanzas provenientes de las diferentes ciencias sociales existentes, la conclusión principal a la cual podremos llegar, la que podría resumirlo todo, es, a nuestro juicio, que la identidad histórica de los sujetos en una determinada sociedad no la construye el individuo a su libre albedrío, sino que lo que sucede en realidad es una interiorización de la cultura dominante en esa sociedad, con las particularidades que el desarrollo histórico de la formación económica y social impone a través del cambio simbólico-cultural.
En realidad, hablando claro, si partimos de la base de una sociedad dividida en clases sociales, donde unos sujetos ejercen de propietarios de los medios de producción mientras otros son carne de explotación para estos primeros, lo que se estaría produciendo a través de estos procesos de aprendizajes sociales y culturales, no sería otra cosa de un proceso de sometimiento del sujeto al orden social establecido, un proceso de alienación del individuo de las clases dominadas respecto de los intereses y los proyectos de las clases dominantes, cuya finalidad no es otra que preservar los privilegios propios de éstas, así como garantizar el desarrollo de sus actividades como detentadores del poder político, económico y social.
Para ello, las clases dominantes establecen en la esfera ideológica de la supra-estructura un determinado código simbólico-sagrado que responde a la defensa de sus intereses de clase, y que, una vez es interiorizado por los sujetos de las clases dominadas a través de los oportunos mecanismos de transmisión, garantiza la sumisión de éstas últimas al orden social, político y económico establecido. O, en palabras de P. Bourdieu, “La sumisión al orden establecido es fruto del acuerdo entre las estructuras cognitivas que tanto la historia colectiva (filogénesis) como la individual (ontogénesis) han inscrito en los cuerpos y en las estructuras objetivas del mundo al que se aplican”(3).
En nuestra actual sociedad consumista-capitalista, por tanto, lo que se estaría produciendo a través de estos procesos de aculturación, socialización y construcción social de la identidad a los que de manera natural se ve expuesto todo individuo de la sociedad, no sería otra cosa que el sometimiento del sujeto al orden social, político y económico establecido por las clases burguesas dominantes, un orden sacralizado a través del código simbólico reinante y que ahora debe ser consolidado de manera definitiva en la sociedad mediante la interiorización que los sujetos hacen de él por vía de los convenientes mecanismos de transmisión, lo que garantiza que, una vez estos trasladan esta interiorización a sus comportamientos en la vida cotidiana, estos sujetos actúen conforme a los intereses determinados por las clases dominantes, ejerciéndose así, desde el propio interior del sujeto dominado, las funciones de control social que son propias de todo sistema de dominación clasista (es lo que en Mayo del 68 era conocido como “el policía interior”).
Pues bien, en otro artículo publicado en esta misma web, traté de hacer un pequeño análisis de algunas de las ideas sagradas establecidas como hegemónicas en la sociedad consumista-capitalista, concretamente de aquellas que están directamente relacionadas con aquello que Marx llamase la infraestructura, es decir, de aquellas vinculadas con la estructura económica que determina el funcionamiento de la sociedad, y de la cual brotan los elementos estructurales y super-estructurales (estas ideas sagradas, eran a mi juicio las siguientes: a) la propiedad privada y el dinero, b) los modos de producción capitalistas, la racionalidad económica y las leyes del mercado, c) el consumo). Todos estos conceptos eran presentados en ese artículo como elevados al grado de absoluto por el actual modelo socio-económico imperante, y dotados de un carácter sagrado que los colocan en el centro mismo de nuestras vidas, en tanto que éstas están determinadas por un proceso de aprendizaje cultural que las convierte en incuestionables. Este proceso de aprendizaje cultural no es otra cosa, por supuesto, que los anteriormente mencionados procesos de socialización, aculturación y construcción social de la identidad del sujeto. Pero este proceso de aprendizaje, como no puede ser de otra manera, requiere también de una serie de mecanismos de transmisión a través de los cuales los contenidos simbólicos presentes en el código cultural de la sociedad clasista puedan llegar a todos y cada uno de los individuos. Para ello, las clases dominantes no dudan en usar todo cuanto esté a su alcance, tanto por vía de los mecanismos conscientes de la mente humana, como por vía de los mecanismos inconscientes (véase también el artículo La ilusión de la libertad en el Consumismo-Capitalismo: Libres de derecho, esclavos de hecho). En este nuevo artículo, vinculado directamente con aquel primero, trataré de analizar algunos de esos mecanismos de transmisión y consolidación de los valores consumistas-capitalistas y su modo de vida asociado, concretamente aquellos que utilizan la vía consciente como modo de expansión y divulgación de sus contenidos.
En este nivel consciente de transmisión de las ideas sagradas del consumismo-capitalismo, podemos encuadrar todo el proceso educativo en general, tanto en el ámbito académico, como en el ámbito socio-psicológico. Así, por esta vía, el ciudadano adquiere de manera consciente una serie de conocimientos relacionados con el funcionamiento global de la sociedad, a través de los cuales interiorizará el carácter sagrado y absoluto de los elementos más propiamente constitutivos de la misma. Todos aquellos elementos que las clases dominantes han considerado previamente oportunos de sacralizar a través del los códigos simbólicos imperantes (incluidas aquellas pautas de orientación ética para el comportamiento ideal de los individuos en el marco social) serán transmitidos de manera consciente para que puedan ser convenientemente interiorizados por los diferentes miembros de la sociedad, a la vez que se les va dotando de un carácter incuestionable mediante su tratamientos continuo como si de hechos naturales, no determinados por convención social alguna, se tratasen. Así, a través de esta vía consciente el sujeto adquiere los conocimientos relativos a las normas morales, sociales y culturales imperantes, así como interioriza aquellos aspectos del funcionamiento general de la sociedad que no pueden ser puestos en duda, pues constituyen el fundamento mismo de la misma, y la fuente primera y final de toda norma moral, social o cultural. En este proceso, son tres las instituciones sociales que juegan un papel predominante: el sistema de enseñanza, la familia y los medios de comunicación de masas, pues es a través de ellos desde donde el niño interioriza estos conocimientos que le han de servir, a posteriori, para integrarse en la sociedad y responder de manera consciente a las exigencias de la misma (unas exigencias, claro está, previamente determinadas por las clases dominantes en relación con el modelo de sociedad sacralizado a favor del mantenimiento y defensa de sus intereses y privilegios). Sin embargo, en este artículo, debido a la complejidad encerrada en el tercero de los elementos mencionados (y que merecería él sólo un artículo aparte, al igual que la esfera de los mecanismos inconscientes de dominación social), me centraré exclusivamente en el análisis de dos de las instituciones mencionadas: el sistema de enseñanza y la familia, pues considero de suma importancia poner de manifiesto el carácter servicial de clase que ambas instituciones, tal y como son entendidas en la actualidad, tienen para con los intereses de los grupos dominantes.
La primera de estas instituciones mencionadas, el sistema de enseñanza, sería, según nos dicen, el modelo de educación académica que el sujeto recibe para su formación en el ámbito de los conocimientos teóricos de las diferentes ciencias y demás disciplinas académicas existentes, y que, a través de unas técnicas y un método específico, transmiten al alumno una realización ordenada, metódica y adecuada de las mismas. La enseñanza es, en consecuencia, una actividad realizada conjuntamente mediante la interacción de tres elementos: un profesor o docente, uno o varios alumnos o discentes y el objeto de conocimiento. El sistema de enseñanza sería así, en resumidas cuentas, el modo en cómo desde las instituciones políticas dominantes se organizaría todo el proceso de enseñanza que va desde las primeras etapas de la educación del niño a los últimos escalones posibles en el ámbito de la formación y la investigación académica (enseñanzas universitarias superiores).
El sistema de enseñanza es, por tanto, un modelo de organización del proceso general de enseñanza que ha de ser determinado obligatoriamente desde el ámbito de la política, al ser regulado mediante leyes parlamentarias y otras determinaciones jurídicas legislativas y ejecutivas. Por ello, si tenemos en cuenta que en toda sociedad sagrada son las clases dominantes las detentadoras del poder político, no nos queda más remedio que concluir, con el marxismo, que el sistema de enseñanza es una institución social educativa puesta al servicio de los intereses de las clases dominantes. En nuestra actual sociedad consumista-capitalista, con su carácter sacro-religioso, el sistema de enseñanza vigente es un sistema educativo puesto al servicio de los intereses de la clase burguesa dominante, a partir del cual transmitir al sujeto que está recibiendo su formación académica el modelo de sociedad previamente sacralizado por estas clases dominantes a través de los valores sociales y morales imperantes como hegemónicos. La educación es convertida así un instrumento en manos de la clase dominante que determina su carácter metódico adecuadamente a sus intereses de clase, así como el ámbito que abarca la enseñanza para su propia clase y para las clases oprimidas (colegios públicos vs colegios privados). Pero como la burguesía presenta al capitalismo como la realización completa del orden de vida “natural y racional”, exento de proceso de construcción social alguno, y sin ninguna relación dialéctica con la lucha de clases, el sistema de enseñanza y educativo -que en realidad es un instrumento de sus intereses- se embellece con bonitas frases acerca de la libertad y de las posibilidades de desarrollo, se vincula con los valores fetiches preferidos que actúan como fuente de adhesión emocional de las masas al sistema –la razón, la libertad y la democracia-, y por ende también al propio sistema educativo en sí mismo. Se lanza el mensaje de una educación desde la razón, para la libertad y la democracia, cuando en realidad ocurre todo lo contrario, es una educación ordenada desde la sin razón, para la alienación y la dictadura de la burguesía.
Es decir, según la visión predominante, orquestada desde las altas instancias del poder político y económico burgués, el sistema educativo capitalista no tendría carácter de clase alguno, sino que simplemente supone el modo por el cual la sociedad misma tiene capacidad de dotar a sus integrantes de una formación integral, no sólo académica o laboral, sino también personal y humana. Sin embargo, un análisis no demasiado minucioso de la realidad nos dice todo lo contario. En la sociedad consumista-capitalista, como se suele decir, el sistema de enseñanza no es otra cosa que la enseñanza del sistema. Y esto queda manifiestamente explícito, sobre todo, en la orientación general que se le da, en todo país capitalista que se tercie, al proceso de formación académica de los sujetos.
Ya desde las primeras etapas de la enseñanza lo que se puede observar es un proceso de deshumanización del individuo, orientado en su formación a ser convertido no en ciudadano, no en persona integral, sino en simple mercancía de trabajo con la cual poder especular a medio plazo el sistema. Todo el sistema de enseñanza está orientado a dotar al alumno de los conocimientos y la formación necesaria para que, según sus propias capacidades, se integre al mercado laboral y satisfaga de manera efectiva las demandas del mismo. La educación no tiene como objetivo formar personas que aspiren a auto-realizarse como tales, personas con capacidades críticas o con una formación humana más allá de los valores propios del sistema imperante, sino la formación de trabajadores que realicen de manera eficiente su labor y contribuyan a optimizar el funcionamiento del sistema capitalista y maximizar los beneficios económicos del mismo en todo lo que sea posible (para gloria de las clases dirigentes). La educación es, por tanto, una inversión económica que las clases dominantes, a través del estado o las instituciones privadas, hacen con cada individuo a largo plazo, para que, una vez el alumno adquiera los conocimientos necesarios, poder sacarle, a través del trabajo asalariado, la rentabilidad deseada. Todo el dinero que el estado o la iniciativa privada se gasta en la formación académica del alumno, le será conveniente devuelto, con intereses y plusvalía, una vez éste se haya integrado al mercado laboral como un trabajador asalariado y consumidor más. No es de extrañar, por tanto, la cada vez más evidente necesidad del sistema por privatizar y gestionar como si de empresas se tratasen todas las instituciones académicas representativas, especialmente las Universidades.
El sistema educativo se convierte así, además, en un proceso selectivo para el mercado laboral, en el cual, a través de una orientación de las técnicas y los métodos de enseñanza para expandir como norma la competencia y la excelencia académica, se hace de la exigencia y el mérito el valor principal del proceso, a partir del cual se sabrá cuáles sujetos están capacitados para ocupar ciertos puestos laborales en la sociedad, y cuáles se tendrán que conformar con ocupar los que estos primeros no deseen. Pero unos niveles de exigencia y mérito que son aplicados exclusivamente sobre baremos que abarcan sólo los conocimientos teóricos o las capacidades prácticas de un individuo en relación con la eficiencia productiva que se debe generar una vez este sujeto es incorporado al mercado laboral, no en relación con cualesquiera otros baremos que tomen como referencia también la tan cacareada formación integral de la persona. La correcta formación moral o intelectual crítica de una persona, por poner un ejemplo significativo, no será nunca ni meritoria ni satisfactoria de la exigencia requerida, pues con ella tal vez se pueda hacer del individuo una persona más íntegra, pero en absoluto se garantiza que sea una persona más productiva según los parámetros requeridos por la estructura económica de la sociedad. La exigencia y el mérito pueden ser valores progresistas, de hecho lo son cuando son entendidos según una perspectiva amplia del sujeto como ser social, pero se convierten en elemento de fomentación de la competencia despiadada e insolidaria cuando tienen como único objetivo ir estableciendo paulatinas cribas en el ámbito laboral al que pueden aspirar unos sujetos y otros.
Así, el sistema de enseñanza es convertido en un elemento más de la mercantilización de la sociedad, a través del cual no sólo se forma trabajadores, sino que se reproducen los conocimientos necesarios para que los alumnos acepten el carácter absoluto de los elementos más propiamente característicos de la misma. Toda función social de la enseñanza, más allá de esa formación laboral y de adoctrinamiento a los valores sagrados consumista-capitalistas, es anulada en el sistema capitalista actual, donde el desarrollo pleno de la persona no ocupa papel alguno, y donde todo, absolutamente todo, se orienta hacia la satisfacción de las exigencias del propio sistema capitalista (que demanda a la enseñanza trabajadores formados e individuos alienados sin capacidad crítica alguna). Así, como afirma el sociólogo Ignacio Fernández de Castro “la mercantilización del sistema de enseñanza se pone de manifiesto en que el desarrollo pleno de la personalidad de los alumnos deja de ser el objetivo principal del proceso de enseñanza cediendo esta posición a su contribución, mediante la especialización profesional de sus alumnos, al desarrollo de la capacidad económica competitiva de la sociedad, tanto en la producción de mercancías, cómo en la conquista de los mercados internacionales”(4).
La enseñanza no resulta, pues, una manifestación más del eje de dominación capitalista, sino una estrategia fundamental para el mantenimiento de esta organización social diseñada y sacralizada por las clases dominantes a través de los códigos simbólicos hegemónicos en el ámbito de la esfera supra-estructural. Como decimos, cuando un alumno termina su formación académica, sea cual sea el nivel en el cual deje los estudios, pero sobre todo si hablamos de niveles pre universitarios, no sólo habrá sido formado para que acepte su integración como asalariado al mercado de trabajo, sino que habrá interiorizado el carácter sagrado de los elementos más característicos de la estructura económica de la sociedad capitalista, por el simple hecho de que estos elementos que jamás habrán sido puesto en duda a lo largo de todo el proceso educativo, especialmente en las etapas de educación obligatoria.
Además, la capacidad crítica del alumno es sometida por la autoridad del profesor, el cual, según la metodología oficial, se da por hecho que habla siempre, diga lo que diga, en nombre de la verdad, y de cuyas enseñanzas, encerradas en los libros de texto manejados por el alumno, no es necesario dudar de manera crítica, pues son verdades en sí mismas sistematizadas por autoridades en la materia. En ningún caso se enseña, ni por asomo, capacidad alguna para que el alumno pueda dudar de la veracidad de las informaciones que recibe durante el proceso de enseñanza, al contrario de lo que predicaba aquella famosa máxima del filósofo español Ortega y Gasset “Siempre que enseñes, enseña a la vez a dudar de lo que enseñas”. De esta manera, el mensaje que está recibiendo el alumno durante toda su etapa escolar es una especie de alegoría simbólica para la sumisión a las fuentes de verdad preestablecidas, las cuales son en sí mismas indudables y, por tanto, se hace innecesaria la aplicación de un pensamiento crítico respecto de ellas. De igual manera que el niño no debe dudar de las enseñanzas predicadas por el profesor, el resto de su vida no deberá dudar de las enseñanzas predicadas por los medios de comunicación de masas y otras fuentes de información que suponen portadoras, por sistema, de la verdad. Se anula así, con este método, el despertar de las capacidades críticas en los alumnos, las cuales son reemplazadas por una enseñanza de la sumisión a las verdades predicadas desde las fuentes de autoridad del sistema (en este caso el profesor o los libros de texto, pero en un plano más general las verdades sacralizadas a través del uso mercantilista de la ciencia, la publicidad o los medios de comunicación de masas). Es decir, mediante esta sumisión del alumno a las verdades incuestionables predicadas por el profesor y los libros de texto, el sistema de enseñanza capitalista anula la capacidad de análisis causal y crítico del sujeto en formación, convirtiendo al sujeto receptor de los mensajes en un individuo pasivo y des-individualizado (el profesor siempre dice la verdad, no necesita ser contrastada la información que transmite). Así, el sujeto que en su formación se acostumbra a someterse de manera acrítica a los conocimientos que recibe de parte de las fuentes de autoridad establecidas por el propio sistema de enseñanza como válidas –profesores y libros de texto-, ya no sólo no sentirá la necesidad de dudar sobre la veracidad de las informaciones recibidas a lo largo y ancho de todo su proceso educativo, sino que, además, habrá aprendido a respetar la autoridad de las fuentes de verdad establecidas como válidas en la sociedad, no dudando en ningún momento sobre la veracidad de las informaciones que recibe a través de ellas, unas informaciones entre las cuales se encuentran de manera continuada la proclama del carácter natural y racional de los elementos más característicos de la estructura económica que domina la sociedad, que pasan a ser incuestionables y respetadas, se sepa o no, por su carácter absolutamente sagrado y su condición de información interiorizada a través de fuentes autorizadas de la verdad.
Por otro lado, el sistema de enseñanza capitalista tampoco pone un ápice de atención en la formación ciudadana de los individuos, más allá de propugnarles una educación absolutamente sumisa a los valores y normas sociales más propiamente arraigados en la mentalidad colectiva. La preocupación casi exclusiva por dotar de una formación orientada a tener una determinada salida laboral no deja tiempo para que los alumnos puedan recibir la formación necesaria en materias relacionadas con sus derechos y deberes, no ya como ciudadanos del sistema, sino como personas con una vida propia que han de compaginar con sus estudios primero y su trabajo después. Los alumnos salen de los diferentes niveles educativos y, a poco que la vida les apriete, se dan cuenta que no han aprendido absolutamente nada en relación con su formación como seres sociales inmersos en una sociedad de relaciones complejas y cambiantes. No se enseñan habilidades sociales, no se enseñan marcos de relaciones de derechos y deberes entre el sujeto y las instituciones de la sociedad, no se enseñan procesos de auto formación en cuestiones de vida en sociedad o en desarrollos de marcos para la convivencia. Y cuando se enseñan, como es el caso de la asignatura de nueva implantación en el estado español de “Educación para la ciudadanía”, se hace desde una perspectiva absolutamente alienante y descafeinada, que ni profundiza en el origen y causa de la realidad social, ni establece diferencias entre los diferentes miembros de las diferentes clases sociales que cohabitan en un mismo marco de convivencia socio-política y económica.
Por ejemplo, como manifestación de esto que digo, un alumno sale de la educación media, si no repitió ningún curso, a la edad de 18 años, una edad en la cual en la mayoría de los países es ya posible ejercer el derecho al voto y, sin embargo, tal alumno no ha recibido formación política alguna que le permita racionalizar de manera crítica el sentido de su voto o la ideología política que mejor se adecua a la defensa de sus intereses según el papel que juegue dentro de la sociedad. Otro ejemplo bastante significativo es que, a pesar de que todo el proceso educativo está destinado a la formación del alumno como fuerza de trabajo, al salir de las diferentes enseñanzas (incluidas las universitarias superiores), salvo que sean ramas específicamente destinadas para ello dentro de la educación superior (estudios de Derecho, relaciones laborales, ciencias del trabajo o carreras por el estilo), el alumno sale sin formación alguna en cuanto a materia de derechos laborales se refiere. Formación profesional habrá desarrollado en abundancia, sus deberes como miembro trabajador de la sociedad los conocerá todos, pero sus derechos laborales serán para él unos absolutos desconocidos, lo cual acaba en muchas ocasiones con el trabajador ejerciendo una labor que no se corresponde con sus derechos, explotados y tratados como auténtica mercancía, especialmente para individuos que abandonan sus estudios antes de llegar a los grados superiores de la educación. Por supuesto, tampoco conocerán como relacionarse con las instituciones para reclamar tales derechos, ni sobre qué bases ha de actuar para que no caigan en saco roto a capricho de la acción de la administración o los empresarios sin escrúpulos. En el sistema de enseñanza se forman trabajadores, eso es indudable, pero trabajadores que salen de él siendo auténticos desconocedores de los derechos que les corresponden como tales. Mucho empeño para que aprendan un oficio, pero ninguno para que aprendan cuales son aquellos derechos que en el desarrollo de ese oficio le son propios como ciudadano trabajador que es.
En definitiva, expuesto esto, creo que podemos concluir que son dos las exigencias que la sociedad capitalista hace a su propio sistema de enseñanza, ninguna de ellas vinculada a una formación integral de la persona ni nada que remotamente se le parezca:
a) la formación de sujetos destinados a servir como mano de obra asalariada que garantice la eficiencia productiva de la estructura económica de la sociedad.
b) la anulación de la capacidad crítica del alumno para que éste pueda ser convenientemente sometido por los valores sagrados establecidos a través del código simbólico establecido como hegemónico en la esfera supra-estructural.
En ambos casos, el resultado final es absolutamente brillante a favor de los intereses de las clases dominantes, pues el sistema de enseñanza (la enseñanza del sistema) cumple a la perfección, a juzgar por los resultados en la práctica, con estas tareas diseñadas para él por estas mismas clases dominantes. No se educa para crecer como persona, no se educa para formar ciudadanos libres, se educa exclusivamente para que te sometas sin dubitaciones a los valores sagrados pre establecidos por el sistema, para que te adaptes a ellos y para que contribuyas como “buen ciudadano” al ciclo económico laboral-consumista que tan buenos dividendos deja en las arcas de las clases sociales dominantes. Cualquier otro parecido con la “formación integral de la persona” es mera coincidencia fruto de la casualidad o la formación extra académica del sujeto en cuestión.
En cuanto a la segunda de las instituciones planteadas, la familia, su papel principal dentro de la aplicación práctica del sistema simbólico-sagrado consumista-capitalista se vincula con una transmisión, a través de mecanismos de presión, de las exigencias del sistema al individuo concreto, tanto en el ámbito de lo laboral y lo profesional, como en el ámbito de lo social y lo cultural. Esto quiere decir que, dentro del sistema capitalista, es la familia el marco donde se establecen los principales mecanismos de presión para que el sujeto se someta a los valores establecidos por el sistema como hegemónicos, mediante la presión que los padres ejercen sobre sus hijos en el desarrollo del proceso educativo y de socialización, para que estos hijos satisfagan las exigencias que ellos les plantean, y que previamente han sido interiorizadas por estos mismos padres como exigencias que la sociedad hace a las personas para que éstas puedan tener, supuestamente, una vida lo más cómoda y exitosa posible dentro de la sociedad.
Si el seguir un determinado estereotipo de vida, orientado hacia la consecución de unos determinados fines, y guiado por el seguimiento de unas determinadas pautas de conducta, es presentado como un camino que garantiza una vida de éxito dentro de la sociedad, los padres, en su afán por hacer de sus hijos personas provechosas, presionaran a sus descendientes para que sigan este camino predeterminado como modélico por el sistema, que los ha de conducir a ser miembros de provecho dentro de la sociedad, y en cualquier momento que los progenitores detecten que sus hijos se están saliendo de este camino marcado, usarán contra ellos toda una serie de medidas de presión para restablecer el orden buscado y poner de nuevo al hijo en el camino correcto. Nacer, crecer, estudiar una carrera, buscar un trabajo, enamorarse y formar una familia, tener hijos, comprar una casa y un coche y, tal vez, una mascota. Ver la televisión, fútbol y programas basura del corazón, siempre con la idea de dar un pelotazo que nos haga ricos y que nos permita codearnos con lo mejor de la sociedad. Y todo ello aderezado por una buena dosis de respeto a la norma social establecida, una actitud que se identifica siempre con el civismo y el buen hacer. Así nuestra aspiración es una vida cómoda y acomodada, y creemos que lo único que dota de sentido a nuestras vidas es luchar por ello. Los padres se quedan tranquilos cuando sus hijos cumplen estos deseos implícitos en la sociedad que ellos mismos le han proyectado a manera de exigencias, las exigencias del sistema. Un sistema que busca personas integradas a los modos de vida y la estructura productiva del capitalismo-consumismo.
Unas exigencias que son transmitidas así directamente a los niños ya no sólo por la acción del sistema de enseñanza o los medios de comunicación de masas, sino también a través de las exigencias que sus padres les plantean en el propio ámbito de la vida familiar. Los padres sirven de este modo como mecanismos primarios de corrección para el restablecimiento del orden establecido, en caso de que alguno de sus hijos haya decidido salirse, sabiéndolo o no, de las normas y los valores preestablecidos por el sistema y su modo de vida, pues servirán como elementos directos de presión, al margen de otros mecanismos del estilo que ya van impresos en el funcionamiento de la propia sociedad, para que el sujeto vuelva a encaminar su vida por el sendero que le marca el sistema y sus exigencias productivas.
La familia es de esta manera no sólo una fuente de transmisión de los valores y las exigencias propios de la ideología y la sociedad burguesa, una fuente primaria de transmisión de valores morales y culturales, sino también un mecanismo de control de esta sociedad frente a los individuos que no se ajustan a las exigencias productivas del sistema. La familia se constituye con ello en un elemento represivo respecto de la posibilidad de cambio social, pues es en ella misma desde donde los padres obligan a sus hijos a someterse al orden establecido, bajo la creencia de que con ello están contribuyendo a hacer de estos hijos personas de provecho, en un ciclo que se reproduce generación tras generación, y que además tiene la capacidad de ir integrando los cambios morales, sociales y culturales que se vayan sucediendo dentro del sistema con el transcurrir de los años.
Con ello, los buenos deseos de los padres para con la vida futura de sus hijos, algo lógico en primera instancia, se puede convertir en muchas ocasiones en todo lo contrario, pues se pueden acabar convirtiendo en un anulación de la identidad propia del hijo, en una obligatoriedad de hacer cumplir al hijo con unas exigencias que es posible le estén produciendo más perjuicio que beneficio.
Además, en la sociedad actual las funciones educativas tradicionales de la familia van quedando cada vez más apartadas y trasladadas hacia otros ámbitos, desde la misma escuela, a los medios de comunicación de masas o la relación del niño con el grupo de iguales. La familia deja espacios libres en la socialización de sus hijos, ya que los roles paterno-filiales no se pueden desempeñar de la misma manera en que se hacía tradicionalmente, debido a las exigencias laborales y otros factores de la vida dentro de las sociedades capitalistas. Los padres tienen cada vez menos tiempo para ejercer como verdaderos educadores de sus hijos, y trasladan, queriéndolo o no, esta responsabilidad a estas otras instituciones sociales, lo cual de alguna manera genera un cierto vacío emocional en la relación educativa y las responsabilidades que los padres creen tener respecto de sus hijos. Y es aquí donde, a mi juicio, juega un especial papel la presión que los padres ejercen sobre los hijos para que estos se orienten en la vida según las exigencias propias del sistema consumista-capitalista.
Ante la percepción de ese vació emocional, y el consecuente sentimiento de culpa que ello genera en los padres (por creer de alguna manera que no han cumplido plenamente con su tarea tradicional como tales), el posible fracaso en el proyecto de vida de los hijos es percibido también por los padres como un fracaso propio, ante el cual tienen parte de responsabilidad por no haber podido educar a sus hijos de una manera más cercana y directa. Pero como las exigencias de la vida laboral no permiten que este vacío se pueda suplir con una mayor dedicación temporal a la educación directa de los hijos, lo que se hace es sustituir esta cercanía por una mayor presión para que los hijos sigan rectos por el camino en el cual se supone que reside el éxito social y laboral del individuo dentro de la sociedad. Es decir, si bien las exigencias productivas del sistema no hacen posible una mayor dedicación temporal a la educación de los hijos, esta carencia si es posible suplirla con una mayor presión para que los hijos no se salgan del camino predeterminado como exitoso por la sociedad.
Educar progresivamente al niño en los valores morales, sociales y culturales que los padres consideren más adecuados para su formación integral como personas, requiere de un tiempo que no siempre es posible encontrar, pero, sin embargo, presionar a estos para que sigan por la senda, moral y laboral, que ya la propia sociedad ha determinado como exitosa, apenas si requiere de unos pocos minutos cada día que son transformados en una constante presión sobre la vida del hijo y el camino que éste anda recorriendo por sí mismo. Encontrar tiempo para regañar, castigar o presionar de cualquier otra manera sobre la actitud del hijo, siempre será menos problemático que tener que buscar el tiempo necesario como para poder construir de manera progresiva y con enseñanzas sólidas y razonadas el código de valores, sociales, culturales y laborales, por el cual ha de regirse el hijo dentro de la sociedad. Es decir, proyectar sobre el hijo la imagen del fracaso que va asociado al no seguimiento de unos determinados estereotipos de comportamiento y orientaciones sociales, culturales y laborales, siempre será más sencillo que tener que buscar el modo en cómo educar de manera personalizada al hijo para que sea él mismo, en ayuda de los valores transmitidos en primera instancia por los padres, quien determine sobre qué bases desea construir el éxito o fracaso de su proyecto de vida. Con esto, como he dicho, los padres se quitan en parte ese vacío emocional que les produce el no poder estar volcados todo el tiempo que desearan con sus hijos, pues ya sienten que no los están dejando a su libre albedrío, sino que les están ayudando a realizarse dentro de la sociedad y convertirse en hombres de provecho según los propios caminos dictaminados por el código simbólico imperante como “caminos para el éxito social”.
Los padres se quieren convertir así en los primeros amigos de sus hijos a la vez que se transforman en sus principales guías de vida, aunque en realidad no hacen más que presionar a sus hijos para que sigan un camino de vida que ni tan siquiera ellos mismos, como padres, se han parado a reflexionar ni analizar críticamente, sino que, simplemente, han absorbido de la estructura social como el modelo de comportamiento y orientación de vida que supuestamente mejor se adecua a las exigencias del sistema y que con mayor efectividad garantiza la conversión de las personas en “buenos ciudadanos” y “hombres de provecho”. Los padres, en su deseo de no ver como el proyecto de vida de sus hijos se convierte en un fracaso de cara a la sociedad –del cual se sentirían responsables y asumirían como propio al no haber podido dedicarle a la educación de éstos todo el tiempo que hubiera sido necesario-, temen de todo experimento en la vida de los hijos, es decir, de todo aquello que no sea ver como sus hijos van dando los pasos progresivos que los van encaminando hacia lo que la sociedad dice que es un camino de éxito y la antesala de una vida de provecho.
Los propios fracasos de los padres como educadores –según la visión tradicional de la educación en el ámbito de la familia que los padres siguen, de alguna manera, asumiendo como válida- son proyectados en los hijos como exigencias, creyendo que así uno se expía de sus pecados como educador, aun cuando esto en muchas ocasiones no lleva sino a incrementar el problema y a profundizar en el fracaso del hijo respecto de la construcción de su propio proyecto de vida, pues en ocasiones esta presión hace que los hijos asuman un modelo de vida que no les es para nada satisfactorio y que les genera más perjuicios que beneficios. Este tipo de presión que los padres ejercen sobre la vida de sus hijos, que en realidad no es más que el modo más efectivo de presión social que actualmente tiene la sociedad consumista-capitalista en el ámbito del proceso educativo de los individuos, acaba por garantizar que los sujetos interioricen y lleven a la práctica de la manera más efectiva posible los elementos sacralizados a través del código simbólico imperante en la sociedad consumista-capitalista. La familia se constituye así, como digo, en un mecanismo regulador del correcto funcionamiento del sistema socio-político-económico vigente, amén de ejercer como elemento represor sobre aquellos individuos que, sabiéndolo o no, exceden tempranamente los límites vitales aceptables por los códigos sagrados que nos rigen.
Por otro lado, a través de la institución familiar también se contribuye a perpetuar el carácter sagrado de la propiedad privada. En tanto que la familia es en sí mismo un núcleo de posesiones de carácter privado, transmitidas de unos miembros a otros por del derecho de herencia, el sujeto se desarrolla ya desde su nacimiento en un ámbito donde la propiedad privada adquiere carácter absoluto, pues las posesiones de los padres son también en parte posesiones, incluso antes de ser heredadas, de los hijos. El sujeto percibe así que existen ciertas cosas sobre las que tiene derechos de propiedad en el ámbito de su propia experiencia personal, y ello lo hace extensible al global de la sociedad, aceptando y respetando que el resto de individuos posean también sus propios derechos de propiedad sobre aquellas cosas que les pertenecen. Así, aun cuando las posesiones de la familia se reduzcan a objetos de uso, tales como la vivienda familiar, el coche, o cualesquiera de las cosas que hay dentro de sus casas y que son usadas por ellos (y ante cuyo derecho de propiedad no tengo ningún inconveniente), el sujeto percibirá que también aquellas cosas que tienen un carácter productivo –es decir, que son en sí mismos medios de producción- dotan de estos mismos derechos de propiedad privada a aquellos individuos que las poseen, aun cuando estos medios de producción sean elementos tales como las tierras productivas o las fuentes de materias primas y recursos naturales que hay dentro de los límites del estado, que en teoría son fruto de la naturaleza y sólo mediante algún tipo de proceso de adjudicación, más o menos legítimo, han podido ir a parar a manos de sus actuales dueños.
Se confunde así, por vía de la experiencia familiar, la propiedad privada de los bienes de uso personal, con la propiedad privada de los medios de producción, y todos ellos son metidos en un mismo saco que, partiendo de la propia experiencia en el ámbito de las posesiones de la familia, adquiere carácter indudable y, por tanto, sagrado, tal y como es propuesto por las clases dominantes a través de su código simbólico hegemónico, y que ahora es ratificado de manera “racional y natural” por la propia experiencia de vida de la persona. Se constituye así, ya de partida, lo que en ámbitos marxistas podría ser calificado como mentalidad “pequeño burguesa”, pues la protección y defensa de las propiedades de cada cual, incluso el deseo de aumentar estas según las necesidades de la persona, se convierte en un ideal de vida que tiene su implicación tanto en el ámbito de lo personal como en el ámbito de lo colectivo, sin establecer diferencia alguna entre lo que puede ser la propiedad de determinados bienes de uso (tales como la vivienda, el coche, etc.) y la propiedad de los medios de producción (donde se establecen ya relaciones entre propietarios y trabajadores y, por tanto, relaciones económicas de explotación, con todo lo que ello puede implicar a nivel social). Es curioso observar, por ejemplo, en el marco actual de la situación inmobiliaria en el mundo capitalista, la modificación que se produce a menudo en la mentalidad de los sujetos según sean propietarios o no de una vivienda. Mientras el sujeto no posee una vivienda en propiedad, suele sentirse indignado por los altos precios que alcanzan las viviendas en el mercado y con ello con la imposibilidad que tienen muchas personas de poder acceder a una vivienda en propiedad. Sin embargo, en cuanto esa misma persona pasa a ser propietaria de una vivienda, en cuanto se embarca en una hipoteca a no sé cuantos años, su preocupación pasa a ser entonces que el precio de su propiedad no caiga, pues eso ya, supuestamente, iría en detrimento de sus intereses personales. Ya no importa si con la caída del precio de la vivienda muchas otras personas que antes no podían ahora tendrán acceso a la propiedad de una vivienda, ahora lo que importa es que eso produciría un efecto negativo en el valor del patrimonio personal que con tanto esfuerzo se ha ganado uno. Esto, a mi juicio, puede servir claramente como ejemplo paradigmático del modo en como la propiedad privada nos somete ya desde la experiencia personal-familiar, pues nos hace mirar más por ella que por los intereses generales de la sociedad y las personas que nos rodean como conciudadanos. Es una mentalidad absolutamente egoísta, muy bien definida como “pequeño burguesa”, pero que lejos de ser algo puntual o anecdótico es, si hacemos una extrapolación de ello al discurrir global del sistema consumista-capitalista en todos su ámbitos de relaciones sociales y económicas, el modo habitual en como la mayoría de las personas se guían por estas sociedad. Por defender de manera egoísta sus pequeñas propiedades, estarían dispuestos, si hiciera falta, a negar una reforma política que contribuyese a maximizar el bienestar general y aumentar así la calidad de vida de todos los ciudadanos, especialmente de los que ahora son los más desfavorecidos.
Notas:
(1) K. Marx. “Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política”. 1859. El texto integro en español está publicado en “Obras escogidas”, Tomo I, Editorial Progreso, páginas 520-546.
(2) Definición propuesta por el sociólogo catalán Salvador Giner.
(3) P. Bourdieu, Razones prácticas, , Anagrama, Barcelona, 1997, pag. 118.
(4) Ignacio Fernández de Castro. Mercantilización y privatización de la educación. Foro social ibérico por la educación. Debate temático 1-A. 20-10-2005. Córdoba, Andalucía. http://www.fsipe.org/docs/DT1A_I_Fernandez_cs.pdf
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La diferencia entre viajar en avión o hacerlo en cayuco hacia Canarias y otros puntos del estado español
5. Octubre 2008 por admin.
Como todos debemos saber ya, salvo que vivamos en una isla desierta, la semana pasada tuvo lugar un terrible accidente aéreo en el aeropuerto de Madrid- Barajas. El vuelo JK 5022 de la compañía Spanair, un modelo de avión MD-82 que voló por primera vez en 1993, tuvo algún tipo de fallo (aún por determinar) cuando se disponía a despegar con destino a Gran Canaria y acabó estrellándose contra el suelo a los pocos segundos de haber tomado vuelo. En su interior viajaban 172 personas, de los cuales 162 eran pasajeros -entre ellos, 20 niños y dos bebés-, cuatro tripulantes en movimiento y seis tripulantes de vuelo. El dramático suceso se ha saldado finalmente con el fallecimiento de 154 personas y 18 heridos de diversa consideración, algunos de ellos ya dados de alta en el hospital y otros aún en estado grave. Todavía hoy, una semana después del suceso, la noticia sigue acaparando grandes titulares y portadas en los diversos medios de comunicación existentes, en un espectáculo mediático que roza ya en algunos casos el amarillismo sensacionalista más putrefacto.
A los pocos minutos de haber ocurrido el accidente, todas las cadenas televisivas, radios y diarios de España (salvo aquellos medios que estaban dedicados en exclusiva a la cobertura de los Juegos Olímpicos), se volcaron con la noticia, sucediéndose un continuo ir y venir de informaciones diversas en relación con todo aquello cuanto tenía que ver con lo sucedido. Número de víctimas, estado de los heridos, posibles causas del suceso, lista de pasajeros del avión, situación de los familiares, declaraciones de personas que por uno u otro motivo habían estado a punto de subir al avión y no lo habían hecho a última hora, declaraciones de políticos, de miembros de los cuerpos médicos y de asistencia, de los responsables de la compañía y de otros agentes afectados como el sindicato de pilotos o los representantes de AENA, todo se sucedía ante los ojos y oídos del espectador de la manera más rápida y efectiva posible. Programas especiales, conexiones en directo con todos los puntos de interés de la noticia, reivindicaciones de luto a diestro y siniestro, se daban por doquier, y hasta los principales líderes políticos del estado abandonaron rápidamente sus destinos vacacionales para acercarse al lugar de los hechos, no fuera a ser que el no hacerlo pudiera suponerles perder algunos votos o, lo que es todavía más grave, que los ganasen sus adversarios. Incluso algunos de los miembros de la familia real que (como acostumbran) parasitaban a costa de todos los ciudadanos en tierras chinas divirtiéndose con los Juegos Olímpicos, se vieron obligados a coger el primer avión que los pudiese traer de vuelta al reino. El circo mediático estaba montado y en funcionamiento, ¡y en esas seguimos!
Entre tanto, los verdaderos afectados (al margen de las víctimas, claro está), es decir, los familiares de los pasajeros siniestrados, se desesperaban ante la (¡oh curioso!) falta de información que de manera oficial se le hacía llegar desde las diversas instituciones públicas y la propia compañía aérea. Tardaron demasiadas horas en conocer el listado oficial de pasajeros, y muchas más para que se les empezase a dar una mínima información de las posibles causas del accidente o el estado en que se encontraban los cadáveres hallados en el lugar del siniestro. Rumores, especulaciones, bailes de cifras, paseíllos y consuelos de políticos, asistencia psicológica y cámaras y micrófonos para que realizasen declaraciones los tenían por todos lados, información real y soluciones, pocas o ninguna. Pero eso, entre tanto circo, era secundario. La comercialización al uso que se hace de los muertos en estos tristes acontecimientos, cocinados y servidos para un público predispuesto a devorarlos mediáticamente [1] , prevalece frente a todo lo demás, incluso sobre los propios afectados de manera directa y su derecho a saber en tiempo real (que no mediático) lo acontecido.
Sin embargo, aunque repugnante, no es el morbo y el amarillismo con el que habitualmente los medios de comunicación de masas tratan este tipo de sucesos (o similares: atentados terroristas, catástrofes naturales, etc.) lo que me ha llevado a escribir estas líneas, sino algo que, a mi juicio, es todavía mucho más grave: El agravio comparativo que se comete en relación con otros sucesos, no muy diferentes, que ocurren periódicamente en este mismo estado español.
El martes 26 agosto, cuando todavía el accidente de Barajas acaparaba portadas y primeras noticias en todos los medios de comunicación, nos despertamos con otra noticia no menos trágica que aquella: 25 subsaharianos rescatados de una patera medio h undida en el mar de Alborán aseguran al llegar al Puerto de Málaga que sólo ellos han sobrevivido de los entre cincuenta y sesenta inmigrantes que iban en la embarcación [2] . Si hacemos las cuentas, trágicas cuentas, nos sale que entre 25 y 35 personas habrían muerto en el mar según las declaraciones de los supervivientes rescatados. Al igual que en el caso de Barajas, las personas fallecidas viajaban en un “medio de transporte” hacia un destino del estado español cuando se vieron afectadas por algún “tipo de fallo” en la “maquinaria” que ocasionó el “accidente”. Al igual que en Barajas, en el “medio de transporte” viajaban hombres, mujeres, niños y niñas, y familias enteras han sido visitadas por la muerte cuando no lo deseaban. Al igual que en Barajas los fallecidos han dejando familiares afectados que deben estar ahora retorcidos por el dolor. Al igual que en Barajas algunos afortunados han tenido la suerte de sobrevivir a la tragedia. Sin embargo, no hemos visto en radio, prensa ni televisión una cobertura mediática, política o social de la magnitud que se llevó a cabo la semana pasada. La noticia era una más en los telediarios, una de esas que uno ve de pasada y casi sin prestarle atención, por frecuente, mientras come (al igual que ocurre con los muertos en Iraq, Afganistán o las tragedias naturales en el Caribe, por citar sólo algunos ejemplos). La noticia era una más en los diarios digitales on line y una más en los boletines de radio. Ni programas especiales, ni políticos y reyes que suspenden sus vacaciones para visitar a los supervivientes y solidarizarse con los muertos, ni conexión continua y en tiempo real con las fuentes, ni declaraciones de los afectados, ni ayuda psicológica para sus familiares allá donde estén, ni nada de nada. Eso no tocaba, los muertos inmigrantes en el mar, por frecuentes, no venden. Tampoco a los supervivientes se los tratará como a héroes, ni a los heridos se les hará un tratamiento mediático personalizado sobre su evolución, muy al contrario es bastante posible, por no decir seguro, que se les vuelva a montar en otro “medio de transporte” y se los devuelva a “casa” (y suerte tienen de no ser tratados como delincuentes). Lo que para la tragedia de Barajas son “héroes”, para la tragedia del Mar de Alborán son “inmigrantes ilegales”, sin más.
Se podría decir, tal vez, que el número de víctimas en este suceso es muy inferior al ocasionado por el accidente de Barajas, y que por ello la cobertura mediática, política y social no puede ser comparable. Se podría, salvo por el hecho de que en el último año ya se han sucedido tragedias de este tipo que igualan en número a los muertos de Madrid, caso de un cayuco que se partió en dos cuando se dirigía hacia las costas de Canarias y que costó 150 vidas al menos [3] , y sin embargo allí tampoco había nada de lo que sí hubo en Barajas. Curiosamente, además, es Canarias, lugar donde tenía su destino el avión accidentado, el territorio del estado español que más se ha visto asolado en los últimos años por tragedias relacionadas con la muerte de inmigrantes en el mar. Sólo entre los meses de octubre y noviembre del pasado año 2007 más de 300 seres humanos perdieron sus vidas en “medios de transporte” que tenían, al igual que el avión de Barajas, Canarias como destino [4] . En total, según nos dicen algunas fuentes oficiales como la Guardía Civil, en menos de dos años han muerto intentado llegar a las costas de las “islas afortunadas” más de 1200 inmigrantes [5] (otras fuentes –el propio gobierno de Canarias- multiplican por tres y por cuatro estos datos). Pero nadie se encargó de poner en marcha en ninguna de estas tragedias, por más víctimas que tuviesen, el circo mediático. No venden. Y todo esto porque hablamos tan sólo de la tragedia de los inmigrantes que “viajan” hacia territorio del estado español, pues si hablásemos a nivel global las cifras de muertos por “accidentes” podrían ser verdaderamente terribles.
En otro trágico suceso acaecido recientemente al menos 150 inmigrantes murieron ahogados frente a las costas de Libia cuando la embarcación en la que se trasladaban con destino a Italia zozobró [6] en el mar. Posiblemente muchos de ustedes ni conociesen la noticia (no tiene ni dos meses). A eso sumémosle los inmigrantes que fallecen tratando de llegar a los EEUU por mar o por tierra, los que mueren en las aguas próximas a las islas oceánicas, y tantos otros repartidos a lo largo y ancho de todo el mundo, y tendremos serios motivos para sentir vergüenza, sin duda. Aunque, pensándolo bien, este trato desigual hacia los muertos acecidos en otros lugares del mundo no vinculados de una u otra manera con el estado español, no se da sólo en el caso de los inmigrantes.
Los muertos en guerras imperialistas, en conflictos olvidados de los que hay activos en muchos lugares del mundo, y hasta en atentados terroristas (siempre y cuando no hablemos de los EEUU o países punteros de la UE) tampoco gozan de mayor cobertura. E incluso los muertos en accidentes aéreos de estos otros lugares del mundo también pasan por los medios españoles sin pena ni gloria. Cuatro días después del accidente aéreo de Barajas ha tenido lugar otra tragedia aérea de grandes dimensiones en Kirguistán [7] , un país de la extinta Unión Soviética. Unas 70 personas murieron al estrellarse un avión Boeing 737 al poco tiempo de despegar del aeropuerto internacional de Manás, a unos 30 kilómetros de Bishkek, capital de Kirguizistán. Pero los programas especiales tampoco se repitieron. Y es que se ve que para esto de los muertos también existe nacionalismo. Si es en España moviliza consciencias, si es allende las fronteras ya la cosa es diferente.
En fin, descansen en paz todas ellas, sin excepción de patria, religión, nacionalidad, o “medio de transporte” en el que viajasen. Pero en especial descansen en paz aquellos cuyos cuerpos no podrán ser honrados por funerales de estado ni ceremonias ecuménicas, aquellos cuyo único lugar en la memoria de los españoles a no mucho tardar será el olvido. Aquellos que no tendrán si quiera la oportunidad de ser partes del circo mediático carroñero que se montan políticos y medios, aquellos que, por ser víctimas del capitalismo y sus injusticias, no merecen si quiera una cobertura personalizada, no vaya a ser que con ello se puedan remover consciencias y poner a la gente cara a cara con sus propias miserias cívicas y morales.
Notas:
[1] El día del accidente, según datos oficiales, el consumo de televisión se incrementó, hasta un total de 192 minutos por persona que encendió el televisor, frente a un promedio del mes de agosto de 183 y los 182 minutos del día anterior, lo que equivale a un 5% de subida respecto de la media del mes, con Juegos Olímpicos incluidos. (http://www.europapress.es/tv/
[2] http://www.canalsur.es/
[3] http://www.cadenaser.com/
[4] http://santisteban.
[5] http://www.adn.es/ciudadanos/
[6] http://www.elmundo.es/elmundo/
l[7] http://www.larazon.es/62779/
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